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Sobreviví a la crianza en pre-adopción. No todos los niños son tan afortunados. He aquí como Ud. puede ayudar.

Christina Meredith | 9 de marzo de 2019

(Fox News) – En los Estados Unidos hay actualmente más de 400 000 niños que están  bajo cuidado del Estado. Debido al abuso o abandono del hogar, se les coloca en custodia del Gobierno del estado en que residen.

¿Qué significa ser un niño en el sistema de pre-adopción? Para decirlo con suavidad, está remontando un torrente sin un remo.

Quiere decir que no tiene condiciones normales ni estabilidad.

Quiere decir empacar sus magras pertenencias  en una bolsa negra de basura y mudarse a un Nuevo hogar cada dos meses o incluso cada dos semanas.

Quiere decir que probablemente uno haya ido al dentista una o dos veces en su vida.

Quiere decir que tu única comida del día en la escuela no habrá sido hecha con el amor de Mamá ni incluirá sándwiches con forma de corazón.

Quiere decir que sufrirás con toda probabilidad abuso sexual, violencia y pobreza.

Y una vez que crezcas y salgas del sistema, quiere decir que serás adulto mucho antes que tus coetáneos, aunque estés todavía en secundaria. Mientras otros niños de tu edad estén obsesionados con las citas, las vacaciones de verano o con cuál instituto asistir, tú estarás trabajando el turno de a noche en Denny’s, cubierto con un cátchup de varios días porque no tienes acceso a una lavadora o secadora.

Quiere decir que cuando recibas tu cheque tendrás que decidir si pagas el alquiler, compras abarrotes en Walmart o ahorras dinero para el taxi, para ir a la escuela y poder graduarte.

Yo tenía nueve años cuando el Departamento de Niños y Familias empezó a tocar a nuestra puerta. Tenía diez cuando la gente comenzó a reportar las contusiones y mi comportamiento recluido.

No fue hasta que tuve 16 años que mis cinco hermanos y yo fuimos, al fin, sacados de la custodia de nuestra madre. En ese momento supe que graduarme de secundaria era una cuestión de vida o muerte. Era mi única esperanza de sobrevivir. No quería terminar de prostituta, como Mamá siempre dijo que sería, ni muerta en un callejón a causa de una sobredosis – algo con lo que también Mamá siempre amenazó que sería mi suerte.

Aunque yo había resuelto que no me iba a rendir al ciclo de pobreza y abuso que había lastimado a mi familia, estar a la altura de las exigencias de la vida cotidiana de todas formas era una carrera cuesta arriba.

Yo quería una vida normal. Yo quería reuniones de padres y maestros después de las clases y asados después de la iglesia los domingos.. Yo quería una familia amorosa.

Cuando salí del sistema a los dieciocho, seguí corriendo tras mi sueño de tener una vida normal de la mejor forma posible, solamente con lo que tenía. No podía darme el lujo de ser irresponsable ni descuidada como mis coetáneos que solicitaban entrar en institutos y hacían grandes planes para su futuro.

El hecho de que me hubiera graduado de secundaria era casi un milagro. El colegio no era una opción para mí en aquel momento, no porque no hubiera empeñado mis mejores esfuerzos en llegar allí, sino porque yo era una niña buena a la que le habían tocado malas cartas. Estaba atrapada en un sistema que empuja a los niños hacia abajo en lugar de hacia arriba, para que sean tan exitosos como sus coetáneos que habían tenido hogares estables y padres amorosos.

Al final vencí mis dificultades, con mi trabajo duro, con ayuda de buenos samaritanos y el amor de Jesús, pero no todos los niños en cuidados de pre-adopción puede hacer lo mismo.

Entonces, ¿quiénes son esos niños en el sistema de pre-adopción? Permítanme presentarles el cuadro contándoles algunos datos.

