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Reacción contra el Common Core

Phyllis Schlafly | 15 de mayo de 2013 

Los medios de prensa nacionales no lo han descubierto, pero el tema que está sacando a la calle a centenares de ciudadanos que nunca antes habían asistido a reuniones políticas es el Common Core (CC). Más exactamente, es el intento del Departamento de Educación de Barack Obama de forzar a todos los estados y escuelas a adoptar normas específicas nacionales de educación para cada grado escolar que dictarán lo que todos los niños aprenderán y lo que no aprenderán.

El Common Core [«Tronco Común»] significa el control federal del programa de estudios de las escuelas, es decir, el control por parte de los burócratas izquierdistas de la Administración Obama. El control federal reemplazará todas las decisiones sobre el programa de estudios por parte de las juntas escolares estatales y locales, las legislaturas estatales, los padres e incluso el Congreso, pues Obama soslayó al Congreso al usar $4 mil millones del dinero de estímulo para promover el Common Core. 

No son solamente las escuelas públicas las que deberán obedecer los dictados federales. Common Core controlará los programas de las escuelas charter, las escuelas privadas, las escuelas religiosas, las escuelas católicas y los de enseñanza en casa.

El mecanismo de control son las pruebas. Los muchachos deberán aprobar las pruebas para obtener un diploma de secundaria, ser admitidos a una preparatoria, o recibir un diploma de educación general. Si no han estudiado un programa basado en el Common Core no saldrán bien en las pruebas.

El Common Core no puede ser calificado de voluntario. Como el CC es tan costoso para los estados (se estima en $15 mil millones el reentrenamiento de los maestros y la compra de computadoras para que todos los muchachos hagan las pruebas), el CC es impuesto a las instancias locales mediante una combinación de sobornos, aportes federales y como precio para que el estado obtenga exenciones de cumplir con otros mandatos perniciosos como el de No Child Left Behind

No se haga ninguna ilusión de que el Common Core va a hacer más listos a los muchachos. El nivel académico del Common Core es más bajo que el que muchos estados emplean hoy, y los niveles de matemáticas son tan deficientes que el único matemático que había en el comité de validación rehusó aprobar los estándares de matemáticas. Dijo que las normas del CC estaban dos años por detrás de las expectativas internacionales para el 8º grado y se quedaban aún más atrás para los grados del 8 al 12. Los estándares de matemática del CC reducen los grados en que deben enseñarse el álgebra y la geometría.

Los padres lo pasarán mal para ayudar a sus hijos a hacer sus tareas de matemática. Las normas del CC piden que los muchachos aprendan a sumar columnas o cifras de izquierda a derecha, en vez de derecha a izquierda. 

Los defensores del CC dicen que los nuevos estándares harán que los muchachos estén listos para la preparatoria. Esa promesa es un juego de palabras: los estudiantes estarán listos para ingresar solamente a una universidad comunitaria no selectiva de dos años.

El Common Core significa que las agencias del gobierno recogerán y guardarán toda clase de información privada de cada escolar en una base de datos longitudinal, desde el nacimiento y durante todos los niveles de educación, aparte de darle al gobierno el derecho de compartir esa información de fisgoneo con otras agencias gubernamentales y privadas, y así desvirtuar la ley federal que prohíbe tal cosa. Esta clase de vigilancia y control de los individuos es la marca de un gobierno totalitario. 

El Common Core nos recuerda cómo la China Comunista recogía información sobre todos  sus escolares, las guardaba en sobres de manila llamados dangan y después le entregaba la carpeta al empleador del muchacho cuando éste abandonaba la escuela.

El New York Times publicó una vez una foto de un gigantesco almacén chino que contenía cientos de miles de esas carpetas. Eso fue en la era anterior a la Internet, cuando la información se guardaba en papel; ahora la recolección de datos y su almacenamiento son gestionados eficientemente en computadoras con una mayor invasión de la privacidad.

El Common Core está incrustado de mentiras. No es, como lo anuncian, redactado por los «estados»; es un proyecto nacional creado en secreto sin ninguna opinión de los maestros ni de las legislaturas estatales. No está «comparado internacionalmente»; eso nunca ha ocurrido.

Las lecturas asignadas a los estándares de inglés del CC son en un 50 por ciento textos «informativos» en vez de grandes clásicos ni literatura estadounidense o inglesa. El resultado es que los estándares del CC están muy politizados. 

Las lecturas sugeridas incluyen una charla para vender el cuidado médico gubernamental (como el ObamaCare) y propaganda del calentamiento global (incluyendo un empujón a la Agenda 21). Alguna de la ficción sugerida es inservible e incluso pornográfica, presumiblemente escogida para reflejar la vida contemporánea. Otra de las lecturas sugeridas describe favorablemente a Fidel Castro y sus asociados, sin ninguna indicación de que sean tiranos, comunistas ni asesinos en masa.

Debemos sacar un poco de experiencia de nuestro vecino del norte. Canadá no tiene estándares nacionales (todos los estándares son adoptados localmente) y ni siquiera tiene un Departamento de Educación nacional. 

Los defensores del CC admiten que los estándares no pueden ser cambiados, ni los errores corregidos, porque ya están impresos y tienen derechos de autor. Proyectos de ley para repeler al CC han sido presentados en Oklahoma, Kansas, Michigan, Missouri, Alabama, South Dakota y Georgia, y el gobernador de Indiana Mike Pence acaba de firmar una ley para «poner en pausa» la implementación del CC y efectuar audiencias públicas.

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El 11 de mayo de 2013, el Gobernador firmó la Ley de Common Core de Indiana. Esta ley requiere que la Junta Estatal no emprenda acción alguna para implementar ningún estándar del Common Core y llama a la Junta Estatal, al Comité de Estudios Legislativos y a la Oficina de Gestión y Presupuesto a realizar «evaluaciones integrales» de los estándares del Common Core. Adicionalmente, la Junta Estatal de Educación deberá realizar no menos de tres reuniones públicas.