Categorías: Artes y Entretenimiento

El mayordomo que vino de otro planeta

Michael Reagan | 22 de agosto de 2013

Lo hiciste de nuevo, Hollywood.

Has tomado un gran relato sobre una persona real y hechos reales, y lo has distorsionado hasta hacerlo un mazo de mentiras.

Tomaste la historia real de Eugene Allen, el mayordomo de la Casa Blanca que sirvió a ocho presidentes, desde 1952 hasta 1986, y la convertiste en una «película de mensaje» que es un cliché.

En «El mayordomo», de Lee Daniels, el protagonista es Forest Whitaker en el papel de Cecil Gaines, un personaje ficticio que está supuestamente basado en la vida real de Eugene Allen.

Pero vamos a comparar a los dos mayordomos de la Casa Blanca.

Adivinen cuál creció en la Virginia segregada, obtuvo un trabajo en la Casa Blanca y ascendió hasta ser maître d’hôtel, el puesto más alto en el servicio de la Casa Blanca.

Adivinen cuál tuvo una vida tranquila y feliz, y estuvo casado con la misma mujer durante 65 años. ¿Y cuál tuvo un hijo que sirvió honorablemente en Vietnam y nunca dijo ni una palabra de protesta durante los años antes ni después de la era de los derechos civiles?

Ahora adivinen cuál de los mayordomos creció en una granja de Georgia, vio al jefe violar a su madre, y cuando su padre protestó contra la violación, observó cómo el jefe le metía una bala en el cráneo.

Adivinen cuál mayordomo siente el dolor de las injusticias raciales de los Estados Unidos tan profundamente, que abandona su trabajo en la Casa Blanca y se une a su hijo en un movimiento de protesta.

Y adivinen cuál mayordomo tiene una esposa (Oprah Winfrey) que se convierte en una alcohólica y tiene una aventura barata con el tipo que vive al lado. (Me sorprende que no haya sido con el vicepresidente.)

Después de comparar la absurda versión de Hollywood de la historia de la vida de Eugene Allen con la verdad, uno se pregunta por qué los productores no la titularon «El mayordomo que vino de otro planeta».

El guionista Danny Strong dice que estaba tratando de presentar «una especie de vista entre bambalinas de la Casa Blanca» que mostrara a los presidentes y las primeras damas como son realmente en la vida cotidiana. 

Bueno, yo estuve entre bambalinas en la Casa Blanca, unos pocos cientos de veces. Me presentaron y conocí al mayordomo real, el Sr. Eugene Allen, y sé un poco sobre mi padre.

Representar a Ronald Reagan como un racista porque estuvo a favor de levantar las sanciones económicas contra África del Sur es simplista y deshonesto.

Si usted conoció a mi padre, sabrá que él era la última persona sobre la Tierra a la cual uno llamaría racista.

Si Strong hubiera obtenido sus «hechos» de las biografías de Reagan, hubiera sabido que cuando mi padre jugaba fútbol en el Eureka College, uno de sus mejores amigos era un compañero de equipo negro. 

Strong también hubiera aprendido que mi padre invitaba a jugadores negros a cenar en casa, y que una vez, cuando a dos jugadores no les permitieron alojarse en el hotel local, él los invitó a pasar la noche en su casa. 

El guionista Strong también podría haber  sabido que cuando mi padre era gobernador de California nombró más negros para puestos de poder que ninguno de sus predecesores… tomados juntos.

Para mí es terrible que alguien esté tratando de implicar que mi padre era un racista. Él y Nancy  y el resto de la familia Reagan trataban al Sr. Allen con el mayor respeto. 

Era Nancy Reagan quien invitaba al mayordomo a las cenas; no a trabajar, sino como invitado. Y fue mi padre quien promovió al Sr. Allen a maître d’hôtel.

La historia real del mayordomo de la Casa Blanca no implica para nada racismo. Son simplemente los liberales de Hollywood que quieren creer algo sobre mi padre que nunca fue cierto.

La posición de mi padre con relación al levantamiento de las sanciones a África del Sur en los años ’80 no tuvo nada que ver con el tema estrecho de la raza. Tenía que ver con la geopolítica de la Guerra Fría.

Pero los hechos no les importan a los propagandistas creativos de Hollywood. La verdad es demasiado complicada y no es lo suficientemente dramática para los guionistas, que piensan en términos de detalles, y no en general, cuando se trata de un conservador. 

A pesar de lo que piensan los escritorzuelos de Hollywood, mi padre no miraba a las personas según su color. Las veía como americanos individuales. Si los liberales de Hollywood (y de Washington) alguna vez empiezan a mirar a las personas de la manera en que él lo hacía, el país estaría mucho mejor.