Categorías: Temas sociales

Este hombre sufrió 167 operaciones de cambio de sexo. Ahora vive en un mundo de lamentaciones.

Walt Heyer | 12 de enero de 2018

Foto: iStock Photos-BraunS

(Daily Signal) – Recientemente entrevisté a una persona cuya experiencia en operaciones de cambio de sexo era tan extensa, que le había garantizado la entrada en el libro de récords mundiales de Guinness [Guinness World Records] como la persona que había sufrido más intervenciones quirúrgicas de cambio de sexo.

La historia de Blair Logsdon es un relato que debe poner sobre aviso a cualquiera que esté pensando en emplear las hormonas del sexo opuesto e intervenciones quirúrgicas de cambio de sexo para sentirse mejor consigo mismo.

Logsdon sufrió 167 operaciones de 1987 a 2005 para tratar de resolver su disforia sexual con las intervenciones quirúrgicas. Una mañana fría y nivosa de diciembre, en una cafetería de Maryland, me contó su historia

En 1987, a la edad de 26 años, sufrió la primera de las numerosas operaciones de cirugía cosmética para cambiar su apariencia de género/sexo, de varón a mujer. Dice que en unos pocos meses lamentó mucho el convertirse en una trans-mujer.

Durante los siguientes cinco años se debatió en su vida como mujer, antes de someterse a un cambio quirúrgico de los genitales para restaurar su carácter masculino original.

Sin embargo no logró estar en paz con su sexo.

Todavía con disforia sexual y sintiéndose intranquilo, Logsdon se sometió a otro cambio de sexo y volvió a identificarse como una trans-hembra

Los médicos, que al parecer desdeñaban de manera total e imprudente el bienestar emocional, psíquico y sexual de Logsdon, ignoraron su estrés obvio por las anteriores operaciones de cirugía estética y le complacieron sus peticiones adicionales.

Dice Logsdon que él seguía experimentando pesar por las operaciones feminizantes, a pesar de que sentía un fuerte deseo de hacerse más, atrapado en un ciclo de esperanza seguida de decepción.

Hacia 2005, siete cirujanos estéticos le habían realizado 167 operaciones de afirmación del sexo en el cuerpo, llenando sus cuentas bancarias con la suma de más de $220 000 y dejándolo, según sus propias palabras, «desfigurado».

Logsdon dice que él lamenta todas sus 167 operaciones. Ahora no busca a los cirujanos para descubrir su verdadero »yo»; ha encontrado su verdadera esencia masculina al seguir a Jesucristo.

En este caso no culpo a Logsdon en lo más mínimo. Los médicos y cirujanos le fallaron por su responsabilidad  de «apartar de ellos [los enfermos] todo daño e injusticia» -como dice el Juramento Hipocrático- y de manera fraudulenta se aprovecharon de las 167 operaciones que lo desfiguraron. A pesar de eso, no les pedirán cuentas ni los harán responsables por su burda mala conducta médica y la mala práctica con este buen hombre.

En algún momento esos cirujanos debieron haber rehusado las solicitudes de más operaciones quirúrgicas y haber protegido a Logsdon de seguir haciéndose daño. En vez de eso, prefirieron aprovecharse de su psiquis emocional, psicológica y sexualmente enferma e inestable.

Las personas transexuales podrían beneficiarse al escuchar la verdad

Nosotros también, como sociedad, la fallamos a las personas transexuales al retenerles la verdad, con la idea de que decir la verdad es de alguna forma ofensivo y odioso. No, seguir la evidencia no es discurso de odio, es el fundamento de la investigación científica.

Varias verdades esenciales han sido relegadas a la categoría de discurso de odio, por ejemplo:

  • No hay ninguna evidencia objetiva de que las personas transexuales siquiera existan, aparte de los sentimientos de la propia persona y la imaginación con disforia de sexo.
  • Los sentimientos fuertes y persistentes de ser del sexo opuesto no están basados en la biología «nací así») sino que se derivan de factores emocionales, psicológicos o sexuales.
  • Ignorar los protocolos para un diagnóstico psicológico efectivo perjudica a las personas «trans», porque garantiza que no van a recibir un tratamiento efectivo para desórdenes concomitantes.

La verdad: La psicoterapia es importante

Durante los últimos 50 años, la ideología transgenérica se ha ido volviendo más mortífera y destructiva a medida que va cobrando vidas por vía del suicidio, destruye los matrimonios, desgarra las relaciones familiares (incluyendo las mías) y ahora espera que el total de la sociedad rechace la verdad física del sexo y el género en los lugares públicos y las interacciones sociales bajo la amenaza del ostracismo y los procesos legales.

A las personas transexuales les proveen un solo remedio: abrazar de todo corazón una ideología alternativa de género/sexo que intenta redefinir su género/sexo y les promete sanación.

Cuando los protocolos hormonales y quirúrgicos de cambio de sexo y los cambios de estilo de vida no brindan alivio a los que sufren de disforia de sexo, como descubrió Logsdon, con frecuencia lo que resta es la depresión, la desesperación y la lamentación, lo que conduce a algunos a intentar suicidarse.

Los medico deberían concentrarse en descubrir los desórdenes paralelos que a menudo subyacen en la raíz de la auto-identidad distorsionada de la persona «trans». Estos a menudo incluyen el abuso del alcohol, uso de drogas, depresión crónica y desórdenes de la personalidad.

Se logrará descubrir esos desórdenes cuando nos dediquemos a una psicoterapia efectiva, no a realizar operaciones quirúrgicas.

Dar primero psicoterapia en el tratamiento de la disforia sexual podría ser un factor clave para revertir la terrible tasa de suicidios del 41 por ciento entre los individuos transexuales.

También podría reducir la cantidad de personas que buscan auto-mutilarse en un intento de hallar la paz interna, y así impedir que dichas personas caven profundos pozos de lamentación.

Estoy  seguro de que voy a recibir críticas por decir la verdad públicamente aquí, pero por salvar una vida vale la pena.

Si usted ha visto la película de 1992 «A Few Good Men» [«Cuestión de Honor»] recordará la escena crucial en la corte, en que el coronel Nathan Jessup (Jack Nicholson) le grita al abogado que lo está interrogando (interpretado por Tom Cruise) el bocadillo que ya se ha hecho famoso: «¡Usted no puede soportar la verdad!».

Lo mismo puede decirse hoy a aquellos que declaran que el único tratamiento para la disforia de sexo es afirmarla, darles a los pacientes hormonas del sexo opuesto y realizarles operaciones de cambio de sexo: «¡Ustedes no pueden soportar la verdad!»