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Dando forma a una nueva generación - 1ª. Parte

Nena Arias | 9 de enero de 2020

La cadena humana perpetua requiere amor y cuidado más allá de lo que podemos imaginar a veces. Incluso si no eres padre o madre de familia, no puedes tener hijos o has decidido por razones propias no convertirte en padre de familia, aun así debes contribuir a tu generación y también a las generaciones futuras. Nadie es una isla. Nos debemos unos a otros.

Todos los niños son herencia del Señor, sean tuyos o no. Requieren instrucción no solo por nuestras palabras, sino también por nuestras acciones. El ejemplo que ven en nosotros les hablará más fuerte y efectivo que nuestras palabras. Una clave para la instrucción de los niños es que debemos enseñarles mientras su corazón está tierno.

Proverbios 22:6 dice: “Instruye al niño en su camino; y aun cuando sea viejo
no se apartará de él.”
Y Deuteronomio 4:9 dice: “Solamente guárdate y guarda diligentemente tu alma, no sea que te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni que se aparten de tu corazón durante todos los días de tu vida. Las enseñarás a tus hijos y a los hijos de tus hijos."

Esta instrucción debe incluir todas las áreas de la vida. Las experiencias de la vida valiosas no son solo para nosotros, sino que deben transmitirse para ayudar a dar forma a las nuevas generaciones.

Cuando Dios nos ordenó amar a nuestro prójimo como nos amamos a nosotros mismos, es un mandato en serio. El mandato de amar a nuestro prójimo como nos amamos a nosotros mismos se encuentra cantidad de veces en la Biblia. No solo nos dice que amemos a nuestro prójimo como nos amamos a nosotros mismos, sino que lo repite una y otra vez. Es muy importante para Dios. Es tan importante para Dios que lo hizo una orden. Y no solo uno en una lista de muchos mandatos. Jesús unió la orden de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, junto con amar a Dios con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza. Nada es más alto que ese nivel de importancia.

Entendamos esto bien. Amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos no siempre es fácil. De hecho, es más fácil decirlo que hacerlo. Es por eso que Dios tuvo que elevarlo al mismo nivel de importancia que amarlo a él y a nosotros mismos. Sabía que tendríamos problemas con eso la mayoría de las veces porque tendemos a buscar el bienestar propio y estar satisfechos con eso. Mientras seamos felices y se satisfagan nuestras necesidades, nos desconectamos de otros seres humanos. Amar a los demás toma medidas decididas; debemos ser muy intencionales al respecto. Incluso si esto significa que nos neguemos a nosotros mismos en algo que necesitamos o queremos, pero ponemos a los demás primero. Es por eso que este aspecto de nuestra obligación humana con nosotros mismos y con los demás debe enseñarse y aprenderse a una edad muy temprana. No viene naturalmente.

Cuando la Biblia dice que algo es una orden, puedes estar seguro de que no es una sugerencia.

A menos que los niños estén entrenados en las virtudes de la vida al principio de su vida, se trasladan a la edad adulta sin un sentido de responsabilidad. No pueden tomar decisiones individuales maduras y no pueden crear efectivamente una visión del mundo precisa.

Continuará ... en la 2ª. parte