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Ben-Hur: La historia detrás del libro que ha inspirado las películas

Jerry Newcombe | 19 de agosto de 2016

(Constitution.com) – Una nueva versión de la película Ben-Hur está a punto de llegar a las pantallas. Lo que resulta fascinante para mí es la historia detrás del libro, que también ha inspirado a dos películas anteriores: la versión silente de 1925 y la «película del año» de 1959, protagonizada por Charlton Heston. Esa versión ganó 11 Óscares, más que ninguna otra película anterior y desde entonces ha sido igualada sólo una vez por Titanic (1997).

Todavía no he visto la nueva Ben-Hur, pero aguardo con ansiedad el momento, y me gusta que venga muy recomendada por algunos líderes cristianos.

¿Sabe usted que el subtítulo del éxito de librería de 1880, escrito por Lew Wallace es: «Una historia del Cristo»? Yo tengo un ejemplar, que fue reimpreso en 1959 para que coincidiera con la película de Charlton Heston. La contratapa del libro dice: «Ben-Hur: noble, galeote, corredor de carros, seguidor de Cristo».

Después de la página titular del libro, y antes que comience el contenido, está esta cita de La Natividad de Cristo: El Himno, de John Milton:

«Pero apacible era la noche
»En que el Príncipe de Luz
»Su reino de paz en la tierra comenzó
»Los vientos silban con admiración
»Besan las aguas con suavidad
»Murmurando nuevos gozos al manso océano
»Que ahora casi se ha olvidado de agitarse,
»Mientras aves de calma se posan a empollar en las ondas encantadas».

Pero, ¿cuál es la historia detrás del libro? No comenzó en lo absoluto como una obra para honrar a Cristo. Según el escritor E. A. Rowell, Ben-Hur tuvo su inicio como un intento de desacreditar al cristianismo.

En la última mitad del siglo XIX, uno de los incrédulos más conocidos de los Estados Unidos, Robert Ingersoll, estaba hablando de teología con un amigo, el general Lew Wallace. Ambos estaban de acuerdo en que el cristianismo era una tontería.

Ingersoll le dijo a Wallace que, como era un escritor, tomara la pluma y desenmascarara al cristianismo de una vez por todas, mostrando que descansaba en un fundamento frágil y señalando que el propio Cristo era falible. Wallace estuvo de acuerdo en aceptar el reto. 

Sin embargo, su investigación del carácter histórico del cristianismo lo llevó a ver que él e Ingersoll habían estado equivocados y que de veras la fe cristiana estaba basada en un hecho histórico sólido. Sí, escribió un libro, pero no fue de la clase que se había propuesto escribir en un inicio.

El Dr. James Kennedy dijo de la novela de Wallace: «Escribió el libro.  Fue un éxito gigantesco… Ben-Hur. No presentó a Jesús como un mero hombre, sino como el divino Hijo de Dios venido del cielo para redimir a la humanidad, incluyendo al general Lew Wallace, el escéptico convertido en creyente».

Es comprensible que la película haga énfasis en la escena de la veloz y emocionante carrera de carros. Pero en el libro original hay mucho más sobre Jesús.

Incluso en la película de 1959 la muerte de Cristo es la clave para resolver uno de los principales conflictos de la historia: cómo la hermana y la madre del personaje principal Judas Ben Hur son sanadas de lepra a resultas de la crucifixión. Ellas habían contraído la lepra mientras languidecían injustamente en una prisión romana.

En la novela, Wallace comenta de la terrible enfermedad: «Ser un leproso era ser tratado como un muerto, ser excluido de la ciudad como un cadáver… temeroso de morir, pero sin otra esperanza que no sea la muerte…»

En el libro él sitúa la sanación de ellas el Domingo de Ramos, cuando Cristo hace su entrada triunfal en Jerusalén. Las dos mujeres leprosas ven Su aparición en público como su única oportunidad de llegar a Él para que las sanara.

Cuando Jesús va pasando, ellas claman a Él para que las ayude. Apenas la multitud ve a aquellas leprosas, grita a su vez: «¡Apedréenlas!» «¡Las malditas de Dios! ¡Mátenlas!».

Sin embargo, Jesús se detiene a mirar a las mujeres, que le dicen: «¡Oh, Maestro, Maestro! Tú ves nuestra necesidad, Tú puedes limpiarnos. Ten misericordia de nosotras;  ¡misericordia!». También le dicen: «Tú eres aquel de quien hablaron los profetas; Tú eres el Mesías!». Y Jesús las sanó.

También en el libro un personaje dice del reino de Cristo: «Hay un reino en la tierra, aunque no es de ella; un reino que va más allá de la tierra; más ancho que el mar y la tierra aunque fueren enrollados como el oro más fino y batido con martillos. Su existencia es un hecho, igual que nuestros corazones son un hecho, y transitamos por él sin verlo desde el nacimiento hasta la muerte; ningún hombre lo ha visto sin conocer antes su propia alma, porque el reino no es para él, sino para su alma. Y en su dominio hay una gloria tal que no ha sido concebida en la imaginación…».

Así que la novela de Lew Wallace, Ben-Hur, glorifica a Jesucristo y está muy lejos de la visión original de Ingersoll. Como señala el libro de Proverbios: «No hay sabiduría humana ni entendimiento ni proyecto que puedan hacerle frente al Señor» [Pr. 21:30 NTV].