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Por qué tenemos que ser valientes con la reforma de la beneficencia

Kay Coles James | 11 de marzo de 2018


(Foto: LWA/Dann Tardif Blend Images/Newscom)

(Daily Signal) – Washington está en una posición singular para resolver la crisis de la beneficencia de los Estados Unidos por una razón sencilla: Washington fue quien la creó. La política y los programas que estableció  hace medio siglo han agotado al pueblo, obstruido su propósito y extinguido sus posibilidades extraordinarias.

La evidencia de este fallo está por todas partes a nuestro alrededor. Como soy negra, e hija de un antiguo beneficiado del programa, conozco de primera mano el daño no intencional que ha causado la beneficencia. Es por eso que una buena parte de lo que voy a contarles se refiere a la experiencia afroamericana.

Este no es un problema exclusivo de nosotros. En lo que respecta a la beneficencia, la comunidad negra es meramente el «canario en la mina de carbón» para los Estados Unidos. Lo que les ha ocurrido a tantos afroamericanos le puede suceder y le está sucediendo a cualquier americano objeto de las mismas políticas liberales fallidas.

Así que, aunque hablaré de la experiencia de la comunidad negra, sé que la mayoría de los americanos que dependen de la beneficencia no son afroamericanos. Como resultado, este alerta tiene importancia para todos los americanos y es por ellos que los políticos deben enfrentar y comprender unas pocas cosas que son de importancia vital.

Primero: el problema no son las personas; es la política.

Yo insto a todos los políticos a que lean «Slave Narratives From the Federal Writers’ Project», que está accesible con facilidad en línea y en la Biblioteca del Congreso. En este documento hay relatos impactantes que muestran la fortaleza y resistencia de mi pueblo.

Estos relatos nunca dejan de emocionarme profundamente, y el que me llega a lo más hondo es éste: En los días, semanas y meses posteriores a Appomatox, podía verse a los afroamericanos emancipados caminando milla tras milla. No estaban huyendo de sus antiguos propietarios. El crimen de la esclavitud se había terminado, después de todo. No, estaban buscando, a menudo en vano, a sus familiares que habían sido arrebatados de sus brazos y vendidos a otros esclavistas.

No puedo ni siquiera imaginar cuán traumático sería que alguien apartara de mí a mi esposo, hijos o nietos. Sería inexpresable bajo ninguna circunstancia, mucho menos con fines de esclavitud. Pero eso fue exactamente lo que sucedió muchas veces antes de la Emancipación. No es de extrañar entonces que muchos hombres y mujeres liberados caminaran largas distancias en busca de sus padres perdidos, sus hermanos, cónyuges e hijos. Era tan grande la importancia de la familia que eso fue lo primero que hicieron cuando tuvieron libertad para hacerlo.

Con hambre por la educación que se les había negado, los esclavos liberados también establecieron escuelas en las iglesias, en las casas y —lo que fue famoso— debajo del Roble de la Emancipación, que todavía se yergue en lo que sería más tarde el predio de mi Alma Máter, la Universidad Hampton. Ellos perfeccionaron las habilidades que habían aprendido en la plantación y el taller, también, y obtuvieron trabajos —trabajos que les permitieron mantener a sus familias y construir el futuro que les ha permitido a los afroamericanos lograr sus sueños.

Lo que hicieron fue extraordinario. Es una historia de supervivencia, de familia, de fe, y de determinación indómita. Aquellos esclavos liberados, sus hijos y nietos establecieron negocios, institutos, iglesias y comunidades y lo hicieron a menudo no sólo sin ayuda del Gobierno, sino frente a la adversidad del Gobierno, conocida como Jim Crow.

Es muy importante que los políticos analicen esta historia, porque ayuda a entender el daño que le han hecho desde entonces a la comunidad afroamericana las políticas liberales como la de la beneficencia. Analice: desde que iniciaron la llamada Guerra contra la Pobreza, hace más de 50 años:

  • Nuestras tasas de matrimonio se han desplomado, y los nacimientos fuera del matrimonio han aumentado enormemente.
  • A los niños se les cría sin la seguridad de una familia intacta, e incluso sin haber nunca vivido el matrimonio de los progenitores.
  • Los padres rutinariamente rechazan sus responsabilidades, lo que aumenta el riesgo de que sus hijos vivan en la pobreza.
  • Casi 1 millón de niños negros son criados por sus abuelos, con frecuencia debido a que sus padres abusan de las drogas, han muerto o están en prisión.

