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La excepción de la violación: Marcada para el aborto, salvada por una familia adoptiva

Nancy Flanders | 15 de junio de 2013 

Dos semanas después de dar a luz a su segundo hijo, Julia Schoch recibió un correo electrónico que cambiaría su vida para siempre.  Era febrero de 2003, y ella estaba en su casa recuperándose de una cesárea con su marido, su hijo de dos años de edad y su hija recién nacida cuando su marido Andy le dijo que tenía un mensaje que tenía que ver de inmediato.  Era de una amiga que se enteró de una niña embarazada de 13 años de edad víctima de una violación que necesitaba ayuda. Julia resultó ser exactamente la ayuda que esta chica y su bebé necesitaban.  

“Es una de esas historias extrañas de Dios”, explica Julia, “había estado involucrada en cosas pro-vida desde la secundaria, y había supervisado un tablero de mensajes para CBR [El Centro para la Reforma Bio-ética].  Estaba en contacto con personas que eran post-abortivas.  En eso, conocí a una mujer que tuvo un aborto a las 18 semanas y cinco días, y terminé siendo amiga de ella.  En más de dos años de apoyarla y amarla, ella finalmente se sintió lista para compartir su historia.  Ella estaba contando [su] historia en un evento de Cruzada de Campus para Cristo (Campus Crusade for Christ).  En la audiencia, había una joven que compartió que su hermana de 13 años de edad había sido violada y quedó embarazada.  Su madre la estaba presionando para abortar el bebé. Esta chica estaba buscando ayuda”. 

Julia sabía que si le pedía a esta joven, tan sólo en el 8º grado, que fuera en contra de su madre, tendría que darle una opción práctica y realista.  Inmediatamente comenzó orando que fuera el plan de Dios para que ella adoptara a ese bebé.  Después, mientras ella estaba amamantando a su hija y orando acerca de la adopción, se dio cuenta de que Andy pensaría que estaba loca.  La adopción no había entrado en su radar.  Ellos nunca habían investigado o presupuestado para ello.  Pero justo en ese momento, Andy entró en la habitación y le dijo a Julia que él quería adoptar al bebé.  

“Fue ese saber interno que Dios da a veces”, explica Julia.   

Julia le hizo saber a su amiga que ella y su marido querían adoptar al bebé, y luego continuó orando.  Finalmente, tuvo respuesta de que la joven estaba dispuesta a hablar con ella, por lo que Julia, su amiga, y la joven – en otro estado – hablaron por teléfono. Julia descubrió una información desconcertante.  La chica ya se había ido a una clínica para practicarse un aborto.  

La joven le dijo a Julia que estuvo en la clínica de aborto durante seis horas, y que la clínica le hizo una prueba para detectar enfermedades de transmisión sexual (ETS) y le realizaron un ultrasonido.  Sin embargo, no le permitieron ver el ultrasonido y no le informaron de los resultados de las pruebas para enfermedades de transmisión sexual.  Pero eso no fue lo más sorprendente.  

La clínica le informó que tenía 20 semanas de embarazo, pero que a las 20 semanas, el bebé no está formado aún.  Esa fue mentira número uno.  Le dijeron que si ella tenía al bebé, ella no iba a sobrevivir el parto puesto que era muy joven.  Esa fue mentira número dos.  Cuando la chica les preguntó acerca de la adopción, la clínica le dijo que nadie hubiera querido adoptar a un bebé “bi racial” “de un violador”.  Esa fue mentira número tres.

Con el miedo de morir dando a luz a un bebé que nadie quiere, la joven y su madre dieron su consentimiento para el aborto sin estar bien informadas acerca del procedimiento en sí.  Además, el precio que le habían cotizado a su madre para el aborto incluía anestesia local.  Después la clínica descubrió que la niña tenía 20 semanas de embarazo y requeriría una D y E (Dilatación y Evacuación - desmembramiento en vivo) que normalmente implicaría una anestesia general.  

La madre no había llevado suficiente dinero para cubrir los gastos adicionales, por lo que el abortista decidió continuar con el aborto utilizando anestesia local, dejando a la chica despierta para un aborto que tomaría unos 20 minutos mientras la dilatan con varillas de metal (que puede causar problemas de fertilidad). 

“Ella estaba en la mesa, en los estribos y siendo dilatada”, dice Julia, “Ella estaba con mucho dolor y se estaba alterando.  Estaba tan alterada que el abortista le dijo a la madre que la niña estaba haciendo su trabajo muy difícil y aconsejó a la madre que juntara más dinero, hiciera otra cita y regresaran para que pudiera terminar el aborto.  Entre las citas es cuando tuve la oportunidad de hablar con ella”. 

Sabiendo que esta chica no tenía un defensor y que un día se enteraría que lo que la clínica le había dicho acerca de su bebé no era cierto, Julie sabía que lo único que podía hacer por esta chica era brindarle información precisa, y dejar que su amiga compartiera su experiencia de su propio aborto durante el segundo trimestre.  Estas mujeres le dijeron a la chica que se defendiera por sí misma y que investigara todo lo que Julia le estaba diciendo.  Julia le dijo que mientras otras personas podrían seguir adelante y olvidarse de este bebé, por ejemplo su madre, ella nunca olvidaría haber estado embarazada de este bebé.

Poco después de la llamada telefónica, Julia recibió la noticia de que en la mañana de la nueva cita, la niña le dijo a su madre que no seguiría adelante con el aborto.  Un mes más tarde, Julia supo que la joven había elegido a ella ya su marido para ser los padres adoptivos, algo que Julia llama un “honor increíble”. 

