Categorías: Apologética y Teología

La violación de la moral

Dr. Joel McDurmon | 31 de octubre de 2013

La mejor manera de refutar a un ateo es citando a otro ateo más consistente. Los ateos modernos se enfurecen y algunos a veces hasta se sienten justificados en ridiculizar a los cristianos cuando recordamos las palabras de Dostoievski (parafraseadas): «Si Dios no existe, todas las cosas son permisibles.» El ridículo se produce cuando se señala que Dostoievsky nunca escribió esta frase exacta, aunque un personaje de Los hermanos Karamázov llega cerca de decirlo. «Ustedes, idiotas, son muy ignorantes. ¡Dostoievski nunca dijo eso!». Por supuesto, la protesta lo único que hace es esquivar el punto real de lo que se dice. ¿A quién le importa si Dostoievski lo dijo o no? El asunto es que resulta imposible justificar leyes morales en un universo sin Dios.

Con emanaciones que bordan en casi una idolatría de Isaac Newton y su énfasis en las leyes de la Naturaleza, Alexander Pope publicó en 1732 su obra «Essay on Man» [«Ensayo sobre el hombre»] como una afirmación de fe, aunque más en la Naturaleza que en Dios. «Todas las cosas suceden acordes con las leyes naturales», era su argumento, y debemos vivir contentos con cualquier cosa que ocurra en la vida. Después de todo, como repite él en su poema, «Todo lo que existe es correcto.»

Piensen en eso: Todo lo que existe es correcto.

Pope no tenía idea de lo que realmente estaba defendiendo. Como vivía en un mundo todavía dominado por la cultura, la ley y la moral cristianas, etc., para Pope, la «Naturaleza» y el «bien» parecían cosas buenas. Lejos estaba de imaginar cuán depravada podía ser realmente una sociedad construida solamente sobre la Naturaleza.

Pope murió en 1744. Apenas cuatro años antes, había nacido otra figura literaria influyente al otro lado del canal de la Mancha: el Marqués de Sade. Pope no viviría para ver la Revolución Francesa, en la que idolatraron a la «Naturaleza» y consagraron a la «diosa Razón» en las catedrales. Sade no sólo vivió eso, sino que se convirtió en la imagen más radical y más consistente de lo que podía ser un sistema de moral basado sólo en los impulsos naturales. En su riguroso acuerdo con la «Naturaleza», Sade muestra lo engañoso que puede ser realmente  un sueño como el de Pope, aunque Sade lo abrazó de todo corazón. Descorrió el telón y mostró un fondo de maldad oscura, sádica (una palabra derivada de su mismo nombre), sin sentimientos, asesina, y pornográfica. ¿En qué se basaba para eso? En el hecho de que una naturaleza sin Dios produce una sociedad sin leyes: «porque nosotros, los que no tenemos ninguna religión, ¿qué debemos hacer con la ley?». [1]

Continuaba diciendo: «La Naturaleza, que dicta por igual las virtudes y los vicios que tenemos…  debido a la necesidad que tiene la Naturaleza de unos y otros, lo que ella inspira en nosotros se convierte en una medida confiable por la cual determinamos lo que es bueno y lo que es malo.» Aunque eso suena algo razonable (él todavía está hablando del bien y el mal, ¿verdad?) él tenía mucho más en mente. Al contrario de Pope, Sade no estaría limitado por los valores morales del bien y el mal que ya estaban afianzados a su alrededor. Él buscaría rigurosamente sólo lo que la Naturaleza dictaba «en nosotros». 

Por ejemplo, el proponía eliminar la pena de muerte, pero no porque creyera que era un castigo demasiado cruel por el asesinato, sino porque él no creía que el asesinato fuera un crimen que debía ser castigado. Y así, decía, debemos abolir también todas las leyes contra el asesinato. El asesinato, después de todo, era un impulso perfectamente natural. [2] La sociedad debe aprender a aceptarlo.

