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Instrucciones de Benjamín Franklin para los futuros inmigrantes

Gary DeMar | 24 de noviembre de 2014

La mayoría de las personas que se oponen a los planes de inmigración de Obama no se oponen a la inmigración en general, sino a lo que se han convertido los Estados Unidos en particular. Las grandes oleadas de inmigrantes que edificaron a América tuvieron lugar cuando el gobierno de los Estados Unidos era relativamente pequeño y no se inmiscuía en las vidas. No había un Departamento Federal de Educación, ni Gran Sociedad, ni vales para comida, ni Medicare, ni Seguridad Social; se usaba poco (si acaso) el dinero de los contribuyentes para la educación preuniversitaria, no había atención médica nacional, ni un impuesto atosigante que afectara a la clase media.

La enmienda sobre el impuesto federal sobre los ingresos no fue aprobada hasta 1913, y afectó a un pequeño segmento de la sociedad. No había una redistribución de riqueza como la vemos hoy en día. Los que votaron por la 16ª Enmienda creyeron que sólo los ricos iban a ser gravados. ¡Qué equivocados estaban!

Los que inmigraban a los Estados Unidos hace 100 años o más no podían contar con la generosidad del gobierno nacional, ni siquiera con los gobiernos estatales, para que se hicieran cargo de ellos económicamente. 

En 1782, Benjamín Franklin escribió un panfleto titulado «Information to Those Who Would Remove to America»  [Información a los que quieran mudarse para los Estados Unidos]. Muchos europeos que querían emigrar a América tenían creencias no realistas sobre lo que les esperaba, y Franklin se las corregía. Menciona el Artículo 36 de la Constitución de Pennsylvania, por el cual las personas que quisieran residir en el estado no debían tener ilusiones acerca de qué esperar. 

«Todo Hombre Libre, para preservar su Independencia (si no tuviera la suficiente Hacienda) debe tener alguna Profesión, Vocación, Oficio o Granja, mediante la cual pueda subsistir honestamente».

Los que querían residir en Pennsylvania eran desalentados a procurar obtener una vida provechosa buscando un puesto político. «Por cuanto, siempre que un Puesto, por el aumento de los honorarios u otra causa, se haga tan provechoso que muchos lo soliciten, los Beneficios deben ser aminorados por la Legislatura…. Cuando esas ideas prevalezcan más o menos en todos los Estados Unidos, no valdrá la pena, para ningún Hombre que tenga medios de Vida en su país, expatriarse con la esperanza de obtener un Puesto civil en América».

¡Qué idea más novedosa! Reducir la paga de los funcionarios civiles para que no se acomoden en sus puestos políticos ni los usen para enriquecerse. Adicionalmente, reducir el sistema de pensiones.

Un «Forastero», como llamaba Franklin a los inmigrantes tempranos, sería bienvenido, no por «Lo que él es», sino por «Lo que él puede hacer»

Si tiene algún Arte útil es bienvenido; y si lo ejerce, y se comporta bien, será respetado por todos los que lo conozcan; pero un simple Hombre de Calidad que, a cuenta de esto, quiera vivir a costa del Público por algún Puesto o Salario, será despreciado y tenido en poco. El Labrador es honrado aquí, e incluso el Mecánico, porque sus Profesiones son útiles».

Otro factor que falta en los Estados Unidos hoy es una concepción práctica del mundo basada en ciertos preceptos religiosos aceptados por la mayoría de los estadounidenses.

Franklin señalaba: «Por tanto, los malos ejemplos para la juventud son más raros en los Estados Unidos, lo que debe ser una seguridad para los padres. A esto se puede añadir en verdad que la religión seria, bajo sus diferentes denominaciones, no sólo es tolerada, sino respetada y practicada». Los pilares de la religión son atacados en todas las esferas de nuestra República, y entonces nos preguntamos por qué prevalece una aspereza moral en tantos ámbitos de la vida. La sola mención de la religión es suficiente para que a los liberales les dé un ataque de rabia. 

Franklin creía en los efectos morales de la religión, aunque desdeñaba los conflictos teológicos que a menudo tenían lugar entre las diversas sectas, equivalentes a nuestras denominaciones.

El Ateísmo es desconocido allí; la infidelidad, rara y secreta; así que las personas pueden vivir hasta una edad avanzada en ese país sin que su piedad sea golpeada al encontrar o bien un Ateo o un Infiel…. Y el Ser Divino parece haber manifestado su aprobación a la mutua tolerancia y bondad con que las diferentes sectas se tratan unas a otras, con la notable prosperidad con la que le ha placido favorecer a todo el país». 

Efectivamente, la religión tenía un impacto positivo en los estadounidenses, aunque no todos los estadounidenses se adhirieran a un grupo religioso en particular.

De hecho, sin los beneficios de un concepto cristiano del mundo, incluso con los fallos manifestados por cristianos individuales, los Estados Unidos no serían el refugio deseado que ha sido por más de 200 años. 

Noah Webster, más conocido por su trabajo en el American Dictionary of the English Language [Diccionario Americano del Idioma Inglés] (1828),  escribió lo siguiente en el Prefacio:

«En mi opinión, la religión cristiana es la más importante, y una de las primeras cosas en las que todos los niños que vivan bajo un gobierno libre deben ser instruidos… Ninguna verdad es más evidente a mi razón que la de que la religión cristiana debe ser la base de todo gobierno destinado a asegurar los derechos y privilegios de un pueblo libre».

Antes, en 1814, Webster había escrito:

«El conocimiento, el aprendizaje, los talentos, no están necesariamente relacionados con principios morales y políticos correctos… Y las capacidades prominentes, acompañadas de la depravación del corazón, hacen al poseedor diez veces más peligroso en una comunidad».

En su libro History of the United States [Historia de los Estados Unidos] (1832), escribió: 

«La religión que ha introducido la libertad civil es la religión de Cristo y Sus apóstoles, que conjuga la humildad, la piedad y la benevolencia; que reconoce en cada persona a un hermano o a una hermana, y a un ciudadano con iguales derechos. Este es el cristianismo genuino, y a esto le debemos nuestra Constitución y Gobierno libres…»

El desarrollo del estado de beneficencia y el rechazo a un pacto integral con Dios y la subsiguiente visión moral del mundo de la que va acompañado, han convertido a los Estados Unidos en lo que son.