Categorías: Educación

El adoctrinamiento de los estudiantes

Walter E. Williams | 18 de septiembre de 2013

El nuevo curso académico de los colegios ha comenzado y, desafortunadamente, también he empezado el adoctrinamiento de los estudiantes. Echemos un vistazo a una parte del mismo.

William Penn, profesor de Escritura Creativa de la Universidad Estatal de Michigan [MSU], saludó su primer día de clases con una diatriba antirrepublicana. Campus Reform, un proyecto del Instituto de Liderazgo con sede en Arlington, Virginia, tiene un video que muestra al profesor diciendo a sus estudiantes que los republicanos quieren impedir que las «personas negras» voten. Añadió que «este país todavía está lleno de racistas solapados» y describió a los republicanos como «un hatajo de blancos muertos, o blancos moribundos» (http://tinyurl.com/lve4te7). A un estudiante que al parecer había mostrado disgusto con esos comentarios, el profesor Penn le ladró: «Puede fruncir el ceño si quiere». Gesticuló en dirección al alumno y añadió: «Me parece que está frunciendo el ceño. ¿Lo está frunciendo?» Cuando la conducta del profesor fue puesta en conocimiento de las autoridades del predio, el vocero de la MSU, Kent Casella, dijo: «En la MSU es importante que el ambiente del aula conduzca a un intercambio libre de ideas y sea respetuoso de las opiniones de los demás».

Esa respuesta evasiva es típica de los administradores de universidades. El profesor Penn estaba usando su aula para hacer proselitismo entre los estudiantes. Eso es deshonestidad académica y merece una acción disciplinaria seria o un proceso de despido. Pero no es probable que eso ocurra. La visión del profesor Penn probablemente es compartida por sus colegas, ya que recibió el Premio de Educador Distinguido de la MSU en 2003. El profesor de la Universidad del Sur de California Darry Sragow comparte la opinión de Penn. El otoño pasado se involucró en un discurso en que dijo a sus estudiantes que los republicanos eran «estúpidos y racistas» y «el último vestigio de la gente blanca vieja e iracunda» (http://tinyurl.com/185khtk).

El nuevo año académico de la UCLA [Universidad de California en Los Ángeles] vio al gobierno de los estudiantes de grado luchar por los derechos constitucionales, al aprobar por unanimidad una resolución que exhortaba a dejar de usar la expresión «inmigrante ilegal». La resolución dice: «La palabra que empieza con I, despreciativa de la raza, pone en peligro los derechos humanos básicos, incluyendo la presunción de inocencia y el derecho a un proceso debido garantizados por la Constitución de los Estados Unidos.» Sin duda que algunos administradores y profesores de la UCLA carentes de talento para la escritura ayudaron a redactar la resolución.

El New York Post (25/8/11) publicó una historia sobre una estudiante que se estaba entrenando para hacerse supervisora de dormitorio en la Universidad DePauw en Indiana. Dijo: «Nos dijeron que “humano” no era una identidad apropiada, sino que en vez de eso éramos ante todo “negros”, “blancos”, o “asiáticos”, “varones” o “hembras”; “heterosexuales” o “raros”. Nos obligaron a actuar como prejuiciados y a vociferar estereotipos, mientras nos decían que eso era lo que en realidad estábamos pensando bien adentro.» En muchas universidades, parte de la orientación de los novatos incluye lo que es llamado el «túnel de opresión». Se les enseñan los males del «privilegio de ser blanco» y cómo son parte de una «cultura de la violación». A veces se les obliga a discutir su identidad sexual con personas a las que no conocen en absoluto. La historia del New York Post decía: «DePauw no es un caso raro. Al menos 96 colegios de todo el país han llevado a cabo programas similares del «túnel de opresión» en los últimos años.

Los funcionarios universitarios están al tanto de este tipo de deshonestidad y adoctrinamiento académicos; los albaceas, no. En su mayor parte, los albaceas son incondicionales del presidente. Los legisladores y las fundaciones caritativas que dan millones a las universidades tampoco lo saben. Lo más trágico es que los padres, que pagan decenas de miles de dólares para las matrículas y acumulan enormes deudas para enviar a sus jóvenes a recibir educación, también ignoran la podredumbre académica.

Usted me preguntará: «Williams, ¿qué se puede hacer?». Los estudiantes deberían grabar la propaganda profesional y darle una amplia distribución por Internet. Yo he enseñado durante más de 45 años y habitualmente invitaba a los estudiantes a grabar mis conferencias, de manera que no tenían que ser taquígrafos durante las clases. No tengo idea de adónde habrán ido a dar esas grabaciones, pero si las encuentra, no hallará ningún proselitismo ni discusiones de mis preferencias políticas ni personales. Usar un aula para propagar las creencias personales de uno es deshonestidad académica.

Vladimir Lenin dijo: «Dénme cuatro años para enseñar a los niños, y la semilla que habré sembrado nunca será desarraigada». Ese es el objetivo de la agenda izquierdista de los maestros.