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El Día de Acción de Gracias y Dios

Gary DeMar | 28 de noviembre de 2013

El jueves 24 de septiembre de 1789, la Primera Cámara de Representantes votó a favor de recomendar, en su redacción original, la Primera Enmienda para que los Estados la ratificaran. Al día siguiente, viernes 25 de septiembre, el congresista Elias Boudinot, de  Nueva Jersey, propuso que la Cámara y el Senado, de conjunto, le solicitaran al presidente Washington que proclamara un día de acción de gracias por «los muchos favores señalados de Dios Todopoderoso». Boudinot dijo que él «no podía pensar en dejar que terminara la sesión sin dar una oportunidad a todos los ciudadanos de los Estados Unidos de unirse, con una sola voz, para devolver al Dios Todopoderoso sus sinceras gracias por las muchas bendiciones que había derramado sobre ellos.»[1]

Roger Sherman intervino a favor de la propuesta, recordándoles a sus colegas que la práctica de dar gracias estaba «respaldada por una serie de precedentes en las Sagradas Escrituras: por ejemplo, la acción de gracias solemne que tuvieron lugar en la época de Salomón, después de la construcción del Templo…. Este ejemplo, creía él, era digno de imitación por parte de los cristianos en la presente ocasión.» (Anales del Congreso, 1:950). Los colonos de otras épocas estaban al tanto de muchas instancias de celebraciones de acción de gracias que se encontraban en las Sagradas Escrituras. La acción de gracias, según la practicaban los colonos, era una celebración religiosa que compartía los sentimientos de sus precursores bíblicos, que daban gracias a Dios por Su fiel provisión. Para aquellas personas devotamente religiosas, la acción de gracias se producía de manera natural. «Dos veces, durante la travesía, los pasajeros [a bordo del Arbella] participaron en un ayuno, y una vez (dos días después que el Arbella tocara fondo) en una “acción de gracias”. Cuando la estación de navegación concluyó y todos los buques regresaron, «tuvimos un día de acción de gracias en todas las plantaciones”.»[2]

Hay numerosas versiones del primer Día de Acción de Gracias. Una de las celebraciones más antiguas que se registra ocurrió medio siglo antes que los Peregrinos desembarcaran en Plymouth en 1621. «Una pequeña colonia de hugonotes franceses estableció una población cerca del actual Jacksonville, Florida. El 30 de junio de 1564 su líder, René de Laudonnière, anotó: “Cantamos un salmo de Acción de Gracias a Dios, rogándole que le plazca continuar Su acostumbrada bondad para con nosotros.”»[3]

En 1610, después de un invierno duro llamado «el tiempo del hambre», los colonos de Jamestown convocaron a un tiempo de acción de gracias. Esto ocurrió después que el grupo original de 409 colonos quedara reducido a 60 sobrevivientes. Los colonos oraron pidiendo ayuda, la cual llegó finalmente en un buque lleno de alimentos y provisiones de Inglaterra. Tuvieron un servicio de oración para dar gracias.

Esta celebración de acción de gracias al principio no se conmemoraba anualmente. La conmemoración anual de gracias  llegó nueve años después en otra parte de Virginia. «El 4 de diciembre de 1619, 38 colonos desembarcaron en un lugar que llamaron Berkeley Hundred [en Virginia]. “Ordenamos” se leía en una instrucción de su letra patente, “que el día del arribo de nuestro buque… a la tierra de Virginia sea conmemorado anual y perpetuamente como un día de Acción de Gracias a Dios Todopoderoso.”»[4]

Aunque ninguna de esas celebraciones de Acción de Gracias era un pronunciamiento oficial nacional (no existía una nación en ese tiempo), sí apoyan la afirmación de que las celebraciones eran religiosas. «Acción de Gracias comenzó como un día santo, creado por una comunidad de Puritanos temerosos de Dios, con un deseo sincero de separar un día cada año, especialmente para dar gracias al Señor por Sus muchas bendiciones. El día que ellos escogieron, que era después de la cosecha, en una época del año en que el trabajo del campo no era mucho, se ajustaba al ritmo natural de la vida rural.»[5]

El 3 de octubre de 1863, Abraham Lincoln declaró que el último jueves de noviembre de 1863 iba a dedicarse a una celebración nacional de acción de gracias. Su proclamación decía que:

«Ningún consejo humano ha ideado, ninguna mano mortal ha elaborado estas cosas. Son los dones de gracia del Altísimo Dios que, aunque nos trata con ira por nuestros pecados no obstante ha recordado la misericordia… Por lo tanto yo invito a mis compatriotas de todas partes de los Estados Unidos, y a aquellos que se encuentran en tierras extranjeras, a separar y observar el último jueves de noviembre próximo como un día de Acción de Gracias y alabanza a nuestro Padre benefactor que mora en el Cielo.»

A partir de Lincoln, los presidentes de los Estados Unidos proclamaron al último jueves de noviembre como Acción de Gracias. Franklin D. Roosevelt cambió la celebración al tercer jueves de noviembre, «para dar mayor tiempo para las compras entre Acción de gracias y Navidad. En este punto el Congreso estableció el compromiso del “cuarto jueves.”» [America’s Christian History: The Untold Story].

Notas:

  1. The Annals of the Congress, The Debates and Proceedings in the Congress of the United States, Compilados a partir de materiales auténticos por Joseph Gales, Sr. (Washington, DC: Gales and Seaton, 1834), 1:949–50.
  2. David D. Hall, Worlds of Wonder, Days of Judgment: Popular Religious Belief in Early New  England (Nueva York: Alfred A. Knopf, 1989), p. 166.
  3. Diana Karter Appelbaum, Thanksgiving: An American Holiday, An American History (Nueva York: Facts on File Publications, 1984), pp.14–15.
  4. Jim Dwyer, editor, Strange Stories, Amazing Facts of America’s Past (Pleasantville, NY: The Reader’s Digest Association, Inc., 1989), p. 198.
  5. Appelbaum, Thanksgiving, p. 186. La celebración de la Navidad, además de Acción de Gracias, se ha convertido en una prueba de censura. Noche de paz y otras canciones sagradas han sido  eliminadas de los programas de navidad de las escuelas públicas y reemplazadas con Cascabel y Frosty el Muñeco de Nieve. A los funcionarios y maestros de las escuelas públicas se les obliga a sustituir la Navidad con «fiestas de invierno». En St Paul, Minnesota, una funcionaria de Ación Afirmativa, actuando por el Departamento de Impuestos del Estado, prohibió lo que ella llamó «el saludo indeseable de Feliz Navidad» mediante el correo electrónico del departamento. («“Merry Christmas” offense, bureaucrat rules», Atlanta Journal/Constitution (11 de diciembre de 1994), p. A11).
  6. Edmund H. Harvey, Jr., editor Readers Digest Book of Facts (Pleasantville, NY: The Reader’s Digest Association, [1985] 1987), p. 125.