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El diseño increíble de la química del embarazo

Brian Thomas, Máster en Ciencias* | 12 de agosto de 2013 

El comienzo del embrazo presenta una aparente contradicción. Las madres que están ovulando y al comienzo del embarazo experimentan un aumento de progesterona. Por una parte, esta hormona le indica al sistema inmunológico que retroceda y disminuya su funcionamiento. Esto es fundamental, porque de lo contrario su cuerpo podría atacar y matar las células de la esperma como si fueran invasores no deseados, y ella nunca quedaría embarazada. Sin embargo, por otra parte la progesterona reduce los niveles de colesterol en su cuerpo.  Demasiada progesterona podría malograr a un bebé en desarrollo, el cual requiere colesterol.  ¿Por qué una acción podría a la vez promover y prevenir un mismo resultado? Dos biólogos evolucionistas de la Universidad de California creen haber decodificado la respuesta.

Publicado en la edición de junio de 2013 de The Quarterly Review of Biology, los autores señalaron primero que muchas infecciones, causadas tanto por virus como por bacterias, o bien dependían o se veían reforzadas por las «balsas lípidas», las cuales contienen colesterol y se encuentran incrustadas en las membranas celulares. 1  Los invasores se unen a los lípidos, y los utilizan como puertas para acceder e infectar las células, causando enfermedades.

Normalmente, el sistema inmunológico de la mujer provee abundante protección contra tales patógenos potenciales, pero cuando su nivel de progesterona aumenta su sistema inmunológico disminuye, haciéndola más susceptible a las enfermedades (a la vez que la hace más susceptible a quedar embarazada). Al disminuir los niveles de colesterol al mismo tiempo que disminuye la respuesta inmunológica, su cuerpo reduce el número de puertas disponibles para potenciales invasores – y ella y su bebé quedan protegidos.

A comienzos del primer trimestre, el bebé es tan pequeño que su mayor necesidad es la de tener una madre sana. Más avanzado el embarazo, los niveles de progesterona disminuyen y esto permite que ambos, el sistema inmunológico de la mamá y los requerimientos de colesterol de su diminuto bebé, continúen avanzando a un ritmo perfecto. 

Los autores del estudio escriben: «la modulación del colesterol parece estar exquisitamente cronometrada durante el transcurso del embarazo, ajustándose cuidadosamente a la cambiante importancia de combatir patógenos y de construir el tejido fetal».1 ¿Cómo surgió este exquisito ajuste?2

Los escritores de The Quarterly Review explican que surgió como «una adaptación de segundo orden seleccionada por el aumento de la vulnerabilidad a las infecciones, lo cual es una consecuencia inherente del papel de la progesterona en la tolerancia inmunológica de la madre al embrión [diminuto bebé]». 1 ¿Es que acaso estos autores quieren decir que el riesgo de enfermarse literalmente seleccionó el mecanismo del aparato de comunicación hormonal tan preciso y finamente ajustado, junto con su capacidad de administrar, de manera temporal, pero precisa, las proporciones de elaboración y retención de sustancias bioquímicas específicas y fundamentales como el colesterol?

Tal afirmación no sería científica a menos que pudiera medir o de alguna forma atestiguar los efectos de «la vulnerabilidad a las infecciones» en un animal que aún no cuente con un sistema endocrino, porque la criatura y sus sistemas están todavía evolucionando. Los investigadores no hicieron tales pruebas, ya que los animales poseen el sistema endocrino completo que sus cuerpos necesitan. Sin embargo, los investigadores sí presenciaron la exquisita fisiología entretejida en el cuerpo de las madres. 

¿Cómo puede el origen más reciente de la precisa sincronización del sistema inmunológico y sus procesos interdependientes, ser atribuidos a su necesidad de evitar enfermedades; y cómo pudo haber creado sus propias estrategias intrincadas de mediación ante las enfermedades sin una intervención inteligente externa?  El extenso documento de los autores no se ocupa de estas cuestiones esenciales. Tal vez investigaciones futuras sí lo hagan.3 

Dado que este sistema particular del cuerpo humano es de manera tan evidente el producto de un diseño con propósito, el Creador –no la naturaleza– debería llevarse el crédito por haber inventado las hormonas «perfectamente cronometradas» que se requieren para la reproducción humana. Al describir este nuevo aspecto de la fisiología materna, los científicos evolucionistas revelan otra maravilla a la que el salmista se refirió cuando escribió «porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho[a]». 4

Referencias:

  1. Amir, D., y D.M.T. Fessler. 2013. Boots for Achilles: Progesterone's Reduction of Cholesterol Is a Second-Order Adaptation. The Quarterly Review of Biology. 88 (2): pp. 97-116.
  2. Específicamente, ¿cuál es el origen de esta exquisita sincronización, a pesar de las modificaciones que ha sufrido desde la Creación y la Caída?
  3. En caso de realizarse, deberían también explicar el origen de la especificidad y la precisión coordinadas entre los tejidos y la bioquímica del cuerpo durante la comunicación hormonal. Este conjunto de piezas endocrinas bien ajustadas, en el que la eliminación de una parte colapsa todo el sistema humano, puede requerir cientos de mutaciones simultáneas, perfectamente diseñadas. En consecuencia, se debe explicar cómo el conjunto de mutaciones necesarias para generar proteínas receptoras y redes de retroalimentación tendría que surgir de manera simultánea en las células germinales de la esposa y del marido. Además, ¿cómo podría simplemente el genotipo de sus hijos llegar a dominar toda la población humana?
  4. Salmos 139:14 (La Biblia de las Américas).

*El Sr. Thomas es Redactor Científico del Instituto para la Investigación de la Creación.