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En los Estados Unidos se enseña el odio, pero no la Biblia

Jake MacAulay | 17 de agosto de 2017

(barbwire.com) – Estoy seguro de que para ahora todos ustedes están al tanto del devastador evento de Charlottesville, Virginia, en el que un hombre de 20 años, poseído por el pecado llamado James Alex Fields, hijo, lanzó su carro contra una muchedumbre de manifestantes que estaban ejerciendo su derecho de asociación garantizado por la Primera Enmienda.

A raíz de ese evento impío, el presidente Donald Trump hizo la declaración siguiente: «El racismo es malo… Los que causan violencia en nombre suyo son criminales y bandidos, incluyendo al KKK, los neonazis, los supremacistas blancos y otros grupos de odio que hacen rechazo a todo lo que los americanos consideramos valioso. Somos una nación fundada sobre la certeza de que todos nosotros somos creados iguales. Somos iguales a los ojos de nuestro Creador. Somos iguales ante la ley. Somos iguales ante nuestra Constitución. Los que difunden la violencia en nombre de los prejuicios atacan al mismísimo corazón de los Estados Unidos».

No necesito decirles cuán importante es que el líder de nuestro país haga  declaraciones así, inequívocas y directas, que condenan el pecado y exaltan la verdad y la norma justa sobre la cual nuestro país colocó su fundamento, un fundamento delineado en la expresión «todos los hombres son creados iguales, dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables». Esta declaración de principio deriva su autoridad de la Biblia, la máxima autoridad en el mundo para la ley y el gobierno, en la que las verdades sagradas no solo fueron descubiertas por nuestros fundadores y antepasados, sino que siguen ahí para ser  descubiertas y aplicadas a nuestras vidas y a las vidas de las generaciones futuras.

Este texto sagrado inspirado por nuestro Creador contiene las siguientes palabras de perpetua autoridad. «Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó».

Debido a que este concepto inviolable está reconocido y codificado en la Ley de nuestra República, los Estados Unidos pueden ser siempre un ejemplo de libertad, igualdad, seguridad y respeto de la dignidad humana.

Verá usted; la igualdad depende del mandamiento de nuestro Creador a Su creación de «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas» y a seguido: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo».

Si nosotros como República nos apartamos de este pacto realizado por nuestros padres fundadores, madres y miles de los que han hecho el sacrificio máximo por este pacto, cumpliremos lo que escribió el padre fundador Benjamín Franklin:

«Decimos que somos republicanos, pero descuidamos el único medio de establecer y perpetuar nuestra forma republicana de gobierno, es decir, la educación universal de nuestra juventud en los principios del cristianismo por medio de la Biblia; porque este divino Libro, por encima de todos los demás, propicia esa igualdad entre todos los hombres, ese respeto por las leyes justas y todas esas virtudes sobrias y frugales que constituyen el alma del republicanismo».

En medio de esta enrome turbulencia, ira, furia, medios de prensa mentirosos que se dedican a dividirnos en aras de las ganancias, esta semana yo les digo: los políticos nunca podrán salvar a esta nación de su autodestrucción. Esa responsabilidad, mis queridos amigos y americanos, nos perteneces a nosotros.

De la misma forma en que se enseña el odio se puede enseñar el amor al prójimo, a nuestro Creador y a Sus leyes, y con eso vendrá la verdadera libertad. Restauremos la moralidad bíblica y nuestra tierra será sanada.