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¡No, yo no respeto sus creencias!

J. Davila Ashcraft | 12 de abril de 2017

(barbwire.com) – Imagínese que esté presenciando una conversación entre un hermano cristiano y alguien que sea partidario de la teoría de la evolución, el matrimonio homosexual y el aborto, por ejemplo. El partidario de todas esas cosas emplea todos los argumentos estándar:

«Es mi cuerpo; que el Gobierno no se entrometa en mi útero».

«Es solo un tejido. No será un bebé hasta que pueda respirar por su cuenta».

«Jesús nunca condenó a los pederastas».

«¿Cómo puede usted ser tan estúpido? ¡La Ciencia ha demostrado la evolución!».

El cristiano bien informado puede responder a cada uno de estos con hechos que refutan cualquier presuposición. Eso a menudo lleva al partidario de semejantes errores a decir algo así como: «Bueno, no me importa lo que usted crea, eso es lo que yo creo»

Ahora imagine a nuestro amigo cristiano respondiendo: «Yo respeto sus creencias, incluso aunque esté en desacuerdo con ellas».

¿Puede ver lo erróneo de semejante declaración?

Observe con cuidado. Yo entiendo que, debido a que nuestra cultura está tan repleta de discursos y pensamientos políticamente correctos,  eso no lo capte al principio, así que tómese un momento para repetir la respuesta, si es que le hace falta.

« Yo respeto sus creencias, incluso aunque esté en desacuerdo con ellas».

Muy bien, si ya está aburrido de tratar de adivinar, se lo diré: ¿por qué un cristiano va a respetar ideas que son falsas?

En la sociedad de hoy semejantes declaraciones casi que salen de la boca sin pensarlo. El relativismo - la idea de que todas las opiniones son igualmente válidas y ciertas y dignas de respeto- ha permeado a la sociedad hasta tal punto, que ha llegado hasta la Iglesia. Para muchos es el centro focal de su epistemología. Esa clase de cristianismo diluido impide una apologética coherente y el evangelismo. Después de todo, si usted respeta el error, entonces ese error debe tener tanta validez como la verdad. Ciertos cristianos, desesperados por que los vean «diferentes» a «esos otros» cristianos (Usted sabe, esos cristianos que los izquierdistas aborrecen, porque defienden su fe y defienden una herencia cultural cristiana saludable) estarían dispuestos casi a arrastrarse de rodillas para complacer a los de izquierda, pensando que eso es de alguna manera «atraerlos con amor al Reino». Dan cabida a la «diversidad» en asuntos sobre los cuales la Escritura es clara como el agua, como si la diversidad fuera en algún modo un enfoque hermenéutico, o una virtud que invalida la necesidad de la ortodoxia y la ortopraxis.

No me interprete mal: el amor es una parte esencial del evangelismo. Lo entiendo. No obstante, si los cristianos se portan de forma servil, eso no es amor; es autoflagelación y servilismo ante el mundo, aunque sea a un nivel intelectual. Tenemos que decir la verdad, y no tratar de ser políticamente correctos y pensar, con un concepto extraño y distorsionado de la santificación, que eso nos hace más piadosos.

He buscado con ahínco. Realmente. Lo he hecho.

He buscado bien ese texto que dice que tengo que respetar el error, las falsas enseñanzas y las mentiras. Quizás sea un defecto de mis capacidades de estudio, pero no puedo encontrarlo. De hecho, hallo más bien lo contrario.

Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas  - Efesios 5:11

Ahora, en el lugar de donde vengo, respetar el error y las falsedades patentes es tener participación con una obra infructuosa de las tinieblas. Respetar el error no hace nada por sacar a nadie de ese error, sino más bien refuerza la idea de que el error está al mismo nivel que la Verdad.

Lo siento, no me creo eso.

¿Y desenmascarar  algo que se considera un error? Bueno, eso es ciertamente ofensivo para algunos.

«Pero usted no querrá ofender a nadie».

Cierto; no quiero ofender intencionalmente a ninguno, pero, permítanme preguntarles: ¿Puede uno desenmascarar un error sin la posibilidad –solo la posibilidad- de ofender a alguien que crea en ese error? Entonces ¿no puedo desenmascarar el error y la falsedad, porque alguien podría ofenderse? Y si se ofenden ¿eso me hace rudo, malo o poco cristiano? ¿De dónde sacamos la idea de que nunca debemos ser ofensivos?

Jesús podía ser bastante ofensivo a veces.

 Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer- Juan 8:44

¡Serpientes, generación de víboras!… - Mateo 23:33

No estoy sugiriendo que empecemos a insultar a la gente. Ninguno de nosotros es Dios (y Jesús ciertamente lo es) así que yo no conozco el corazón de una persona ni sus pensamientos más íntimos. No obstante, esto sí demuestra que Jesús podía ser ofensivo y lo será cualquier cristiano que combata el error. Más aún cuando usted podrá nombrar los errores específicos y demostrar cuán lejos de la Verdad están en realidad.

Se nos ha mandado proclamar la Verdad, a tiempo y fuera de tiempo; cuando es bien recibida y cuando no lo es (2 Timoteo 4:2). No digo que tengamos licencia para ser unos insolentes, porque claramente no la tenemos (Efesios 4:15). Lo que estoy diciendo es que el Evangelio ofende. Ofende al abortista, ofende al izquierdista, ofende al homosexual, ofende al evolucionista. Ofende porque el error no puede sopotar la luz de la Verdad, y la Verdad no respeta al error.

De igual manera, decir «Yo respeto sus creencias» es en sí un error. Como escribe Pablo a Timoteo:

Mas evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad.  Y su palabra carcomerá como gangrena - 2 Timoteo 2:16-17

¿Puede haber algo más profane que afrentar la Verdad de Dios? El mero hecho de que uno respete opiniones basadas en falsedades provoca que esa falsedad se propague como un cáncer.

Repito, decir que usted respeta el error en concederle al error una dignidad que no posee ni se merece. Es colocar al error al mismo nivel que la Verdad, aunque sea tan solo en la mente del que está en el error. Así que, aunque me interesa el individuo, cuando discuto con él procurando su bien mayor (Cristo) no respeto sus falsas creencias, ni simularé hacerlo. ¿Qué me dice de usted?