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Cómo el sistema americano de educación suprime el pensamiento crítico

Joe David | 11 de enero de 2018


El estudiante de 1er año Donald Wiggins hace un examen final en la Academia Militar Forestville, en Forestville, Maryland. Micah Walter/Getty Images

(Observer) – Una madre, en una revista popular, le dijo una vez a un reportero lo que ella creía que estaba ocurriendo en las escuelas. «Son los más brillantes, los mejores y los más sensibles los que están en riesgo» -dijo ella-. «Los estamos perdiendo, y no sé por qué». Bueno, querida mamá, está usted equivocada. Sí sabemos por qué. Es porque los niños son brillantes y sensibles y ¡los mejores! Los planificadores sociales no tienen tolerancia para tales estudiantes, porque pueden rebelarse contra un estáblishment que está tratando de controlarlos.

Durante mis 18 años en escuelas públicas y privadas, nunca sentí que tuviera maestros lo suficientemente buenos. Solo unos pocos se destacaron como defensores de un pensamiento claro. La mayoría, por otra parte, eran robots intelectuales que esperaban que yo aceptara información prejuiciada, aprendida como una rutina, sin procesarla críticamente. Si alguna vez me atrevía a cuestionarlos me hacían callar  con una desaprobación indignada y ruidosa antes de  rechazar mis argumentos con desprecio.

En un artículo titulado Undoing the Dis-Education of Millennials [«Deshacer la educación tergiversada de los mileniales»] el autor, Adam MacLeod, un profesor asociado en la Facultad de Leyes de la Universidad Faulkner, resume sus observaciones de los estudiantes: «Ya hace varios años que mis estudiantes son mayormente mileniales. Al revés del estereotipo, he hallado que la vasta mayoría de ellos desean aprender. Sin embargo, según el estereotipo, veo que cada vez son más los que nos pueden pensar, no saben mucho y están esclavizados por sus apetitos y sentimientos. Sus mentes son reclusos de una prisión elaborada por la cultura de la élite y sus profesores de los niveles precedentes».

Me entristece estar de acuerdo con el profesor MacLeod. Es muy raro encontrar a un alumno con un punto de vista fresco, derivado de un pensamiento claro, asegurado en un conocimiento sólido. Demasiados de ellos emiten frases populares prefabricadas carentes de una comprensión profunda del tema. Sus mentes flotan en órbita a algún nivel estratosférico que solo esporádicamente se conecta con la realidad. Los educadores han logrado esto con mucho cuidado, al  despojar sistemáticamente a los estudiantes de su apetito aventurero de conocimiento y llenarlos de información falsa. Los buenos estudiantes, esos que luchan por obtener una carrera profesional de alto nivel, con frecuencia terminan como los de la clase del profesor MacLeod: con conocimientos limitados y débil capacidad de razonamiento. Como ambas cosas son necesarias para sobrevivir en el mundo de los negocios, cualquier intento de apagar el fuego interior del estudiante por el conocimiento (como lo llamo en mi libro homónimo) es, en mi opinión, el acto de una persona malvada que ha salido a lastimar a un hombre autónomo.

¿Cómo es que nuestro país ha caído tan rápido, tan inocentemente (al parecer) a este estado, de ser una nación poderosa con un gran sistema educacional a lo que conocemos hoy en día? He aquí unos pocos ejemplos de cómo lo hicieron durante mis días de enseñanza en las escuelas públicas:

  1. Promoviendo a estudiantes que no habían asimilado antes los conocimientos básicos.
  2. Despreciando el valor de asignaturas importantes que agudizan la capacidad de razonar y profundizan la comprensión (como la Matemática, la Historia, la Lógica y el idioma).
  3. Recompensando arbitrariamente a los alumnos, no por su capacidad ni sus logros, sino por la raza, el sexo, el color o los antecedentes.
  4. Enseñando a leer por la forma de las palabras, no por el método fónico.
  5. Agrupando a los estudiantes en clase de manera heterogénea, no homogénea, para que les sea más difícil a los maestros enseñar.
  6. Reduciendo el aprendizaje al común denominador, con los estudiantes de necesidades especiales como norma.
  7. Favoreciendo el adoctrinamiento y el aprendizaje por repetición antes que el método socrático de la enseñanza.;
  8. Mimando a los estudiantes y lisonjeando su autoestima mientras se ignora su educación.
  9. Darles a los estudiantes el poder para poner en peligro a los maestros que se atreven a desafiarlos.

