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¡Dejen a nuestros soldados expresar su fe!

Rebecca Hagelin | 24 de junio de 2013

Las fuerzas armadas de los Estados Unidos son la institución más confiable de nuestro país. De acuerdo con una nueva encuesta Gallup, los estadounidenses sitúan a los militares en la cúspide de nuestras instituciones sociales, con un 76% de los estadounidenses que tienen «una gran» o «mucha» confianza en los militares. Confiamos en nuestros hombres y mujeres de uniforme. Sabemos que ellos no sólo nos protegen físicamente, sino que también representan nuestro compromiso colectivo con la libertad, incluyendo la libertad religiosa.

Pero nuestros hombres y mujeres de uniforme están en la mirilla del presidente Obama. Está tomando puntería contra su  libertad religiosa, y sin remordimientos.  ¿Es de sorprenderse que un escaso 36 % de nuestros ciudadanos depositen su confianza en nuestra presidencia?

Bajo el régimen de Obama, la libertad religiosa ha sido un asunto que en general se ha ido agravando cada vez más. La presión del Obamacare sobre los derechos de conciencia de los empleadores, hospitales y organizaciones con fines de lucro religiosos, por ejemplo, no muestra señales de disminuir. Y en la medida en que el lobby homosexual aumenta su influencia en la Administración –trazando las políticas del Pentágono sobre el homosexualismo abierto en los militares y presionando por los «matrimonios» del mismo sexo en las instalaciones militares- la hostilidad de los progresistas hacia los creyentes religiosos crece cada vez más.

¿El objetivo actual? Los derechos de conciencia de los capellanes y creyentes militares.

La izquierda ha tratado desde hace tiempo de «sanear» las academias militares del más mínimo olor de religiosidad. La última controversia va más allá de las academias: ha estallado con relación a la Ley de Autorización de la Defensa Nacional (NDAA), una pieza de legislación importante que incluyó provisiones destinadas a aplacar a los activistas LGBT, los cuales buscaban limitar la capacidad e los creyentes de hablar o actuar conforme a sus creencias religiosas.

La Cámara aprobó recientemente una enmienda a la NDAA que refuerza las protecciones de conciencia para los creyentes religiosos. Mientras que una versión anterior del proyecto de ley protegía sólo la «creencia», la nueva versión protege las creencias, las expresiones y las acciones religiosas.

El senador Mike Lee, de Utah, que patrocinó una enmienda similar en el Senado, explica por qué es tan importante proteger las libertades religiosas de nuestro personal militar: «Nuestros hombres y mujeres de uniforme ponen en riesgo sus vidas cada día para proteger nuestros derechos garantizados por la Constitución, incluyendo la expresión de nuestras creencias. El Congreso debe asegurarse de que los estamos protegiendo a ellos también».

¿Quién podría objetar a eso?

Al parecer, la Casa Blanca. La Administración «objeta enérgicamente» contra la enmienda de libertad religiosa de la propuesta de ley NDAA, arguyendo que permitirle al personal militar ser abierto  en cuanto a sus creencias religiosas tendría «un significativo efecto adverso en el buen orden, la disciplina, la moral y el cumplimiento de las misiones». Los activistas homosexuales dicen que las provisiones de conciencia «permitirían al personal militar promover creencias anti-homosexuales sin temor a ser disciplinados».

Las protestas presidenciales no son una sorpresa, realmente, debido a las acciones opresivas del Pentágono controlado por Obama con el propósito de erradicar la expresión religiosa en lo militar, o al menos enviarla al clandestinaje. Los esfuerzos de la Administración no sólo son contrarios a los derechos garantizados por nuestra Primera Enmienda, sino que también muestran a una Administración dispuesta a todo con el fin de silenciar las expresiones religiosas (especialmente de los cristianos).

Todo esto proviene de un presidente que hizo campaña basándose en la «esperanza». ¿De dónde exactamente cree él que viene la esperanza? ¿En quién depositamos nuestra confianza? Oh, correcto. No en Dios, sino en Obama.

Cómo salvar a su familia: No deje que silencien a la esperanza 

No podemos olvidar esta certeza: La esperanza procede de Dios. Y la esperanza que no es defraudada está arraigada en una fe profunda en nuestro Creador, no en las declaraciones vacías de un hombre, ni siquiera de un presidente. Es irónico que la hostilidad izquierdista hacia la religión esté tan profundamente implantada que no puedan ver la importancia de la fe religiosa en las vidas de nuestros soldados valientes. Es precisamente a su fe a lo que se vuelven los soldados en sus momentos más desesperados, y a menudo hallan milagros cuando la fe es difícil de invocar.

¿Qué clase de liderazgo pone a las personas en una misión en que se enfrentan a la muerte y luego les dice que oculten la fuente de su fortaleza? Es una pregunta que hace reflexionar y que revela hasta qué punto prevalece el mal en las políticas de la actual Administración.

Como creyentes tenemos todos los motivos para alimentar una esperanza. Sabemos que el bienestar de este país depende no sólo de nuestros propios esfuerzos, sino, en un final, de Dios, que se ocupa en gran medida de cada uno de nosotros. Que Dios nos mantenga decididos, fuertes y fieles en la protección de la libertad religiosa de nuestros hombres y mujeres de uniforme. Hacer menos nos convierte en indignos de su servicio y sus sacrificios.