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Los ataques con cuchillos en Londres demuestran que es un problema de la moral, no de las armas

Everett Piper, Washington Times | 9 de abril de 2018

Foto: Jonathan Goldberg/REX
Sadiq Khan, alcalde de Londres

(GOPUSA) – El programa BBC News informó la semana pasada que la tasa de homicidios de Londres había sobrepasado la de la ciudad de Nueva York.

«Hasta el momento, en 2018, la Policía Metropolitana de Londres (los Metros) ha investigado 46 asesinatos, comparados con 50 en la ciudad de Nueva York. Sin embargo, mientras que la tasa de homicidios de Nueva York decreció desde finales de enero, la de Londres creció marcadamente a partir de esa fecha. El ex jefe de la Policía Metropolitana, Leroy Logan, dice que eso es prueba de que «los rasgos violentos de Londres se han convertido en un virus».

La BBC va más allá: «Las estadísticas  del Departamento de Policía de Nueva York y de la Policía Metropolitana, que fueron informadas la semana pasada, subrayan  que las tasa de homicidios de ambas ciudades se acercan cada vez más, con poblaciones de un tamaño similar».

Más específicamente: «En enero, los Metros investigaron ocho asesinatos, mientras que el NYPD (Dpto. de Policía de Nueva York) investigó 18 crímenes. Para febrero, las cifras del NYPD había disminuido a 11, al paso que Londres aumentó a 15. En marzo, 22 homicidios fueron investigados en Londres, mientras que en Nueva York fueron iniciadas 21 instrucciones. Cuando las cifras se comparan con la población, la tasa de homicidios de Nueva York para cada 100 000 personas es más alta en Londres que en Nueva York durante febrero y marzo. Los Metros dijeron que estaban preocupados por el aumento de los asesinatos en Londres».

El Sr. Logan es citado otra vez, diciendo: «No logro entender cómo las cosas se han ido de la mano. Hemos visto propagarse el virus de la violencia. Es endémico en muchas partes diferentes de las sociedades».

La BBC concluye citando a la miembro del Parlamento por Croydon, Sarah Jones, quien preside el Grupo Parlamentario Multipartidista de Londres para los crímenes con armas blancas.

«Necesitamos una estrategia adecuada que tenga en cuenta todos los aspectos. Los crímenes con arma blanca y crímenes violentos se comportan como una epidemia, así que usted necesita ir a la fuente e interrumpirla, y después necesita vacunar a los futuros jóvenes contra ella. Ir a la fuente quiere decir ir a las escuelas, cambiar las normas sociales, educar a los niños, y enseñarles qué cosa es ser un hombre».

Humm. Entonces ¿podría ser que nuestros primos de la «zona libre de armas» al otro lado del charco [los británicos] acabaran de admitir que no importan tanto el arma que se tiene en la mano como las ideas que se llevan en el corazón?

El sentido común nos dice que las ideas tienen consecuencias. Las ideas buenas conducen a una buena cultura, y las ideas malas llevan a lo contrario. Como dice Jesús: «El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo» [Lc. 6.45]. En otras palabras, «de la abundancia del corazón habla la boca» y la mano actúa.

Está claro que las ideas tienen importancia. Es igualmente obvio que algunas ideas se diferencian de otras por su contenido moral y su intención. Por ejemplo: las ideas de un concepto bíblico del mundo son bien diferentes de las del materialismo secular y también son diferentes de las de un hedonismo egocéntrico.

Las ideas de Jefferson y Robespierre eran bien diferentes, como son las de Jesús y la yihad. Un concepto del mundo conduce al temor; el otro, a la libertad. Uno conduce al arrepentimiento; el otro, a la venganza.

Quizás la lección más obvia de la historia de Londres es ésta: Cuando usted despoja a la cultura de su ética judeo-cristiana — cuando le arrebata su Biblia — esa cultura inevitablemente se golpeará hasta matarse. Quítennos las armas de fuego y usaremos un cuchillo.  Quítennos los cuchillos y usaremos un garrote. Quítennos los garrotes y usaremos una piedra. Quítennos el pegamento moral y ético que mantiene unida a la comunidad y ésta se derrumbará, como una ficha de dominó tras otra.

Búrlese de la moral cristiana y ésta inevitablemente será remplazada por la amoralidad de la tolerancia. La tolerancia después se convierte en anarquía, la cual siempre conduce a la tiranía. Cuando se derriban los muros de la virtud, se pierde la libertad. Elimine la gran ley y no obtendrá libertad, sino miles de pequeñas leyes que se apresurarán a llenar el vacío. Los vacios siempre son llenados. Un vacío de amor será llenado con odio. Elimine a Cristo y obtendrá caos y corrupción.

Las palabras pronunciadas hace casi una década por un habitante de Londres, Matthew Parris, vienen a la mente aquí:

«Como ateo, creo de veras que África necesita a Dios. Un sistema [de creencias] ha sido suplantado por otro. Eliminar el evangelismo cristiano de la ecuación, puede dejar al continente a merced de la fusión maligna de Nike, el curandero mágico, el teléfono portátil y el machete.

Quizás las palabras del Sr. Parris no eran solamente una advertencia a los africanos, a la distancia de un continente, sino para los anglosajones de su propio traspatio. ¿Podría ser que la BBC y el Sr. Harris se hayan dado cuenta de algo (aún sin saberlo)? ¿Una antigua verdad? ¿La definición exacta de lo que significa “ser un hombre”?

¿Puede ser que los británicos hayan admitido que el problema de la decencia humana no está tanto en el arma que se sostiene en la mano como en las ideas que se tienen en el corazón?

Everett Piper, presidente de la Universidad Wesleyana de Oklahoma, es el autor de «Not a Day Care: The Devastating Consequences of Abandoning Truth» [«No es una guardería infantil. Las consecuencias devastadoras del abandono de la verdad»] (Regnery, 2017).

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