A las 23 semanas de embarazo, la madre biológica finalmente comenzó a recibir atención prenatal, y los médicos le dijeron que tenía clamidia, algo que la clínica de aborto nunca se molestó en informarle.  La clínica de aborto la había dejado sin educación sobre su propia salud con respecto a una enfermedad que puede causar esterilidad.  Si hubiera continuado con el aborto, ella probablemente no habría descubierto que tenía clamidia, y tal vez hubiera abortado el único hijo que habría sido capaz de tener. 

Durante el embarazo, Julia y su marido pudieron conocer a la madre biológica y charlar sobre nombres de bebés. La madre biológica invitó a Julia a estar en la sala de partos. Julia dice: 

“Ella nos preguntó si estábamos pensando en nombres y si nos importaba si ella nos decía uno que a ella le gustaba. Pues bien, dos semanas antes de juntarnos con ella, había una niña en el parque con un nombre que nunca habíamos escuchado antes y nos gustó mucho. [La madre biológica] nos dijo que le gustaba el nombre Jaylyn. Fue el mismo nombre que habíamos elegido”.

Cuando llegó el momento de que Jaylyn naciera, Julia, su marido, su hijo y su hija, ahora de seis meses de edad, viajaron y pasaron 11 días en un Holiday Inn. 

“Fue algo loco”, explica Julia, “Ambas [bebés] estaban amamantando.  Simplemente fue algo fuera de serie increíble”. 

Hoy, Julia mantiene una relación con la madre biológica de su hija, que está creciendo, gracias a algunas personas increíbles que se unieron para apoyarla.  Ella comenzó a asistir a la iglesia, al igual que su madre, y son ahora extremadamente pro-vida.  La madre biológica se graduó de la escuela secundaria y ha cursado estudios superiores. 

“Personalmente, pienso que esta chica es un verdadero héroe”, dice Julia, “porque no sólo fue en contra de su madre, sino también soportó una enorme presión de los compañeros y la presión de aquellos en posiciones de autoridad - como los médicos en batas blancas.  Tenía que estar visiblemente embarazada caminando por los pasillos de la escuela. Increíble valentía.  Creemos que ella y madres biológicas como ella son la misma definición de ‘madre’ - amor desinteresado y sacrificio en acción”. 

Julia y su esposo tienen ahora un total de seis hijos.  Y a pesar del hecho de que ellos no tenían el dinero para pagar la adopción de Jaylyn, confiaron en que Dios los iba a ayudar. 

“Al final del mes, cuando estás pagando las cuentas y sabes que no va a entrar más dinero, Dios se aseguró de cubrir nuestras necesidades.  Necesitábamos un anticipo de $400 para un abogado y estoy parada en mi casa diciendo: ‘Señor, no tenemos $400’.  Pero si Él quiere que hagamos esto, Él va a solucionarlo.  Vamos a hacer lo que Él dice y dejarle los detalles a Él.  Fui al buzón de correo y había un cheque por $400 del IRS para la devolución de impuestos en apoyo a las familias con hijos; un plan de George Bush.  Y yo estaba como, ‘Bueno, ahí está’. Fueron ese tipo de cosas todo el tiempo”.

Julia y su marido se han apuntado para ser padres sustitutos para adoptar, al igual que muchos de sus feligreses y vecinos.  Julia también fundó Responde por la Vida (Respond for Life), un grupo que conecta a las personas a los recursos disponibles en el movimiento pro-vida y las oportunidades para la acción en contra del aborto.  Ella educa a la gente sobre el aborto mediante la capacitación y hablar en público y también trabaja con Choices 4 Life (Opciones para la Vida) como un orador en contra del aborto en casos de violación.  Ella es una firme defensora de la adopción, especialmente la adopción de niños con necesidades especiales.  Julia dice:  

La sociedad tiende a tener una perspectiva negativa de la adopción.  Hay una percepción errónea de que los niños adoptados son de alguna manera inferiores a los hijos biológicos.  He encontrado la adopción como una bendición indescriptible.  Un verdadero milagro.  Tuve la oportunidad de comprender más plenamente el amor de Dios por mí a través de la adopción de mi propia hija.  Mi corazón no reconoce la diferencia entre ella y mis hijos biológicos.  Cuando llegamos a la salvación en Cristo, somos adoptados como hijos e hijas de Dios, y él se convierte en nuestro Padre”.

Jaylyn ahora tiene nueve años.  Debido al intento de aborto, ella tiene unas necesidades y retos que tendrá por el resto de su vida.  Ella recibe terapia ocupacional, terapia del habla y terapia física. 

"Ella definitivamente está progresando”, dice Julia, “¡Ella es una adoradora! No sabe cómo cantar en voz baja cuando vamos a la iglesia.  Ella ora y sólo llora.  Le preguntas qué estás haciendo y ella te dirá ‘orando por papá’ o por quien sea que esté orando con las lágrimas corriendo por su cara”. 

Jaylyn también tiene un corazón para los niños y adultos con necesidades especiales.  Julia la ha visto adelantarse y sostener la mano de un joven cuyos dedos están deformes debido a la distrofia muscular.  Su mejor amigo es un niño adoptado que es ciego, casi sordo por complete, y en una silla de ruedas, debido a que es una víctima del Síndrome del Bebé Sacudido.  Él puede oír el tono de voz de Jaylyn, y ella le canta y hace reír.  Si la familia anda en la calle y Jaylyn ve a alguien con síndrome de Down, entonces es con quien quiere hablar o jugar. 

“Es tan hermoso”, dice Julia, “Nunca he visto nada igual.  Los padres están visiblemente conmovidos de tener a sus hijos acogidos incondicionalmente.  Ella les hace sentir que son las personas especiales que son.  Jaylyn es una persona muy especial”.