De hecho, a veces el asesinato en masa es provechoso para la sociedad, por ejemplo, para mantener la población reducida y así prevenir la pobreza. Para eso, Sade prescribía el infanticidio: «La especie humana debe ser purgada desde la cuna.» [3]

Sade sólo estaba calentando motores. Una vez que la sociedad estuviera desprovista del castigo por el crimen capital de asesinato, estaba despejado ya el camino para sus actos «naturales» favoritos: los de desviación sexual. Sade proponía el sometimiento incondicional de todas las mujeres a todos los hombres, el incesto, la sodomía, la pederastia, igual que comer las heces como una cuestión de gusto y placer sexual. [4]

Por supuesto, algunos ateos de hoy todavía se atreven a decir que la violación es, en realidad, «natural». Sam Harris, por ejemplo, ha admitido: «Después de todo, no hay nada más natural que la violación.» [5] Aunque admite que de todas formas no es «buena». Hace algunos años un libro titulado Una historia natural de la violación despertó una controversia por la misma afirmación: «Creemos fervientemente que, igual que las manchas del leopardo y el largo cuello de la jirafa son el resultado de milenios de selección darwiniana del pasado, igual lo es la violación.» [6] Igual que Sam, los autores se apresuraron a aclarar: «No estamos diciendo que algo sea bueno, incluso si es natural.» [7] No obstante, el libro le da un respaldo científico, darwiniano y académico a la creencia: «La violación es natural.»

En semejante situación, parece que una ética como la de Pope le ofrece poca ayuda a la humanidad: «Todo lo que existe es correcto», implica: « La violación existe, por lo tanto, es correcta.»

Pero, ¿sobre qué base puede un naturalista denunciar (contrario a Sade) dichos actos como malos? Como el ateo/naturalista cree que no existe nada excepto la naturaleza, sería imposible elaborar una doctrina consistente del «bien» contra el «mal». Lo que es bueno para un hombre puede o no ser bueno para otro. El placer de un hombre es sencillamente el dolor de una mujer (o niña) y, ¿quién puede ser juez entre ellos, excepto la fuerza misma?

Es por eso que los ateos como Sade son importantes: porque desenmascaran cómo es que los ateos más moderados son realmente arbitrarios y blandos en su lógica y su práctica. Sade nos muestra cuán cruel y desalmada es la ética naturalista:

¿Qué derecho tiene usted para decir que las mujeres deben estar exentas de la sumisión ciega a los caprichos del hombre que le dicta la Naturaleza? [8] Hemos recibido de la Naturaleza el derecho de expresar indiscriminadamente nuestros deseos a todas las mujeres… tenemos el derecho de obligarlas a someterse… ¡Por supuesto! ¿No ha demostrado la Naturaleza que tenemos ese derecho, al darnos la fuerza necesaria para doblegar a las mujeres ante nuestra voluntad...? Tengo derechos incuestionables a disfrutar de ella; tengo el derecho de forzarla a este disfrute, si ella se negara por cualquier causa que fuera. [9]

Con la ética naturalista, lo que es natural es bueno, y (si Dios no existe) no hay nadie que tenga derecho a decir lo contrario. Por tanto, la violación no sólo es natural, sino que la propia Naturaleza demuestra que la violación es aceptable, al dotar al violador de mayor fuerza que sus víctimas.

Tampoco la edad ni el bienestar de la mujer afectan la situación:

Una vez que usted me concede el derecho de propiedad para el disfrute, ese derecho es independiente del efecto [perjuicio] que produce. . . . La cuestión del bienestar de ella . . . es irrelevante. En cuanto esta preocupación amenace negar o debilitar el disfrute de aquel que la desea... esta preocupación por la edad deja de existir. [10]  

«Una vez que usted me concede el derecho de propietario para el disfrute....» Ahora bien, este es un concepto profundo del cual todos los naturalistas deben tomar nota. Tomar a la naturaleza como fuente de la moral crea una paradoja para el naturalista: aunque sabe que no tiene autoridad de parte de la Naturaleza para prohibirle al individuo el derecho a gozar, debe hacerlo para evitar que el violador busque su disfrute. El violador sádico, por supuesto, sólo se preocupa por su disfrute personal, y no le importa en lo más mínimo negarle temporalmente lo mismo a su víctima. 

Pero aquí el naturalista se mete en un verdadero callejón sin salida. Al querer impedirle al violador que disfrute, el «buen» naturalista debe apoyarse en la misma norma ética que el violador: al decir que a veces es aceptable impedir el disfrute de otra persona, el naturalista ha adoptado la norma de Sade. En principio, no es mejor que Sade. Por supuesto cuál es la que prevalecerá (esto es, en un mundo naturalista) dependerá sólo de cuál sea lo suficientemente astuta, secreta o poderosa para imponer su voluntad.

En otras palabras: en un mundo naturalista te saldrás con la tuya en lo que puedas. Es decir, para los naturalistas, que la fuerza hace el derecho.