Ya hace tiempo que se viene diciendo que la familia es el primer Departamento de Salud y Servicios Humanos, pero en décadas recientes ese pilar de nuestra comunidad ha sido tan quebrantado como lo estuvo durante los días de la esclavitud.

Como escribió Kim Holmes, de la Fundación Heritage, en su libro «Rebound» [«Rebote»]: «El Estado de beneficencia ha sustituido al padre con un cheque; a la madre o abuela amorosa por una trabajadora social, y a la iglesia local con una pléyade de organizaciones civiles».

Mi bisabuela era esclava y yo me pregunto qué pensaría ella de los Estados Unidos hoy. Ella pasó por el dolor de que los familiares fueran separados y vendidos a plantaciones distantes.

  • ¿Podría ella entender por qué tantos niños crecen con un solo progenitor?
  • ¿Tendría alguna tolerancia por todos los padres que les dan la espalda a sus responsabilidades y se marchan?
  • ¿Tendría alguna paciencia por el concepto de lo que es «políticamente incorrecto» (sea lo que sea que signifique esto realmente) decir que un hombre y una mujer deben estar casados si van a tener un hijo?
  • Y ¿tendría ella duda alguna de por qué tantos adolescentes sin su padre buscan en las pandillas callejeras el sentido de pertenencia que nunca han tenido en su casa?

Las respuestas son no, no, no y no. Esas disfunciones son el resultado de decisiones de política que ha tomado este país y no las personas a las que se les han infligido.

Es por eso que es tan importante concentrarnos en la reforma de la beneficencia. En el llamado enfoque ilustrado, lanzado por los liberales de la gran Sociedad, se entrega más dinero a las personas que (1) no están casadas, (2) tienen niños y (3) no trabajan.


La compasión mal dirigida de esta política liberal tiene muchas consecuencias imprevistas. Priva a millones de niños del amor y la seguridad que recibirían de las dos personas a las que más necesitan: su mamá y su papá.  (Foto: Martina Ferrari Westend61/Newscom)

¿A quién se le pudo ocurrir semejante idea? A una clase de persona que, al parecer, era incapaz de ver que al hacer eso destruiría a dos de las defensas más efectivas contra la pobreza: el trabajo y el matrimonio.

Este enfoque premia a la gente por no trabajar, por tener niños fuera del matrimonio y por quedarse sin casar. ¿Y saben lo que ha producido? Exactamente más de aquello por lo que estamos pagando: desempleo, nacimientos fuera del matrimonio, y familias con un solo progenitor.

Ahora pregúntese: ¿Qué pasaría si yo asimilara esa clase de política de «beneficencia» y la implementara en su familia? ¿Si yo le dijera a sus hijos: «Corazón, no tienes que trabajar. Yo me voy a hacer cargo de todo» y si les dijera a sus hijas: «Querida,  adelante y ten todos los bebés que quieras. Te voy a dar más dinero para que cuides de ellos»?. ¿Se imagina lo que sería de su familia en 20 años?

Le voy a decir: Sus hijos estarían acostados en casa sin trabajar, sus hijas estarían teniendo hijos fuera del matrimonio y su familia sería mucho más pobre.

¿Es eso lo que usted quiere para su familia? No me parece. Entonces ¿por qué permitimos al Gobierno hacerles a otras familias lo no que no querríamos para la nuestra?

La compasión mal dirigida de esta política liberal tiene muchas consecuencias imprevistas. Está destruyendo las esperanzas y los sueños. Está permitiendo que la beneficencia que produce desesperanza ocupe el lugar del trabajo que produce orgullo. Está privando a millones de niños del amor y la seguridad que recibirían de las dos personas que necesitan más: su mamá y su papá. Y está provocando que la chispa dure varias generaciones.

Eso está mal. Ya hace mucho que debió haber cesado. Y debe ser detenido.

Reparar esto no va a ser fácil, pero con una agenda de capacitación se puede lograr. Por capacitación quiero decir remplazar la dependencia con la independencia, la desesperanza con la esperanza, y la pobreza con el poder de realizar nuestros sueños. Así que me gustaría ofrecer a los políticos cinco soluciones para una agenda de capacitación que hará que sus esfuerzos valgan la pena.

