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Historias escolares trágicas

Walter E. Williams | 3 de febrero de 2015

Las escuelas de Nueva York son las más segregadas de la nación, y el estado necesita remediar eso ahora mismo. Ese fue el mensaje de la canciller Merry H. Tisch al Gobernador y la Legislatura de Nueva York. Dijo ella que los niños de minorías estaban atrapados desproporcionadamente en escuelas faltas de talento profesoral, de ofertas de cursos y de los recursos necesarios para prepararles para la universidad y el éxito.

Pedir simplemente más recursos escolares proporcionará resultados frustrantes. Hay algunos requisitos mínimos que todo niño debe cumplir para que le vaya bien en la escuela. Alguien debe hacer que el niño haga sus tareas, se asegure de que duerma ocho o nueve horas diarias, le dé el desayuno, se asegure de que se porte bien en la escuela y respete a los maestros. Ninguno de esos requisitos puede ser cumplido por un presupuesto de educación más grande. Deben ser cumplidos por las familias, o todo lo demás será en vano.

Linda Ball, una maestra de historia y gobierno de una escuela preparatoria en Cincinnati, ha escrito un cautivador libro acerca de sus experiencias, titulado «185 Días: Historias escolares». Echemos un vistazo a unos pocos de sus días.

El Día 167, la Sra. Ball mandó a un estudiante al cuarto de disciplina por interrumpirla y estar en su clase sin permiso. Cuando el estudiante finalmente decidió abandonar el aula, le dijo: «¡Vete a la m*****!» y después la golpeó en la cabeza con unos papeles. En la sección del Día 10 hay una breve historia de cómo se logra el respeto. Wesley, un estudiante con un cociente de inteligencia de 140, hizo un trabajo excelente sobre la Ilustración, pero terminó nada más que la mitad de la tarea y obtuvo una F [Desaprobado]. Jake, un estudiante que repetía la clase, le dijo a Wesley: «Hoy te has ganado mi respeto». El fracaso nos garantiza el respeto. 

He aquí un resultado de una tarea de la Sra. Ball para proponer una XXVIIIª Enmienda a la Constitución de los EE.UU., escrito por un estudiante de tercer año de preparatoria: «Yo creo que la 28 Enmienda debía ser de la occión [sic] de ir a la escuela. Yo creo que eso debía ser voluntario y no algo que tienes que hacer. Porque la escuela no e’ para alguien como yo. Por ejemplo, la escuela no e’ para mí».

Está también «Día 44: El graduado». David, un estudiante de último año, no ha aprendido mucho desde el tercer grado, pero lo han aprobado y está a punto de graduarse. La Sra. Ball dice que no todo el mundo necesita ser capaz de analizar las motivaciones de un personaje literario ni saber si los motivos de los Estados Unidos para entrar en la Guerra Hispano-Americana estaban justificados. A David debían haberle ahorrado al tortura y haberle asignado actividades más apropiadas. Seguramente podía limpiar mesas de cafeterías, hacer mandados y cambiar el aceite y las gomas. Se pregunta por qué los educadores tratan de meter a la fuerza tacos cuadrados en huecos redondos año tras año, niño tras niño.

La educación groseramente pobre que reciben tantos negros exacerba los problemas raciales. Durante los disturbios del año pasado en Ferguson, Missouri, alguna gente se quejó de que, de los 53 policías de la ciudad, sólo cuatro eran negros. Semejante observación por lo general conduce a sugerencias de discriminación racial, pero nunca a cuestionar la capacidad de los graduados negros de la preparatoria de aprobar un examen para el servicio público.

Es natural que un negro con diploma de preparatoria se considere igual a un blanco con diploma de preparatoria. A sus ojos, las diferencias de tratamiento del empleador se deben a la discriminación racial. A pocos se les ocurre que el graduado negro de preparatoria promedio tiene el nivel académico de un estudiante blanco de séptimo u octavo grado, o quizás más bajo. Los graduados negros de preparatoria con diplomas inmerecidos no tienen conciencia de que son fraudulentos. Si los políticos y líderes negros de los derechos civiles lo saben, se niegan a reconocerlo en público.

La conclusión es que, si no se hace nada para cambiar la vida familiar y los valores culturales que producen los caracteres y ambientes desfavorables al aprendizaje, que son el tema del libro de Linda Ball «185 Días: Historias escolares» se podrá hacer muy poco para mejorar la educación de los negros. Lo mejor que pueden hacer los políticos es darles a los padres y niños que toman la educación en serio un mecanismo para salir de las escuelas corruptas. Esa opción es algo contra lo que el establecimiento de educación lucha a brazo partido.