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¿Ayudará si recortamos el gasto? La mayoría dice que sí

Emily Goff | 25 de junio de 2013 

Una reciente encuesta realizada por Rasmussen revela que el 65% de los votantes potenciales quiere que el gobierno recorte el gasto para ayudar así a aliviar los problemas económicos del país.

Cuatro años después del fin oficial de la recesión, en junio de 2009, la economía sigue creciendo lentamente. Como informaba antes de ayer el Wall Street Journal, en los últimos años la economía ha crecido en torno a un 2.2% anual, un tercio más lento que el 3.3% del índice promedio de las últimas décadas.

Además, las intromisiones del gobierno no han ayudado. Los enormes estímulos federales contribuyeron a disparar los déficits presupuestarios federales, mientras que la continua amenaza de una subida de impuestos, seguida después por las auténticas subidas de impuestos a las empresas, a los americanos más acaudalados y a toda persona con ingresos (¿se acuerda de la subida del impuesto sobre la nómina?), han puesto trabas a una economía que está intentando crecer de forma desesperada. Siempre que el gobierno sube los impuestos, se deja con menos dinero al sector privado, donde podría ser usado de un modo más eficiente por empresas, inversores y familias.

La deuda nacional del país, de más de $16.7 mil millones, así como su tendencia al alza, tampoco están ayudando. Como comentaron recientemente los analistas de la Fundación Heritage Alison Acosta Fraser y J.D. Foster:

“La economía de Estados Unidos se está recuperando lentamente, pero los gigantescos déficits del presidente Obama, la deuda desbocada y el débil respaldo a las reformas para hacer que los programas de derechos a beneficios de Estados Unidos sean asequibles suponen una grave amenaza económica”.

Sin embargo, Washington sigue ignorando el hecho de que recortar el gasto, no subir los impuestos (y desde luego no aumentar el gasto) es la solución. Para controlar la deuda nacional, el Congreso debería recortar el gasto y poner en marcha reformas programáticas en Medicare, Medicaid y el Seguro Social, de modo que estos programas puedan funcionar mejor para los americanos a día de hoy, pero que también sigan siendo asequibles en el futuro. 

La encuesta de Rasmussen sugiere que los americanos creen que Washington debería replantearse el uso de esas grandes tijeras que se utilizan para cortar las cintas en las ceremonias de inauguración y empezar a recortar con ellas el gasto federal. Las normativas económicas keynesianas de la administración Obama han supuesto un enorme y costoso fracaso a la hora de “hacer arrancar” la economía. Así que ahora Washington debería espabilar y hacer lo que sus votantes quieren: recortar el gasto. Y mejor que sea deprisa, porque el tiempo se está acabando.