  • Los niños que están en el sistema de pre-adopción son 44% blancos, 23 por ciento  negros, 21 por ciento hispanos, 10 por ciento de otras razas o multirraciales y 2 por ciento de raza o etnia desconocida.
  • Mientras están en pre-adopción, los niños sufrirán un promedio de ocho cambios de hogar o escuela.
  • Aproximadamente 20 000 a 25 000 niños por años salen del sistema de pre-adopción de los EE. UU. a los dieciocho. El 20 por ciento de ellos se convertirán inmediatamente en niños sin hogar.                                                                                                                                          
  • Alrededor de la mitad de los que salen se graduarán de secundaria con un diploma o certificado de Educación General, y sólo el 3 por ciento proseguirán estudiando hasta graduarse de un instituto.
  • Dentro de los cuatro años siguientes a su salida, el 60 por ciento de los varones quedará convicto de un crimen, y el 70 por ciento de las muchachas quedarán embarazadas.
  • Casi el 50 por ciento de los que salgan por edad  tendrán problemas de abuso de sustancias y desempleo. EL 33 por ciento de los v arones y el75 por ciento de las hembras recibirán beneficios del Gobierno, como sellos de comida, para satisfacer sus necesidades básicas.
  • El 22 por ciento de los que salgan por edad se enfrentarán al desorden de estrés post-traumático (PTSD) lo cual excede la tasa de PTSD en la población general en unas cinco veces. Esto sobrepasa las tasas de los veteranos que sirvieron en Iraq y Afganistán, el 12 por ciento de los cuales reciben un diagnóstico de PTSD.

Hay muchas más estadísticas sombrías semejantes a éstas, que traerán dolor a nuestros corazones, pero yo creo que ya entendió el asunto. El crecer y salir del sistema de cuidados pre-adoptivos arroja a la persona joven a otros sistemas, como la prisión y le beneficencia. Y, dicho sea de paso, la ineficiencia de los cuidados pre-adoptivos cuesta al contribuyente $80 mil millones al año, debido a  sus patentes fallas y consecuencias.

Entonces, ¿por qué se permite que continúe esta catástrofe?

La triste realidad es que la causa de la reforma de los cuidados pre-adoptivos no es glamorosa y motivadora en un grado suficiente como para ganarse la atención nacional, ni para merecer un lugar en los listados de prioridades de  los líderes ni políticos de nuestra nación. De hecho, nuestros líderes, a veces conscientemente, han tomado decisiones o creado sistemas que lo que  hacen es perpetuar el ciclo de pobreza y abuso para cientos de miles de niños a lo largo de generaciones.

¿Cómo podemos solucionar estos problemas? ¿Cómo emprenderemos lo que yo considero que es la mayor crisis de derechos civiles de nuestro tiempo, a nombre de la minoría que no puede hacer una manifestación frente a la Casa Blanca ni tiene un recurso viable?

Nosotros luchamos por ellos, atacando un problema tras otro. Y al decir nosotros quiero decir usted y yo. Podemos luchar por el menor de ellos, y podemos alistar a otros, para que ayuden.

Sé que los problemas del sistema de cuidados pre-adoptivos pueden parecer imposibles de resolver, pero solucionarlos es posible.

He aquí unas pocas ideas para que comience:

  • Invierta su tiempo y sus finanzas haciendo de voluntario y contribuyendo a organizaciones genuinas sin afán de lucro que ayuden y patrocinen a los jóvenes de pre-adopción tales como  First Star, Together We Rise, Hope’s Closet, and Foster Closet.
  • Considere hacerse un padre pre-adoptivo lleno de amor o adopte un niño del sistema de cuidados pre-adoptivos.
  • Hágase socio de la Fundación Christina Meredith para asegurarse de que todo joven que haya sufrido abusos o esté en el sistema de cuidados pre-adoptivos pueda cubrir sus necesidades básicas, su educación, cuidados de trauma, atención médica y protección legal.

Cada uno de nosotros tiene sus propias batallas por ganar para hacer de este mundo un lugar mejor. También tenemos la responsabilidad de ayudar a los niños necesitados.

Mi esperanza es que usted se involucres con pasión y viva para su propósito- y que también priorice dar pasos concretos para ayudar a que la vida sea mejor para otras personas.

Adaptado de Cinder Girl de Christina Meredith. Copyright © 2019 por Christina Meredith.  Usado con permiso de Zondervan.

www.zondervan.com.