1.  Inspiren de nuevo los «valores de hombres de éxito», al poner mayor énfasis en la capacitación y el trabajo.

Los Estados Unidos deben volver a lo que el Dr. Carl Ellis hijo llama «valores de hombre de éxito».  Cuando yo era una niña veía a mi madre abordar un ómnibus para ir al trabajo en las mañanas frías, y regresar bastante después de la puesta del sol, cansada, pero lista para hacerse cargo de su familia. Su rutina diaria nos enseñó, a mis hermanos y a mí, la dignidad del trabajo honrado y la satisfacción de mantener a su familia.

Compare eso con el día de hoy. Hemos gastado $28 billones en una serie de programas mareados para los americanos pobres y de bajos ingresos, los cuales promueven valores de perdedores, y millones de americanos dependen hoy de las limosnas de otros. Es por eso que la orden del ex presidente Barack Obama que permitió a los estados pasar por alto el requisito del trabajo estuvo tan equivocada, y por qué un requisito estricto de trabajar es tan importante ahora.

Yo, por supuesto, sé que el propósito de la beneficencia es ayudar a las personas cuando tienen una racha de mala suerte, pero ¿eso no debería querer decir también que su objetivo sea ayudar a la gente a reponerse de esas rachas de estrechez para que puedan volver a ponerse en pie y proveer de nuevo para sus familias? Por supuesto que debería ser así, y el trabajo hace exactamente eso.

Es por eso que la Fundación Heritage ha instado desde hace tiempo a que la beneficencia sea un sistema basado en el trabajo, y no uno de donaciones en un solo sentido. Nueve de cada diez americanos están de acuerdo, pero hoy el trabajo está casi ausente del sistema de beneficencia.

Podemos arreglar eso si hacemos más estrictos los requisitos de trabajo en la Asistencia Temporal para las Familias Necesitadas y en los programas de créditos por ingreso percibido, y hacerlos extensivos también a los sellos de alimentos. (Un proyecto de ley del Senador Mike Lee, Republicano por Utah, y el Rep. Jim Jordan, Republicano por Ohio, el S.1290/H.R. 2832, se encargaría de ambas cosas; la propuesta de ley del Rep. Garret Graves, Republicano por Luisiana, la H.R. 2996, es un requisito rígido de trabajo para los sellos de alimentos que está planteado en una legislación independiente.)

Resumen: Si usted no es demasiado viejo ni demasiado joven, ni tiene discapacidad física ni mental, debería estar trabajando. Necesita estar trabajando. No para nosotros, ni para la Tesorería exclusivamente, sino para usted, para sus hijos, y para su futuro.

2.  Detengan la destrucción de la familia.

Daniel Patrick Moynihan, el difunto senador demócrata de cuatro períodos por Nueva York, dio por completo en el clavo cuando dijo:

Hay una lección inconfundible en la Historia americana: una comunidad que permite que una cantidad numerosa de hombres jóvenes crezcan en familias quebrantadas, gobernadas por mujeres, que nunca tienen una relación estable con una autoridad masculina, que nunca adquieren ninguna serie de expectativas racionales sobre el futuro — esa comunidad está pidiendo y obtendrá un caos.

Tenía razón. Nuestras políticas han socavado profundamente el  matrimonio al reducir el apoyo cuando ambos progenitores están en el hogar. Si una madre soltera que recibe asistencia pública se casa con el padre de su hijo, adivine qué sucederá con el apoyo que está recibiendo. Será reducido en gran medida.

Es por eso que dichas políticas son llamadas comúnmente penalidades al matrimonio.  Ellas penalizan de manera literal y bien efectiva a las madres y los padres que se casan. No es una sorpresa. Han hecho que millones de padres solteros se den cuenta de que lo más inteligente que pueden hacer es quedarse solteros.

Esto es un asunto que va más allá de los valores familiares. Es valorara a la familia y es por eso que es tan importante que se eliminen las penalidades al matrimonio que están ocultas ahora en la política de beneficencia.

Hemos hablado de terminar esas penalidades al matrimonio durante mucho tiempo. Ahora, por primera vez tenemos una solución política para hacer eso, propuesta por la Fundación Heritage. En el Congreso, el Rep. Jason Smith, republicano por Missouri, lleva la delantera en convertir nuestra idea en una realidad legislativa.

