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Sobre la moral y las segundas oportunidades...

Tony Perkins | 25 de enero de 2018

(Family Research Council) – Si hay algo que siempre he dicho es que los cristianos nunca deben dejar su fe en la puerta antes de entrar en la palestra pública. Por tanto, permítanme empezar por practicar lo que yo predico. Igual que ustedes, he escuchado todas las acusaciones al pasado de Donald Trump, sus años de arrastres y sus fallos personales. No pretendo saber lo que es cierto y lo que no lo es, y ciertamente no en estos momentos, en un ambiente tan tóxico como el que tenemos. Pero hay algo cierto que sí sé: la fe en Jesucristo nos llama a vivir con claridad moral en todo lo que hacemos, y esos significa llamar, al pecado, pecado.

A principios de esta semana, en una larga entrevista publicada por Edward-Isaac Dovere, de Politico, me preguntaron por una acusación de infidelidad en 2006 que salió a la luz contra Donald Trump. Le expliqué a Dovere lo que he dicho antes: si eso estuviera sucediendo ahora, él no tendría el apoyo de los evangélicos. El adulterio era malo entonces y lo es ahora. Si los rumores resultan ciertos, entonces ese comportamiento sería injustificable. Sin dudas. Cuando el mal  comportamiento es sacado a la luz  es exactamente eso: un mal comportamiento. 

Donald Trump ha negado esta última acusación  por medio de su abogado, y podemos sentir cierto alivio por su franqueza respecto a sus errores del pasado. «Nunca he dicho que sea una persona perfecta, ni he pretendido ser lo que no soy» - dijo a los americanos antes de las elecciones, cuando salió a relucir una cinta vulgar - «He dicho y he hecho cosas que lamento, y las palabras publicadas hoy en este video de hace más de una década están entre ellas. Cualquiera que me conoce, sabe que esas palabras no reflejan lo que yo soy. Las dije, estaba equivocado, y me disculpo».

Como dije cuando se publicó ese video, en octubre de 2016, sus acciones fueron inapropiadas y preocupantes. Ni en ese entonces ni ahora he tratado de justificar ni excusar ese tipo de comportamiento, pero también seamos realistas: los americanos solo pueden hacer responsable al presidente Donald Trump de lo que hace en su cargo. No podemos hacer nada con respecto al pasado. A los americanos puede que no les guste, que lo encuentren de mal gusto, y deseen que nunca hubiera ocurrido, pero sucedió. Igual que cualquiera de nosotros, él necesita aceptar sus fallos y asumir la responsabilidad por sus acciones. En algunos casos creo que lo ha hecho. Es por eso que, al explicar cómo los evangélicos podían haber llegado al punto de apoyar al Sr. Trump, les dije a los reporteros que nosotros  - más que todo el mundo – entendíamos lo de los nuevos comienzos.. Así que nuestra actitud hacia Trump, políticamente, era: «Tienes una segunda oportunidad. Tienes otro chance aquí». Alguna gente interpretó esa declaración – incorrectamente – como que excusábamos, o aún peor, justificábamos el comportamiento pasado de Donald Trump. Nada podría estar más lejos de la verdad.

Como dije de nuevo en la CNN la noche del martes, yo no apoyé al Sr. Trump desde el principio a causa de su conducta personal pasada. Sin embargo, después que el candidato que yo apoyaba salió de la postulación, fue cosa de escoger entre Donald Trump y Hillary Clinton. Por tanto, empecé a comunicar lo que yo pensaba que le haría falta a Mr. Trump para ganar el apoyo de los evangélicos: 1) necesitaba comprometerse a designar jueces favorables a la vida; 2) escoger a un compañero de boleta [vicepresidente] que fuera conservador, pro-vida y pro-familia, con unos antecedentes sólidos, y 3) estar de acuerdo en no sabotear ni diluir la plataforma conservadora del Partido Republicano. Para mi sorpresa (y la de otros) no solo cumplió - sino que excedió- las altas metas que le habíamos puesto. Ningún otro candidato republicano nunca se había comprometido a nombrar jueces «pro-vida». El Sr. Trump lo puso por escrito y lo hizo saber a la nación. 

Esto es más notable porque he trabajado con las plataformas del Partido Republicano desde 2004, y en cada elección hemos tenido que batallar con la campaña presidencial republicana sobre muchas posiciones conservadoras. La campaña de Trump no solo no batalló, sino que trabajaron con nosotros. Como candidato del Partido Republicano,  Donald Trump aceptó la plataforma, lo cual ayudó a convertir las elecciones, de un contraste de personalidades, en una elección acerca de políticas. ¿Y qué ha hecho desde que se ganó nuestro apoyo? Muchas cosas de las que había prometido hacer. De hecho, ha realizado más que ningún otro Presidente reciente para promover los valores y políticas que son fundamentales para hacer de los Estados Unidos una nación buena y próspera.

En la CNN reafirmé que nuestro apoyo al Presidente era condicional. Si Donald Trump dejara de cumplir sus promesas o volviera al comportamiento de su pasado, los evangélicos abandonarían con rapidez su base electoral, y yo sería el primero. Sin embargo, la realidad es que ha cumplido sus promesas, así que ¿por qué habríamos de dejar de apoyarlo basándonos en alegaciones de un comportamiento repugnante de hace más de una década? ¿Qué ha cambiado desde las elecciones?

¿Significa eso que no luchemos con tono del Presidente ni nos azoremos ante sus tuits deslucidos? Nada de eso. El carácter tiene importancia. La conducta personal tiene importancia. Depende de nosotros usar nuestra  influencia para asegurarnos de que el Presidente haga su mayor esfuerzo por vivir de una forma que no deshonre a su cargo ni al pueblo americano. No obstante, debemos también estar claros: los evangélicos nunca han mirado a Donald Trump como modelo de comportamiento. Miran a su récord como Presidente.

Como  el Rev Franklin Graham señalara: «Nosotros ciertamente no lo hacemos responsable como pastor de este país, y no lo es, pero aprecio el hecho de que el Presidente tiene preocupación por los valores cristianos, tiene una preocupación por proteger a los cristianos -sea aquí en casa o alrededor del mundo- y aprecio el hecho de que proteja la libertad religiosa».

Cuando Dovere me preguntó si yo aceptaba a Donald Trump como líder moral, le dejé en claro que yo aceptaba su liderazgo por cumplir sus promesas. Hasta el momento, está haciendo cambios positivos en nuestro país que los evangélicos apoyamos y que benefician a todos los americanos. No digo que su desempeño como Presidente le pueda ganar la gracia, sólo Cristo puede hacer eso. Mientras que los evangélicos lo único que pueden hacer es darle una segunda oportunidad para su apoyo político, solo por medio del arrepentimiento y el perdón de Dios podrá él tener un comienzo  totalmente nuevo.

Comprendo que haya algunos conservadores muy frustrados por ahí, a quienes la Izquierda busca distraer y dividir. Ahora bien, si nos preocupamos por el futuro de nuestra nación tenemos que ocuparnos del presente. Esto no es una fidelidad ciega por parte de los evangélicos, Es un apoyo calculado  a un líder político que ha hecho y ha cumplido sus promesas de la campaña.


El  Washington Update  de Tony Perkins es escrito con la ayuda de los escritores principales del FRC.