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Qué sucedió cuando Nueva Zelanda se libró de los subsidios gubernamentales para los granjeros

Josh Siegel | 2 de septiembre de 2016

En 1984, cuando se enfrentó a una crisis presupuestaria, el gobierno de Nueva Zelandia abolió los subsidios a los granjeros. Desde entonces, la industria agrícola ha prosperado. (Foto: Matthew Williams-Ellis / robertharding/ Newscom)

(The Daily Signal) – En 2006, Chris Hausman, un granjero de cuarta generación del Medio-Oeste, acostumbrado desde hace tiempo a depender de los subsidios del gobierno a los granjeros para poder sobrevivir, viajó al otro extremo del mundo para presenciar una revolución en la agricultura.

Habían pasado más de 20 años desde que un gobierno izquierdista de Nueva Zelandia decidiera eliminar los subsidios del gobierno a los granjeros y Hausman quedó sorprendido de lo que había ocurrido desde entonces. 

«Les contaré que fue un shock para su sistema de agricultura» - dice Hausman, de 58 años, quien cultiva maíz y frijoles de soya en un lote de 1,500  acres a 150 millas al sur de Chicago.

«Había un sistema dictado por los programas del gobierno que fue echado por la borda de un día para otro» - añadió Hausman en una entrevista reciente con The Daily Signal. «Sin embargo, los granjeros se adaptaron y ahora Nueva Zelandia es una potencia en lo que respecta a la producción agrícola a nivel mundial».

Hausman, al igual que muchos otros del ramo, tiene cuidado de no comparar la experiencia de Nueva Zelandia con lo que podría suceder en los EE.UU. Él está agradecido por el seguro de cultivo con subsidio federal que le provee su gobierno.

Ahora bien, los que participaron es el grandioso experimento agrícola de esta pequeña nación insular lo enarbolan como un caso de estudio valioso para los políticos del mundo entero.

«Cada país es diferente — eso es un detalle importante que hay que añadir a la conversación» - dijo Mike Petersen, enviado especial de Nueva Zelandia para el comercio agrícola, durante un evento de la semana pasada en la Fundación Heritage. «Pero lo que sí puedo decir es que iniciamos un proceso increíble de innovación, arrojo y determinación por parte de la gente que quería realmente hacer que esto funcionara».

«Acción drástica»

El paso de Nueva Zelandia a una política de cero subsidios para la agricultura se produjo por necesidad. Al enfrentar una crisis presupuestaria en 1984, el gobierno laborista que entraba en funciones dio el primer paso para implementar una serie de reformas de mercado al eliminar unos 30 subsidios diferentes a la producción agrícola e incentivos a la exportación.

«He hablado con diplomáticos que representaban a Nueva Zelandia en aquella época, y estaban pagando los gastos del país con sus tarjetas de crédito personales» dice Petersen, quien es un granjero en activo en Waipukurau y no está considerado un funcionario del gobierno. «El gobierno tuvo que tomar una acción drástica en ese momento, y analizó los elementos que ellos consideraron que serían los más rápidos y más fáciles».

Pero no fue una decisión fácil.

La economía de Nueva Zelandia depende de la agricultura mucho más que la de los Estados Unidos. Nueva Zelandia es un país con unos 4.6 millones de habitantes sin mucho mercado interno para productos como la leche, la carne y la lana. Sin embargo, Nueva Zelandia produce alimentos suficientes para 46 millones de personas, dice Petersen, y, al contrario de los Estados Unidos, exporta sobre el 90 por ciento de su producción.

En aquel momento, los funcionarios predijeron que el cese total y repentino de la ayuda del gobierno — sin que hubiera un sistema de apoyo para facilitar la transición — causaría un éxodo masivo de los granjeros de sus tierras.

«Hubo una asistencia financiera mínima del gobierno de Nueva Zelandia a los granjeros para ayudarlos a hacer la transición hacia un mercado no asistido» — dice Nick Clark, gerente de política general de los Granjeros Federados de Nueva Zelandia.

En respuesta a las preguntas que le envió por correo electrónico The Daily Signal, Clark dice que a los granjeros que querían abandonar su trabajo, el gobierno les dio una «subvención de salida» igual a los dos tercios de su ingreso anual previo. Adicionalmente, los granjeros de bajos ingresos tenían derecho a recibir ayuda de la seguridad social.

El gobierno además contribuyó a financiar un trust establecido para asesorar a los granjeros si tenía sentido, desde el punto de vista económico, seguir en el negocio.

«En general, sin embargo, no hubo un esfuerzo gubernamental significativo para paliar el efecto del cambio» — dice Clark.

