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La historia de dos Yales

Tony Perkins | 23 de mayo de 2019

(Consejo de Investigaciones de la Familia) – La matrícula en la Universidad de Yale no es nada comparada con lo que les cuesta a los estudiantes en otro aspecto: su libertad. El tercer establecimiento docente más antiguo de los Estados Unidos obviamente, no se acuerda mucho de sus raíces, cuando un grupo de ministros lo fundaron para luchar contra el creciente liberalismo de Harvard. Imagínense lo que pensarían aquellos dirigentes de la iglesia hoy -300 años más tarde – cuando no son los liberales los que son echados fuera de los predios, sino ¡los cristianos!

Podrán ser miembros de la Liga Ivy, pero la Escuela de Derecho del centro no ha sido muy brillante en el tratamiento de los creyentes. Cuando la  Alliance Defending Freedom (ADF) [Alianza de Defensa de la Libertad] fue invitada por la Sociedad Federalista de Yale a hablar del caso de Jack Philips de la Corte Suprema, a los sospechosos habituales les dio un ataque: El grupo de lesbianas y pederastas de la Escuela, los Outlaws se puso furioso por que el club invitara a los predios a un grupo cristiano que había defendido a un hombre con puntos de vista favorables al matrimonio natural (puntos de vista que, por cierto, fueron ratificados por la Corte Suprema). 

Reaccionaron – me dijo el senador Ted Cruz, republicano por Texas- «como hacen los izquierdistas universitarios. Montaron una protesta.» Una de sus demandas, me explicó él, era que Yale cambiara su programa de préstamos estudiantiles y cesara de ofrecer ayuda a cualquier estudiante que trabajara con un grupo de una organización cristiana. Específicamente, de aquellas que profesan las enseñanzas bíblicas sobre el matrimonio y la sexualidad. Yale –escribió el senador Cruz a la decana de la Escuela de Derecho Heather Gerken-  tiene «la obligación de proteger y respetar los derechos constitucionales de sus estudiantes». Poner en una lista negra a los cristianos –o lo que es aún peor, castigarlos por sus puntos de vista- es un insulto a la Constitución que esos futuros abogados deber´na estar estudiando. Y el senador Cruz, de entrada, se niega a aceparlo pasivamente.

Esta misma semana,  el senador Cruz inició una investigación, exigiendo que se le entregara toda la correspondencia que motivó el cambio. Aunque Yale ha prometido cumplir con la exigencia, la decana Gerken insiste en que la Universidad no ha hecho nada indebido. «Al contrario de los informes de la prensa, nuestra política no discrimina a ningún estudiante en base a su religión. En su lugar, está concebida para proteger a todos los estudiantes, incluidos los cristianos…». Esperemos que esté diciendo la verdad, dijo el senador Cruz, porque:

«Yale recibe grandes cantidades de fondos federales, y es contrario a la ley federal de derechos civiles discriminar en base a la fe religiosa… [El Comité Judicial] envió a Yale una solicitud para que muestre todos los documentos, todos los correos electrónicos, toda la correspondencia que hay detrás de esta política… Y yo creo que es probable que estuviera motivada por una intención muy específica de discriminar  a los cristianos y tratar de [marginar] al ADF y castigar a cualquier estudiante de Yale que decidiera trabajar ahí.»

Si el senador Cruz está en lo cierto, Yale no tendrá que temer de la reacción del comité, sino de la de la Administración. El presidente Trump no ha callado su frustración por las represalias de la Izquierda contra la libertad en las Universidades e incluso ha amenazado retirar los fondos a cualquier plantel que sea sorprendido reprimiendo el debate. Este caso puede ser especialmente importante, advirtió el senador Cruz.

«Yo creo que la Escuela de Derecho de Yale es como el canario de la mina de carbón. Si se salen con la suya, veremos escuela tras escuela de Derecho seguir el mismo patrón. Y les diré los que el grupo de lesbianas y homosexuales exigió de Yale: no sólo que discriminaran a los cristianos para la ayuda financiera, sino que ni siquiera admitieran a nadie que creyera en la definición bíblica del matrimonio. Eso es en extremo peligroso; tenemos que oponernos a ello e impedirlo.»

Las Actualizaciones de Washington de Tony Perkins son redactadas con ayuda de los escritores principales del Consejo de Investigaciones de la Familia.