3.  Promuevan la transparencia sobre el costo real y la efectividad del Estado de beneficencia.

Antes mencioné que el Gobierno había gastado más de $28 billones  en programas de beneficencia, pero ¿sabe usted cuánto gasta cada año? La respuesta es: la asombrosa cantidad de $1.1 billones. Imagínese nada más el shock de cada americano si se enterara. Quizás esa sea la razón por la cual los políticos y el público americano no reciban esa información a través del proceso anual del presupuesto.

Eso es un problema real. Sin una información real y honesta, los legisladores y sus electores estarán limitados en su capacidad de presionar para que haya una reforma racional de la política que hace ya tiempo debió ser implantada.

Es por eso que la Fundación Heritage está haciendo un llamado a que los presupuestos presidenciales informen los gastos totales de beneficencia. Queremos también que la Administración publique los datos de los beneficios reales agregados que reciben los individuos que están en la beneficencia

Igual de importante es que Washington pague por los resultados, no simplemente por los procesos. Hoy los programas del Gobierno por lo general pagan por los servicios en lugar de los resultados que hacen falta. Si un negocio cualquiera operara de esa manera, pronto estaría en bancarrota. (Quizás esa sea la razón por la que el Gobierno federal tiene una deuda de más de $22 billones.)

En vez de ello, los recursos de los contribuyentes deberían destinarse a programas que estén produciendo realmente los resultados que prometen, como la creación de trabajos. La Administración debe informar en detalle esos resultados, de modo que los políticos puedan decidir qué programas merecen seguir financiados y cuáles deben ser remplazados por alternativas más eficientes.

4.  Sean valientes y no se echen atrás.

Cuando yo tenía el privilegio de fungir como Secretaria de Salud y Recursos Humanos de Virginia, aprobamos una reforma estatal de la beneficencia. Eso fue antes que el congreso aprobara la Asistencia Temporal para las Familias Necesitadas, y se realizó frente a una resistencia encarnizada de la izquierda y los medios de prensa. Sin embargo, lo hicimos, y aprendimos algunas lecciones que pueden ser valiosas.

En primer lugar, nuestro objetivo supremo era ayudar a las personas. Nuestra política de reforma fue elaborada por una Comisión de Capacitación Ciudadana de 40 miembros, la cual incluyó a muchos que recibían o habían recibido beneficios. Aquellos buenos virginianos no hacían compromisos. Sabían cuán destructiva era la beneficencia, y nos impulsaron a legislar las reformas más conservadoras que nadie haya visto.

En segundo lugar, la emprendimos con la izquierda y la derrotamos en su propio juego. Reunimos un cuarto de guerra en donde no sólo respondíamos a sus ataques, sino que nos adelantábamos y lanzábamos unos cuantos por nuestra parte. Reclutamos fuertes partidarios en todas las comunidades afectadas.

Recorrimos el estado para hacer correr la voz y nos contaron las verdaderas historias del impacto de la beneficencia, historias que eran más conmovedoras y apasionantes que cualquier cosa que ningún opositor liberal nos hubiera ofrecido alguna vez. Contamos esas historias por toda Virginia, con el auxilio de los medios de difusión o sin él.

Por último, aunque de ninguna manera es lo menos importante, no nos contentamos con un «No» por respuesta. Claro, la izquierda trató de detenernos, incluso derrotaron todas nuestras propuestas de ley durante la primera sesión legislativa, pero  volvimos a la siguiente. El gobernador George Allen prometió —no amenazó, sino prometió— que haría de sus votos contra la reforma de la beneficencia el tema No. 1 de la siguiente elección, y los liberales se desplomaron como un castillo de naipes.

El resultado fue un paquete de medidas de compulsión de la beneficencia, la educación y el sostén de los niños que tuvo resultados positivos e inmediatos. De acuerdo con un análisis independiente de la versión virginiana de la Oficina de Responsabilidad del Gobierno, la reforma permitió que la carga de casos de la beneficencia disminuyera «casi en un 50 por ciento». También dio como resultado «un considerable aumento del porcentaje promedio de los recursos que provenían del trabajo y una considerable disminución de los recursos que procedían de los pagos [de la beneficencia]».

Algo importante fue que nuestra reforma en Virginia también logró ahorros al presupuesto. De hecho, lo mismo sucedió a nivel federal. Gracias a la legislación de 1996, la Asistencia Temporal para las Familias Necesitadas  es el único programa de beneficencia en el que los gastos han estado bajo control durante las dos últimas décadas.