Hacia 1987, los precios de los productos de primera necesidad, que se reducían, y los costos que iban aumentando, redujeron los ingresos y exacerbaron los problemas de deudas de muchos granjeros, que ya estaban pagando altas tasas de interés debido a la inflación.

Los productores lecheros de Nueva Zelandia están sufriendo pérdidas últimamente debido a los bajos precios de la leche. (Foto: Ingram Publishing / Newscom)

El precio de la tierra, que había sido «inflado artificialmente debido a los subsidios», dice Clark, se desplomó.

De todas formas, el cese repentino de los subsidios del gobierno tuvo un impacto menor que el que se esperaba. Sólo alrededor de 800 granjas, es decir, el 1 por ciento del total de granjas de la época, tomaron la subvención de salida, dice.

Una buena parte del desarraigo sucedió en comunidades rurales, algunas de las cuales se aseguraron de manifestarle sus penas al gobierno.

Maurice McTigue, miembro del Parlamento de Nueva Zelandia en la década de 1980, recordó en una entrevista con The Daily Signal que miles de granjeros protestaron en la capital, Wellington, soltando ovejas en propiedades del gobierno para hacerse escuchar.

La decisión de hacer un cambio dramático fue del tipo personal para McTigue y otros del gobierno. Alrededor del 40 por ciento de los miembros del Parlamento eran granjeros, dice McTigue, incluyéndolo a él.

«Todavía tengo rasguños y golpes para mostrar como prueba de ello» — dice McTigue, hoy vicepresidente de extensión en el Centro Mercatus de la Universidad George Mason en Arlington, Virginia, una organización de investigaciones que dice está para cerrar la brecha entre las ideas académicas y los problemas del mundo real.

«Es fácil mirar atrás y decir que aquella fue una buena decisión y que la agricultura se benefició, pero pasar realmente por ello fue una experiencia difícil» — dice McTigue.

«Cuán buenos son»

Hoy los granjeros de Nueva Zelandia están entre los más productivos e innovadores del mundo. El perder por completo la ayuda del gobierno, dicen los funcionarios neozelandeses, dio libertad a los granjeros para producir lo que la gente realmente quería, y para hacerlo de una manera eficiente, para que pudiera generar ganancias.

A partir de las reformas, los granjeros de Nueva Zelandia han reducido los costos diversificado el uso de sus tierras y desarrollado nuevos producto, dice Clark.

Adicionalmente, la productividad de la agricultura se ha incrementado más rápido que la economía de Nueva Zelandia en general.

«Después de haber atravesado los problemas, podemos decir que cortar de repente fue lo correcto, aunque, francamente, no creo que ningún otro país del mundo pueda hacerlo, ni yo esperaría que lo hiciese, porque el costo social sería imposible de soportar» — dice Petersen. «Pero aquí hemos desarrollado un nuevo sentido de ingeniosidad que ha alentado a los granjeros a velar por sus propios intereses. Personalmente creo que muchos granjeros subestiman lo buenos que son y lo exitosos que pueden ser apoyo de gobierno».

El gobierno de Nueva Zelandia ha estimulado la innovación y ha aprobado legislación que permite que grupos que representan a distintos sectores agrícolas voten cada seis años si sus miembros desean pagar unas cuotas para financiar las investigaciones y el desarrollo.

Los lecheros de Nueva Zelandia producen hoy 2,200 productos lácteos, comparados con unos 35 antes de las reformas, dice McTigue, incluyendo leche con anticuerpos y queso de chocolate.

El país cuenta también con una industria vinícola próspera que apenas existía antes de las reformas. A pesar de esos logros, la industria láctea de Nueva Zelandia ha pasado por tiempos difíciles en los últimos tres años, pues los granjeros se enfrentan a precios persistentemente bajos de la leche.

Aunque las lecciones que pueden aprender los Estados Unidos de Nueva Zelandia son cuestionables, los neozelandeses parecen saber qué es lo que quieren.

«En nuestra experiencia, los granjeros no desean subsidios del gobierno» — dice Clark, el funcionario de los Granjeros Federados de Nueva Zelandia. «La mayoría de los granjeros quieren que el gobierno se salga de sus vidas y no quieren tener que responderle a él».

Petersen viaja con frecuencia por todo el mundo para contar la historia de Nueva Zelandia y para abogar por el libre comercio. Aunque él dice que no se siente cómodo al hacer recomendaciones de políticas, dice que tiene la obligación de relatar los éxitos de su país.

«La realidad es que la demanda de alimentos en el mundo, particularmente de alimentos de alta calidad como los que podemos producir, está creciendo como nunca antes» — dice Petersen. «Tenemos la responsabilidad de ver si podemos alentar una producción de alimentos tan eficiente como sea posible, por el mundo y su futuro».