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La caída de EE.UU.: El Imperio Romano moderno

Matt Barber | 3 de septiembre de 2013 

Hannah Montana es lo que Estados Unidos fue una vez. MTV Miley es lo que Estados Unidos es hoy. Ella “evolucionó” porque nosotros “evolucionamos”. Lo has visto en pantalla. Es feo. Es satánico. Es “progresivo”.

“Lo que ya ha acontecido
volverá a acontecer;
lo que ya se ha hecho se volverá a hacer ¡no hay nada nuevo bajo el sol!” (Eclesiastés 1:9).

El Apóstol Pablo probablemente escribió su carta a los romanos cerca de 25 años después de la muerte y resurrección de Cristo (entre los años 55-57 d.C.). En el libro de Romanos, Pablo advirtió de la ira de Dios desarrollándose contra el Imperio Romano – de hecho, hacia toda la humanidad – por aceptar y practicar la moral pagana.

Si abordamos las palabras de Pablo con un mínimo de objetividad el lector se queda con esta realización terrible: Las palabras del mensajero escogido por Cristo mismo pintan un retrato siniestramente preciso de Estados Unidos en el año 2013 d.C. La diferencia insignificante es que la moralidad pagana antigua ha sido desinfectada con un eufemismo nuevo: “progresismo” posmoderno.

Es una arrogancia desenfrenada que presume que EE.UU. – a menos que abandone el camino ancho hacia Roma – no sufrirá el mismo destino de ese imperio.

Pero Dios muestra su ira desde el cielo contra todos los que son pecadores y perversos, que detienen la verdad con su perversión. Ellos conocen la verdad acerca de Dios, porque él se la ha hecho evidente. Pues, desde la creación del mundo, todos han visto los cielos y la tierra. Por medio de todo lo que Dios hizo, ellos pueden ver a simple vista las cualidades invisibles de Dios: su poder eterno y su naturaleza divina. Así que no tienen ninguna excusa para no conocer a Dios”, (Romanos 1:18-20).

Por supuesto, se podría escribir un libro entero sobre este pasaje, pero, en esencia, Pablo está señalando que el conocimiento de la existencia de Dios, el poder eterno, la naturaleza divina y la ley moral son evidentes. Sus verdades están escritas en los corazones de cada hombre, mujer y niño – judío, cristiano y pagano por igual. Los que niegan esta realidad “no tienen ninguna excusa”.

Sin embargo, hacemos excusas.

Despega tus ojos de tu teléfono celular, Estados Unidos. Mira a tu alrededor. La ira de Dios "se revela desde el cielo", una vez más.

“A pesar de haber conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se extraviaron en sus inútiles razonamientos, y se les oscureció su insensato corazón. Aunque afirmaban ser sabios, se volvieron necios y cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes que eran réplicas del hombre mortal, de las aves, de los cuadrúpedos y de los reptiles. Por eso Dios los entregó a los malos deseos de sus corazones, que conducen a la impureza sexual, de modo que degradaron sus cuerpos los unos con los otros. Cambiaron la verdad de Dios por la mentira, adorando y sirviendo a los seres creados antes que al Creador, quien es bendito por siempre. Amén”, (Romanos 1:21-25).

De hecho, no hay nada nuevo bajo el sol. La impureza sexual en todas sus formas feas – la fornicación, el adulterio, la homosexualidad, la pornografía, et al. – se celebra por estos " progresistas" "tontos". La cultura estadounidense se deleita en la degradación de los cuerpos mientras se burlan de la pureza. Dios nos ha entregado a los deseos pecaminosos.

Además, si bien la buena administración terrenal es un principio bíblico sólido, el panteísmo y la idolatría de los cuales Pablo advirtió (adoración de la creación y / o falsos ídolos antes que al Creador) aumenta aún hoy en sus formas totalitarias y contemporáneas : ambientalismo radical y la Nueva Era. 

Por esa razón, Dios los abandonó a sus pasiones vergonzosas. Aun las mujeres se rebelaron contra la forma natural de tener relaciones sexuales y, en cambio, dieron rienda suelta al sexo unas con otras (lesbianismo). Los hombres, por su parte, en lugar de tener relaciones sexuales normales, con la mujer, ardieron en pasiones unos con otros (homosexuales). Los hombres hicieron cosas vergonzosas con otros hombres y, como consecuencia de ese pecado, sufrieron dentro de sí el castigo que merecían”,  (Romanos 1:26-27). 

¿Estaba Pablo reprendiendo a los “progresistas” de la Corte Suprema de los EE.UU., al presidente Obama, a los liberales en Congreso y otros porristas por estas “pasiones vergonzosas” y “relaciones antinaturales” – o simplemente estaba describiendo a los desproporcionadamente poderosos y el cabildeo homosexual “de pasiones ardientes” que ellos representan?

Probablemente ambas cosas.

De cualquier manera, el “castigo merecido” de Dios no discrimina. La aceptación oficial en los Estados Unidos del “matrimonio gay”, “el orgullo gay”, el adoctrinamiento homosexual en nuestras escuelas, leyes con respecto a baños “transexuales” y la prohibición de asesoramiento para ayudar aquellos que desean resistir la atracción hacia el mismo sexo no va a terminar bien.

Pregúntale a los romanos.

“Además, como estimaron que no valía la pena tomar en cuenta el conocimiento de Dios, él a su vez los entregó a la depravación mental, para que hicieran lo que no debían hacer. Se han llenado de toda clase de maldad, perversidad, avaricia y depravación. Están repletos de envidia, homicidios, disensiones, engaño y malicia. Son chismosos, calumniadores, enemigos de Dios, insolentes, soberbios y arrogantes; se ingenian maldades; se rebelan contra sus padres; son insensatos, desleales, insensibles, despiadados. Saben bien que, según el justo decreto de Dios, quienes practican tales cosas merecen la muerte; sin embargo, no sólo siguen practicándolas sino que incluso aprueban a quienes las practican”, (Romanos 1:28-32).

Por dónde empezar.

Hemos arribado. ¡Qué vergüenza, Estados Unidos! Nuestros hijos y nuestros adultos están depravados. Ellos están “ocupados” por la envidia. Ellos atacan a gente inocente, golpeándolos y matándolos como si fuera un deporte. Se asesinan unos a otros en las calles sin amor o misericordia. Son desobedientes, dados al chisme, calumnian y odian a Dios. Son insolentes, arrogantes y “pequeños monstruos” jactanciosos. Inventan formas de hacer el mal. La imagen de Hannah Montana es lo que Estados Unidos fue una vez. MTV Miley es lo que Estados Unidos es hoy. Ella “evolucionó” porque nosotros “evolucionamos”. Lo has visto en pantalla. Es feo. Es satánico.

Es “progresivo”.

Aún así, aunque nos hemos convertido en la nación de Romanos 1 y, con excepción de un avivamiento espiritual extendido, caerá al igual que Roma, los que abrazan y siguen la verdad – que es Cristo Jesús – son como las personas de Romanos 8:

“Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu”, (Romanos 8:1-4).

Esa es la buena noticia. Y es un tema para otro día.