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La fea y desconocida historia detrás de Roe contra Wade

Scottie Hughes | 24 de septiembre de 2013

No sucede con frecuencia que yo esté de acuerdo con la jueza Ruth Baden Ginsburg, pero ella tenía razón por más motivos de los que posiblemente se diera cuenta, cuando dijo el año pasado que la decisión de la Corte Suprema en 1973 sobre el caso Roe contra Wade había ido «demasiado lejos y demasiado aprisa». Roe protegió a casi todos los abortos del proceso democrático y condujo a cuatro décadas en las cuales, incluso según los estimados más conservadores, 50 millones de bebés americanos fueron abortados y extraídos de los vientres de sus madres.

Y ahora, gracias a un libro revelador que salió esta semana, titulado Abuse of Discretion: The Inside Story of Roe v. Wade  [Abuso de discreción: La verdadera historia de Roe contra Wade] escrito por el veterano abogado Clarke D. Forsythe, sabemos que Roe no sólo fue una de las decisiones más controvertidas de la historia de la Corte Suprema, sino también un apuro en juzgar, mal razonado, basado en un alud de desinformación que de entonces acá ha sido desmentido. El primero que echó un vistazo a los papeles de la Corte Suprema, Forsythe, demuestra que los partidarios liberales de la decisión hicieron al menos tres suposiciones tremendamente erróneas.

Primera: Los jueces de la Corte Suprema creyeron que la decisión era buena para la salud de la mujer. Había una creencia difundida entre ciertos medios de que «el aborto es más seguro que el parto». En las últimas cuatro décadas, muchos estudios internacionales han demostrado lo contrario. La incidencia de enfermedades de trasmisión sexual y preñeces ilegítimas al parecer es mayor de lo que hubiera sido si el aborto no hubiera estado disponible a voluntad. También hay un riesgo de violencia doméstica contra las mujeres que se niegan a abortar sus bebés. No es de extrañar que las mujeres en países como Irlanda y Chile, en que el aborto está sujeto a muchas restricciones, gocen de mejor salud que en los países vecinos en que el aborto está disponible con facilidad.

Segunda: Los partidarios del aborto de la época de Roe estaban prisioneros de dos décadas de temores acerca del crecimiento de la población de mundo. Un libro popular del año 1958, escrito por el Dr. Paul Ehrlich, declaraba que «la batalla por alimentar a toda la humanidad ha terminado. En los años 1970 el mundo atravesará por hambrunas: cientos de millones de personas van a morir de hambre.» La revista Journal of the American Medical Association publicó un artículo en el que advertía: «Si nos reproducimos como conejos, a la larga tendremos que vivir y morir como conejos.» Los títulos de los libros populares hablan por sí mismos. El bestseller de Ehrlich fue llamado The Population Bomb [La bomba de la población]. Otro fue titulado Too Many Asians [Demasiados asiáticos].

En esta vorágine de miedo por un futuro cercano, en el cual sencillamente habría demasiada gente sobre la Tierra para darles de comer, el aborto parecía casi científico, al menos para aquellos lo suficientemente miopes como para creerle a Ehrlich y a los de su calaña. Pero ahora sabemos que no había ninguna «bomba de población» (ni hay tampoco «demasiados asiáticos»). Sí, la población ha aumentado, pero las hambrunas y la muerte por hambre no. En lugar de ello, la expectativa de vida y el ingreso medio aumentaron, debido al comercio, la tecnología y la libre empresa, no debido al control de la población.

Tercera: Los jueces del caso Roe «creyeron que estaban favor de la corriente de un sentimiento cultural en pro del aborto», dice Forsythe. Nunca previeron la reacción negativa: el esfuerzo por lograr enmiendas constitucionales, los miles de personas que marchan sobre la Corte Suprema en cada aniversario de Roe vs. Wade, ni la forma en que esa decisión pesa sobre el proceso de nominación para jueces de la Corte Suprema. 

Los jueces hicieron que los Estados Unidos fueran uno de los cuatro países en que las mujeres pueden conseguir un aborto por cualquier razón aparte de la viabilidad (los otros países son Canadá, China y Corea del Norte) pero las encuestas realizadas durante los últimos cuarenta años muestran que la mayoría de los norteamericanos desean que el aborto sea legal solamente en «ciertas circunstancias» antes de la viabilidad. En septiembre de 2011, el 62% de los que respondieron a una encuesta de la CNN apoyaron hacer ilegales casi todos los abortos. Sólo el 9% de los americanos creen que el aborto debe ser legal por cualquier razón y en cualquier momento.

Entre los factores que influyen en la opinión pública, los jueces no previeron los ultrasonidos modernos. Como madre de dos, no necesité un tratado filosófico que me dijera que el niño cuya imagen de ultrasonido cuelga en mi refrigerador era un ser humano viviente. Es una vergüenza que Roe fuera decidido por unos hombres viejos que lo más probable es que nunca hubieran visto una imagen de ultrasonido, y es desafortunado que estuvieran sometidos a desinformación sobre la salud de las mujeres, el control de la población y la opinión popular.