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Cómo la opción escolar puede prosperar en las áreas rurales de los EE. UU.

Jude Schwalbach / Emily Maxson | 25 de enero de 2019 

Para atender mejor a las necesidades variadas de las áreas rurales, los legisladores deberían establecer más oportunidades educacionales. (Foto: Matt Hoover Photo/Getty Images)

(The Daily Signal) – En «No Longer Forgotten: The Triumphs and Struggles of Rural Education in America» [«Ya no están olvidados. Los triunfos y luchas de la educación rural en los Estados Unidos»] trece autores comunican perspectivas únicas de un tópico poco divulgado.

Aunque las conversaciones sobre las escuelas con dificultades suelen concentrarse en las comunidades de barrios urbanos pobres, las escuelas rurales se enfrentan a algunas de las mismas dificultades... y a otras diferentes.

Las escuelas rurales se enfrentan al mismo problema de la falta de maestros que las escuelas urbanas, pero las vacantes pueden ser más difíciles de llenar. Aunque las proporciones de graduación de secundaria son más altas en áreas rurales, la matrícula en los institutos es más baja.

Los estudiantes que buscan obtener un diploma con frecuencia buscan mejores oportunidades económicas en otra parte, un fenómeno al que llaman a menudo «drenaje de cerebros».

Sin embargo, aunque esas situaciones son comunes en las áreas rurales de toda la nación, los autores de «Ya no están olvidados» se apresuran en señalar que las comunidades rurales pueden ser tan diferentes unas de otras como lo son de las comunidades urbanas.

Por ejemplo, el Distrito Escolar de Glenns Ferry en Idaho ha recurrido a las clases en línea para ayudar a suplir la falta de maestros. En el condado Wilcox, en Alabama, no obstante, muchas escuelas y hogares carecen de acceso a Internet y las bibliotecas y museos locales son escasos.

Cada región tiene sus propias necesidades, de la misma forma que tiene sus propias características. Una solución para un problema en Nueva Inglaterra puede ser inviable en el Valle Central de California. El carácter singular de la situación de cada comunidad, junto con el espíritu independiente de muchas comunidades rurales, hace que la autonomía local sea una de las vías más prometedoras para avanzar.

No todos los lugares pueden mantener una escuela corporativa., por ejemplo, como señala Juliet Squire, pero algunas escuelas corporativas rurales han demostrado ser viables y beneficiosas para sus disritos.

Desde el resumen estadístico de Nat Malkus en el capítulo 1 hasta el análisis de Squire de las posibilidades de las escuelas corporativas en el capítulo 8,  los temas predominantes del libro incluyen la resistencia de las comunidades rurales a ser gobernadas desde afuera y la carga que representa cumplir con las regulaciones externas impuestas a las escuelas pequeñas que sólo tienen un puñado de personal administrativo.

Para satisfacer mejor las necesidades variadas de las áreas rurales, los legisladores deberían establecer más oportunidades educacionales. Al mismo tiempo, los legisladores necesitan confiar en la autonomía con poder de decisión de los líderes locales y las familias, a la luz de la observación de Andy Smarick y Mike McShane de que «los esfuerzos desarrollados y dirigidos a nivel local para reformar las escuelas son los que mejor se reciben por lo general».

Para avanzar, los políticos estatales y locales deben dar libertad a los líderes y familias rurales para que tengan opciones de educacionales que beneficiarán a las comunidades rurales.

Más de 700 escuelas corporativas prosperan en las comunidades rurales, lo que apoya la observación de Squire de que «en el lugar correcto y en el momento adecuado, las escuelas corporativas rurales pueden acarrear valiosos beneficios».

«Ya no están olvidados» les recuerda a los políticos que las comunidades variadas y singulares que forman la trama de la América rural pueden beneficiarse de las opciones escolares.

En lugar de imponer vastas e integrales reformas federales o de trasplantar políticas de reforma urbanas a las comunidades rurales, los funcionarios del gobierno deberán respetar la autonomía histórica de las cuales se enorgullecen las comunidades rurales.

Si se les concede la independencia, la oportunidad y los recursos, las familias rurales adoptarán las políticas de opciones educacionales.