En un mundo cristiano, por supuesto, tenemos un sistema inmensamente mejor. La humanidad, hombres y mujeres, están creados a la imagen de Dios. Por lo tanto, están destinados a expresar la voluntad de Dios, los Diez Mandamientos, en la sociedad. Un ataque a otra persona que lleva la imagen de Dios es un ataque al mismo Dios. Envilecer y deshonrar esa imagen por medio de la maquinación, el secuestro, la atadura, la violencia sexual y el robo, es decir, por la violación, es esencialmente quebrantar toda la segunda tabla de la Ley con un solo acto. Un acto así de rechazo flagrante de Dios y la preciosa imagen de Dios en la tierra como lo es la violación, merece la pena de muerte. 

Esta moralidad es trascendente, desciende de lo alto y eleva al hombre hacia un propósito, honor y significado más altos. La ética naturalista rebaja al hombre al nivel de la materia sin legalidad ni significado. En semejante mundo, el asunto no es si la violación es buena o mala, es básicamente quién puede violar a quién. Rechaza a Dios y destruirás la ley, y abrirás las compuertas que destruirán también al hombre. 

El naturalismo es, por tanto, la violación de la moral.

El siguiente gran ateo congruente llegó una generación más tarde con Friedrich Nietzsche. Usó la misma lógica rigurosa que Sade: «Cuando uno abandona la fe cristiana, uno saca el derecho de la moral cristiana de debajo de sus pies....» Así, cuando los naturalistas

Creen realmente que ellos conocen «intuitivamente» lo que está bien y lo que está mal, cuando ellos por lo tanto suponen que ya no necesitan más del cristianismo como garantía de la moral, sencillamente presenciamos los efectos del señorío del juicio de valores cristiano y una expresión de la fuerza y profundidad de esa soberanía....[11]

Hasta el día de hoy, esto sigue siendo una descripción perfecta de los ateos modernos.  Por lógica, ellos han sacado los fundamentos de la moral de debajo de sus pies. Sade nos ha mostrado a dónde debería conducirnos esto por lógica. Pero la violación y la pederastia no son buenas para las relaciones públicas. Por tanto, los ateos siguen robándose los fragmentos necesarios de la moral cristiana mientras niegan al Cristo que la dio.

Mientras ellos sigan haciendo esto, tendremos que seguir refutándolos al citar a los ateos más congruentes. El asunto no es forzarlos a que sean ateos más congruentes (al menos, no en la práctica) sino más bien llevarlos a reconocer a dónde conduce la lógica de la posición naturalista y, si es posible, que se vuelvan al único Dios que les puede salvar de ello.

Y mientras tanto, si Dostoievski lo dijo o no, la verdad se mantiene: «Si Dios no existe, todas las cosas son permisibles.»

[NOTA: Este artículo fue reimpreso con cambios menores después de haberse perdido accidentalmente, hace mucho tiempo, en un cambio de sitio web de American Vision. Ediciones anteriores pueden aparecer en otros lugares de la web.]

Notas:

  1. Marqués de Sade, The complete Justine, Philosophy in the Bedroom, and other writings, p. 297. Las numerosas citas de aquí son referidas también R. J. Rushdoony, por ejemplo, en sus libros The Institutes of Biblical Law, To Be As God, y Noble Savages.
  2. Marqués de Sade, The complete Justine, Philosophy in the Bedroom, and other writings, pp. 310, 318.
  3. Marqués de Sade, The complete Justine, Philosophy in the Bedroom, and other writings, p. 336.
  4. Marqués de Sade, The complete Justine, Philosophy in the Bedroom, and other writings, pp. 318–320, 324, 325.
  5. Sam Harris, Letter to a Christian Nation, p. 90. 
  6. Thornhill y Palmer, citado en «Born to Rape?» Salon, 29 de febrero de 2000.
  7. Craig Palmer, citado en «“Natural, biological” theory of rape creates instant storm», USA Today, 28 de enero de 2000.
  8. Marqués de Sade, The complete Justine, Philosophy in the Bedroom, and other writings, p. 318.
  9. Marqués de Sade, The complete Justine, Philosophy in the Bedroom, and other writings, p. 319, 319 n15. 
  10. Marqués de Sade, The complete Justine, Philosophy in the Bedroom, and other writings, p.320. 
  11. Nietzsche, «Twilight of the Idols», The Portable Nietzsche, p. 515.