La responsabilidad por este tipo de prácticas educacionales no está limitada a los educadores. Nuestros presidentes americanos también han sido contribuyentes activos a los problemas de la educación. Cada uno de ellos lo hace con generosidad al trazar las pautas para la educación cuando asume el cargo, por medio de los programas que espera que implemente el Departamento de Educación. Lloyd Bentsen, investigador principal del Centro Nacional de Análisis de la Política [National Center for Policy Analysis] en su informe del año pasado identificó cuatro iniciativas federales de reforma de la educación que han fracasado después que miles de  millones de dólares fueran gastados de manera irresponsable en el sistema escolar.

  • Objetivos 2000 [Goals 2000] (en la Administración de Bill Clinton): Este programa sentaba las bases para medir el progreso del estudiante y para proporcionar al estudiante el apoyo necesario para cumplir con esas normas. Resultados: «Las cláusulas obligatorias escondidas en la letra menuda hicieron que muchos estados descartaran el programa».
  • No Dejar Niños Atrás [No Child Left Behind] (en la Administración de George Bush): el objetivo principal de este programa era aumentar las notas en las pruebas. Resultados:   «La Educación fue perjudicada, porque a los estudiantes les ayudaban a aprobar las pruebas, en vez de enseárles un buen programa de estudios para prepararlos para la vida en el siglo XXI».
  • Carrera a lo Máximo [Race to the Top] (en la Administración de Barack Obama): Este programa incluía «robustos planes para tocar las cuatro áreas claves de la reforma de la educación primaria y preescolar». Resultados: «Hacia 2012, los estados estaban más bien retrasados en el  cumplimiento de los objetivos de la mejoría de la instrucción y en los resultados de las escuelas y materias. Muchos estados sufrieron retrocesos sustanciales debido a promesas nada realistas y desafíos inesperados».
  • Núcleo Común [Common Core] (en la Administración de Barack Obama): Este programa estableció normas de lo que debían aprender los estudiantes en cada grado escolar. Resultados: Hay una reacción y retiro del apoyo a causa de las «graves preocupaciones que despierta el programa, tales como el costo y el tiempo de clase que se pasa en las pruebas estatales».

Aunque esos costosos programas sonaban nobles en teoría, cada uno, cuando fue implementado, produjo algún grado de inestabilidad en el proceso de enseñanza. En cada caso, el éxito era impedido por la falta de un planeamiento inteligente. Para contribuir al fracaso, muchos maestros veteranos, conscientes del resultado en base a su experiencia, trataron a los programas como lo que eran: gritos de la moda sin ningún valor educacional a largo plazo. Muchos de ellos vieron en estos programas una forma irresponsable de añadir otra capa de confusión al proceso educativo. Una vez yo llamé a la educación gubernamental un ruido de muchos miles de millones de dólares. En realidad es más que eso. Se ha convertido en  una maquinaria propagandística usada por el estáblishment para  fortalecer su base política con la siguiente generación de votantes. Al debilitar el aprendizaje con programas inadecuados y crear un caos académico en el proceso, ha ensanchado la oportunidad para que los maestros que tengan una inclinación política determinada adoctrinen a los estudiantes sin que nadie les llame a cuentas y así prepararlos para un nuevo orden mundial.

¿Qué hacer para poner fin a todo esto? La respuesta es simple: Tenemos que librar a la Educación de la intervención del Gobierno y dar a los padres libertad para escoger el tipo de educación que mejor se ajuste a las necesidades de sus hijos.