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Redescubra su gozo

Ben Godwin | 24 de enero de 2019

(Barb Wire) – Para muchos cristianos, servir a Dios es un deber, cuando debería ser un placer. Billy Sunday ha dicho: «Si usted no tiene gozo, hay un salidero en alguna parte de su cristianismo». Ciertamente, los cristianos deberían ser las personas más felices del planeta. Un cristiano feliz es un cristiano fuerte, porque «El gozo del Señor es vuestra fuerza»  (Nehemías 8:10). Como dijo C. S. Lewis: «El gozo es el negocio serio del cielo».

Desafortunadamente, algunos perciben la Biblia como un libro de mal agüero, de reglas y regulaciones y de temas teológicos súper serios y aburridos. En consecuencia ven a Dios como un aguafiestas en el cielo que no quiere que la gente se divierta para nada. Después de todo, Dios es sombrío, puro negocio y servirle a Él es una pesadez, ¿verdad? ¡Falso! El gran predicador John Wesley dijo: «La piedad amarga es la religión del diablo…  tiene su origen en gentes desdichadas, semi-religiosas que tienen la cantidad suficiente de religión para hacerles sufridas, pero no la suficiente como para servirles de nada».

Dios es la fuente del gozo verdadero. No podemos tener un gozo completo separados de Él. «En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre» (Salmo 18:11). Hay «alegría» en el pecado, si no, nadie lo cometería, pero es de corta duración y las consecuencias son terribles. Usted no tiene que beber alcohol, usar drogas, jugar ni dedicarse al sexo ilícito para tener «alegría». Se sorprenderá al saber cuántas palabras relacionadas con el gozo se encuentran en la Biblia. Palabras como «contento, alegre (alegría), gozo, gozoso, regocijado, regocijándose, aclamar, alegremente, reír» ocurren en total casi 700 veces en las Escrituras.  Cualquiera que diga que ser un cristiano es no tener alegría está leyendo la Biblia equivocada.

Dios tiene que tener un sentido del humor, porque dio inicio a la nación de Israel con un hombre impotente de 100 años (Abraham) y una mujer estéril de 90 años (Sara). Isaac, el nombre de su hijo, significa «Risa». Dios les prometió un hijo con 25 años de anticipación, pero aguardó hasta que no les fuera humanamente posible a ellos concebirlo. Entonces Dios hizo lo imposible, les dio a Isaac y les restauró el gozo y la risa a sus vidas. Proverbios 17:22 nos recuerda que «El corazón alegre constituye buen remedio». El pensar en lo alegre que es la historia de Abraham nos debe dar una buena dosis de alegría.

La mayoría de los cristianos pueden citar Nehemías 8:10 — «El gozo del Señor es vuestra fuerza» — pero pocos conocen su contexto histórico. Los israelitas eran un pueblo derrotado, rechazado, deprimido. Acababan de regresar a su país luego de 70 años de cautiverio en Babilonia, ansiosos por reconstruir a Jerusalén. Esdras, el escriba, leía la Ley de Moisés «desde la mañana hasta el mediodía» (¡Y usted creía que su pastor predicaba largo!). Muchos de aquellos antiguos cautivos nunca habían escuchado la Ley. Cuando se dieron cuenta de cuán por debajo de las expectativas de Dios habían estado, comenzaron a llorar de desesperación. Esdras y Nehemías los calmaron y les dijeron que no lloraran, sino que se regocijaran. ¿Lo ve usted? Revolcarse en los sufrimientos del pasado no nos ayuda ni cambia al mismo. En vez de eso, debemos regocijarnos porque Dios nos ha dado un nuevo comienzo y concentrarnos en un futuro más brillante.

El salmista David disfrutó su caminar con Dios quizás más que ningún otro personaje de la Biblia, pero perdió temporalmente su gozo debido al compromiso. Cuando se arrepintió de su adulterio con Betsabé, David oró: «Vuélveme el gozo de tu salvación» (Salmo 51:12). La condenación fue levantada y su gozo devuelto. Más adelante escribió: «Yo me alegré con los que me decían: A la casa del Señor iremos» (Salmo 122:1). Y después instó a sus lectores «Servid al Señor con alegría» (Salmo 100:2). ¡Servir al Señor debe ser nuestra delicia, no meramente nuestro deber!

Como creyentes, no tenemos que ir a la iglesia, leer la Biblia, orar ni dar ofrendas…  ¡lo hacemos! Es un privilegio servir a Dios. El gozo es una de las señales más fidedignas de la presencia de Dios. El gozo, un fruto del Espíritu Santo, es una evidencia de una vida llena del Espíritu. Un autor señaló: «El gozo es la bandera que ondea sobre el castillo del corazón para decirnos que el Rey está habitando allí». Cuando la Reina de Inglaterra está en el Palacio de Buckingham, el pabellón real ondea orgullosamente para señalar su presencia. Si el Rey de Reyes está morando en nuestros corazones, el gozo debería ser un indicador de Su presencia.

El verdadero gozo no es el resultado de cosas ni de circunstancias. El gozo no es la ausencia de problemas, sino la presencia de Cristo. Jesús nunca prometió una vida desprovista de problemas. De hecho, predijo todo lo contrario: «En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo» (Juan 16:33)

Para citar de nuevo a C. S. Lewis: «No dejen que su felicidad dependa de de algo que puedan perder». Las cosas nuevas pueden traer una sensación temporal de felicidad, pero ¡ay! lo nuevo se envejece, llega el talonario de pagos y se produce remordimiento en el comprador. El gozo duradero no está atado a cosas materiales, sino a ¡una relación vibrante con Aquel que es la fuente del gozo! Así que, tómese su tiempo para redescubrir su gozo y aprenda a «Disfrutar el viaje mientras llega a donde va».

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