Todo esto ocurrió a pesar de la Oficina de Presupuesto del Congreso [OPC], que no creía que la reforma de iba a generar ahorros. Si los conservadores hubieran escuchado a la OPC hace 20 años, nunca hubiera habido una reforma de la beneficencia, pero el Congreso —respaldado por los análisis de Robert Rectos de la Fundación Heritage y otros  — tuvo el coraje de decir que la OPC estaba equivocada.


Resumen: Si usted no es demasiado joven ni demasiado Viejo, no tiene discapacidad física ni mental, entonces deberá estar trabajando.  (Foto: Mike Kemp Blend Images/Newscom)

La Historia ha demostrado que estamos en lo cierto. El requisito de que uno esté trabajando produce ahorros a largo plazo. Igual que como vimos en Virginia, capacitar a los que reciben beneficencia para que hallen trabajo, conduce a que menos personas dependan de la beneficencia y se ahorre dinero de los contribuyentes.

Lo que eso significa es que la reforma de la beneficencia funciona.

  • Sustituye la dependencia con la independencia.
  • Capacita a los que reciben beneficencia a integrarse a la fuerza de trabajo.
  • Restaura el orgullo, el respeto propio y la responsabilidad personal.
  • Ante todo, sana y ayuda a los padres e hijos más vulnerables de entre nosotros.

No obstante, no necesito evidencia empírica que me diga que la reforma de la beneficencia está correcta. Lo sé por mi propia experiencia personal, y eso me  lleva a mi último consejo para los políticos.

5.  Manténgase concentrados en el notable progreso que puede ser logrado.

A la luz de todo el daño que han sufrido los afroamericanos a causa de la política liberal de beneficencia, usted podría pensar que yo soy pesimista con respecto a lo que guarda el futuro para la comunidad negra. Por airada que esté, también estoy llena de esperanza de lo que el futuro puede traer y por lo que yo oro que traiga a nuestro pueblo y nuestra nación.

La primera razón es sencilla: tengo fe en Dios, en la esperanza que son los Estados Unidos y en el espíritu humano. No miro a las gentes y pienso que son incapaces de ocuparse de sí mismas ni de tomar las decisiones correctas. Nada de eso. Yo miro a todas las gentes, sin importar la edad, raza, sexo ni religión, y considero que tienen vastas posibilidades, que proceden de estar hechas a la imagen de Dios.

Yo no solo estoy convencida de que todo niño tiene esas posibilidades; lo he visto. Pase un poco de tiempo con niños de 5 años y usted lo verá también. Son listos. Son muy creativos. Son positivos, y tienen energías sin límites.

Como todo el pueblo de Dios nace con vastas posibilidades de crecimiento, realización y éxito, lo que piden a gritos es una oportunidad: una oportunidad para crecer saludables y seguros; de ser alimentados por el amor de su familia, de estudiar y aprender y de seguir cualquier dirección en que los llevan sus sueños y talentos.

Es sencillo: Si se le da la oportunidad, cada niño puede llegar a crecer saludable, pudiente (como dice un brindis popular) e inteligente, y sus comunidades serán mejores, más ricas y más pacíficas como resultado.

Así que insto a los políticos a hacer una pausa en su trabajo e imaginarse al menos lo que serían los Estados Unidos.

  • Imagínense unos Estados Unidos en los que florezca una sociedad civil, la vida sea protegida y los niños crezcan en el amor y la protección de una familia intacta.
  • Imagínense unos Estados Unidos en los que cada progenitor tanga la oportunidad de sentir el orgullo de proveer y ser un ejemplo para sus hijos.
  • Imagínense unos Estados Unidos en los que cada niño — todos y cada uno de ellos — tenga igual acceso a una educación excelente.
  • Imagínense unos Estados Unidos en los que la libertad, la igualdad y la oportunidad no sean sólo los dones que heredamos, sino la herencia que nosotros trasladamos.

Esos son los Estados Unidos que necesitamos. Son los Estados Unidos que podemos edificar.

Los políticos pueden lograr esto con una agenda de capacitación. Pueden rescatar vidas de las políticas liberales fracasadas y pueden posibilitar que millones de americanos realicen sus sueños.

Todo lo que se necesita es la voluntad de emprender la acción valiente que necesitan los Estados Unidos.