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«No dejes que te quiten tu cabra»

Rev. Mark Creech | 1 de marzo de 2019

(Christian Action League) – Cada año, a partir de 2017, la Asociación Americana de Psicología ha encargado una encuesta nacional para apreciar el estado de estrés de los estadounidenses. La encuesta mide los niveles de ansiedad en el público general e identifica las fuentes principales de la misma.

Según la encuesta 2018 Stress in America  [El estrés en los EE. UU. en 2018 ] más de 6 de cada 10 estadounidenses (62%) informaron que estaban preocupados por el clima político de los EE. UU. y más de las dos terceras partes del país (69%) estaban preocupados por el futuro de nuestra nación. La encuesta mostró un aumento sustancial con respecto a los que habían dicho lo mismo el año pasado (63%). Además, la mayoría de los americanos dijeron que no creían que el país fuera en la dirección correcta (61%).

David Hawkins en When Life Makes You Nervous [Cuando la vida te pone nervioso] escribe: «Quizás no haya una sensación más desestabilizante en el mundo que la ansiedad. Puede apresarte de forma tan feroz que crees que te vas a romper por las costuras».

¿Ha oído alguna vez la expresión «No dejes que te quiten tu cabra»? ¿Sabía la historia de esta expresión?

Solía ocurrir que los propietarios de caballos de carrera ponían una cabra en el establo donde estuviera un caballo sensible y muy nervioso. Es interesante: la presencia de la tranquila cabra tranquilizaba y relajaba al corcel. Si al día siguiente había una carrera importante, una persona sin principios se robaba la cabra del establo de su competidor. Si podía «quitarle la cabra» a su competidor, sabía que al caballo de ese competidor no le iba a ir bien en la carrera.

Está claro que este tiempo es uno de nervios alterados. Los afanes de esta vida se las arreglan para robarte la cabra, y la gente asediada por preocupaciones tiene dificultades para correr bien la carrera.

Nuestros hospitales mentales están desbordadosEn los EE.UU. las personas están bebiendo más alcohol que nunca. La nación padece de una epidemia de opiáceos, y hay una fuerte presión para legalizar la marihuana y los productos de cannabis. El alcohol y las otras drogas han demostrado tener relación con nuestros niveles de estrés, y la manera en que las usamos para enfrentarnos a él.

Ciertamente, hay una manera mejor. ¿Cómo podremos impedir que las preocupaciones de esta vida nos quiten la cabra?

El primer paso es recibir a Cristo.

Jesús dijo: «No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?» (Mateo 6:25-26). A veces la gente dice: «Bueno, si ese pasaje es cierto y Dios ha prometido hacerse cargo de todas nuestras necesidades, entonces ¿por qué vemos tanta necesidad y privaciones?». La respuesta es que las promesas de cuidado por parte de Dios  son para aquellos que se han arrepentido de sus pecados y recibido a Cristo.

El difunto y renombrado ministro presbiteriano, Dr. D. James Kennedy escribió una vez:

«Los que nunca han rendido sus vidas a Cristo deberían en realidad preocuparse más de lo que lo hacen. ¡Son los que realmente tienen algo por qué preocuparse! Si supieran lo que les espera en la próxima vida, yo creo que los incrédulos se preocuparían mucho más de lo que lo hacen. Ahora pueden preocuparse por quedar en la bancarrota; en realidad deberían estar preocupados por caer en la bancarrota espiritual. Una cosa es pasar el resto de esta vida en un albergue para pobres, pero otra cosa bien diferente es pasar la siguiente vida en el infierno».

El primer paso para vencer la ansiedad, el temor y el horror es depositar la carga de los pecados de uno en Cristo y ser perdonado. Después también podremos depositar en Él las cargas de la vida.

El apóstol Pedro nos muestra el segundo paso para enfrentar a la intranquilidad: Al amonestar a los creyentes, él dice: «echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros» (1 Pedro 5:7).

Incluso cuando era un seguidor de Cristo, Pedro se preocupaba mucho. Una vez caminó sobre el agua con Jesús, pero cuando se concentró en la tormenta, el viento y las olas que lo rodeaban comenzó a hundirse. Pedro aprendió que el secreto para vivir por encima de la tempestad es la confianza persistente en Dios, concentrarse de continuo en el Señor y Su soberanía solícita sobre todo lo que sucede en la vida de un hijo de Dios.

Ahora bien, algunos cristianos pueden leer esto y decir: «Sí, yo creo todas esas cosas. No obstante, sigo sufriendo de ataques de aprensión y desasosiego».

Entonces, permítame sugerirle un tercer paso. Alguien dijo una vez: «Tangan buenos hábitos y sus buenos hábitos les harán buenos». En otras palabras, desarrollen la práctica de  volverse a Dios en oración cada vez que se sientan preocupados.

El apóstol Pablo instruyó a la Iglesia: «Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús» (Filipenses 4:6, 7).

Volverse  habitualmente al Señor en oración ante cada señal de peligro es un medio vital para romper el poder de la preocupación. Es como un reflejo condicionado: algo que se aprende. Usted lo hace tan a menudo que ni siquiera lo piensa. Es lo mismo que cuando usted pisa el freno del carro o cuando canta el Himno Nacional. En vez de volverse hacia adentro, vuélvase hacia afuera, hacia Dios, constantemente, una y otra vez, cada vez que sienta un poco de ansiedad, hasta que al final, la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, tenga firmemente el control.

La política de hoy es ciertamente una gran estresante para muchos estadounidenses, pero otros estadounidenses se han enfrentado a temores similares y más profundos en su momento.

El 16 de septiembre de 1776, el mismo año que comenzó la Guerra Revolucionaria, Abigail Adams le escribió a su esposo John Adams de su decisión de confiar en Dios a pesar de su futuro incierto. Ella escribió:

«A Aquel que manda al torbellino y dirige la tormenta con gusto le dejaré el ordenar ni destino, y sean días prósperos o adversos mi porción futura, confiaré en Su diestra para que me guíe con seguridad y, después de una breve sucesión de eventos, me ponga en un estado inmutable y feliz».

Abigail Adams confió en Cristo y no permitió que los peligros que amenazaban su vida le privaran de su cabra. Debemos hacer eso mismo.