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Agradecidos por la propiedad

John Stossel | 27 de noviembre de 2013

Si los políticos y fabricantes de opiniones de hoy hubieran estado en el poder hace cuatro siglos, los americanos podrían estar celebrando esta semana el «Día del Hambre» y no el Día de Acción de Gracias.

Los Peregrinos comenzaron con reglas de propiedad comunal. Cuando primero se establecieron en Plymouth, les dijeron: «Compártanlo todo, compartan el trabajo, y compartiremos la cosecha.»

Los estatutos de la colonia decían que su nueva población debía ser una «comuna». Todo el mundo iba a cubrir sus necesidades del fondo común. Iba a haber poca propiedad personal.

Eso no era lo único que tenía la Colonia de Plymouth que hacía que sonara como a Karl Marx: Su labor tenía que organizarse de acuerdo con las diferentes capacidades de los colonos. Las personas producirían según sus capacidades y consumirían según sus necesidades. Eso claro que suena justo.

Casi se mueren de hambre, y dieron lugar a lo que los economistas llaman «la tragedia de los comuneros».

Si las personas pueden tener acceso a lo mismo trabajando menos, lo harán. Los pobladores de Plymouth fingían estar enfermos en vez de trabajar en la propiedad común. La cosecha fue muy pobre y durante dos años hubo hambre. Pero entonces, después que el gobernador William Bradford escribiera que debían «apartar maíz para cada hombre para su uso particular» abandonaron la idea de la comuna. Le asignaron a  cada familia una parcela de tierra para que la trabajara como propia.

Los resultados fueron dramáticos. Se plantó mucho más maíz. En vez de hambre, hubo abundancia. Gracias a la propiedad privada tuvieron comida, y gracias a ella tenemos alimentos hoy en día.

Eso no quiere decir que los peregrinos vieran las implicaciones económicas generales de lo que habían experimentado. «No creo que estuvieran celebrando Acción de Gracias porque se dieran cuenta de que el capitalismo funcionaba y la propiedad comunal era un fracaso, -dice el economista Russ Roberts-. Creo que ellos simplemente estaban contentos por estar vivos.»

Quisiera que la gente entendiera. Esta idea de que la felicidad y la igualdad consisten en agruparse y hacer las cosas como una comuna, es atractiva. Es el principio que ha estado detrás de la Unión Soviética, Medicare, la Guerra de Vietnam, el Obamacare, etc. Una cierta planificación central comunal es útil, pero demasiada es peligrosa. Los Peregrinos no fueron los primeros pobladores de la costa oriental del Nuevo Mundo que cometieron ese error.

Justo unos pocos años antes, la colonia de Jamestown casi fue eliminada por la misma idea.

El historiador Edmund S. Morgan, en «American Slavery, American Freedom: The Ordeal of Colonial Virginia» [«Esclavitud Americana, Libertad Americana: La ordalía de la Virginia colonial»], describe lo que sucedió en 1609-1610: «Hay 500 personas en la colonia ahora. Y se están muriendo de hambre. Escudriñan sin cesar los bosques en busca de nueces, raíces y fruta de bosque. Y muestran el único ejemplo de canibalismo que se ha presenciado en Virginia. Un hombre descuartiza a su esposa y sala los pedazos. Otros excavan las tumbas y se comen los cadáveres. Para la primavera, solo sesenta quedan con vida.»

Después de esa etapa la colonia quedó abandonada durante años.

La lección de que lo común es a menudo indeseable está por todo nuestro alrededor. ¿Qué imagen nos viene a la mente si yo escribo «baño público»? Piensa en la congestión del tráfico y el pobre mantenimiento de muchos caminos comunales. Pero la mayoría de la gente no comprende que la solución es la propiedad privada.

Cuando merman los recursos naturales como la pesca y los árboles, el primer impulso es decir: «Alto al capitalismo. Hagamos esas cosas propiedad pública.»  Pero es que ya son públicas; ese es el problema.

Si nadie posee los derechos sobre una parte dada del océano, ni los derechos exclusivos a largo plazo para cortar los árboles de una parte del bosque, la gente siente un incentivo de llegar allí primero y tomar todo lo que puede antes que llegue el siguiente individuo. Los recursos son sobreexplotados, no conservados. Nosotros no cuidamos la propiedad de los demás de la misma manera que cuidamos la nuestra.

Los colonos de Plymouth casi se mueren de hambre porque no entendieron esto. En Jamestown, algunos fueron compulsados al canibalismo.

Pero nadie se muere de hambre cuando a los rancheros se les permiten tener tierras y ganado. O pavos.

La propiedad privada produce buenas cosas. Dé las gracias por ella en esta semana.