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Un manuscrito de prisión perdido revela al verdadero Mandela

Dr. Joel McDurmon | 21 de enero de 2014

The Spectator ha soltado una bomba que confirma mi reportaje anterior, The Real Mandela [El verdadero Mandela]. El artículo de Rian Malan «What a lost prison manuscript reveals about the real Nelson Mandela» [Lo que un manuscrito de prisión perdido revela acerca del verdadero Nelson Mandela] desacredita en gran medida la historia revisionista de la izquierda liberal sobre la supuesta no-violencia de Mandela –una historia que hoy día se han tragado, inclusive, muchos conservadores y cristianos evangélicos.

Ese punto de vista no tiene sentido. El manuscrito contiene secciones que revelan que Mandela nunca cambió sus puntos de vista sobre el marxismo, el comunismo, la revolución e inclusive el uso de la violencia –aspectos todos que fueron encubiertos en la versión políticamente correcta de Nelson Mandela.

No sin ironía, en algún punto entre el manuscrito original de Mandela y la versión editada que más tarde se publicó como su autobiografía, todas esas verdades incómodas desaparecieron del texto.

Quizás también no sin ironía: el editor-escritor fantasma de esos registros para dicha «autobiografía» es ahora el subsecretario de Obama para la diplomacia pública.  

Volvamos al punto, el artículo de Malan relata: «El profesor Stephen Ellis de la Universidad de Leiden envió un mensaje electrónico que decía: “Nunca adivinarán lo que acabo de encontrar en el archivo en línea del Centro para la Memoria de Nelson Mandela”».

Lo que había encontrado, precisamente la semana anterior, era ¡el manuscrito original! El contenido devolvió todo el miedo y el fuego a la imagen retocada de Mandela. Primero, nos enteramos –por la propia mano de Mandela, recuerden– que todo el tiempo estuvo del lado de los comunistas y de la revolución atea (llamada «materialismo dialéctico»):

«Detesto toda forma de imperialismo, y considero el de Estados Unidos como el más repugnante y despreciable».

«Para un nacionalista que pelea contra la opresión, el materialismo dialéctico es como un rifle, una bomba o un misil. Una vez que entendí el principio del materialismo dialéctico, lo adopté sin vacilar».

«Sin lugar a dudas, mis simpatías son para Cuba [durante la crisis de los misiles de 1962]. La capacidad de un pequeño Estado de defender su independencia demostró en términos certeros la superioridad del socialismo frente al capitalismo». 

Sin embargo, esto es sólo el comienzo. Malan ofrece tres ejemplos de importantes redacciones ofrecidas por la publicitada re-escritura, hecha para el consumo,  de las palabras de Mandela: 

En primer lugar, Mandela revela que él estaba a favor de la violencia mucho antes de cuando la versión oficial dice que fue básicamente arrastrado hacia ella sin alternativa. Él estaba buscando obtener armas de la China Comunista siete años antes de cuando la historia oficial le da razones para recurrir a la violencia, y en ese momento estaba en violación de la lucha pública contra la violencia que promovía su grupo. Malan escribe:

Oficialmente, Mandela era un nacionalista negro moderado, aferrándose a la esperanza de un cambio pacífico, hasta que ésta fue extinguida por la masacre de Sharpeville en 1960. No obstante, en sus memorias de prisión lo encontramos maquinando la guerra ya en 1953, cuando envió a un compañero en una misión secreta a mendigar armas y dinero a la China Roja, en flagrante violación de la postura no alineada y no violenta del Congreso Nacional Africano (CNA).

La forma en la que el propio Mandela expresó su excitación por la revolución violenta, sin embargo, es aún más reveladora:

«Yo estaba resentido y sentía con mayor fuerza que los blancos de Sudáfrica necesitaban otro Isandlwana»  -explica. Manejando por el país, Mandela imagina constantemente paisajes rurales transformados en campos de batalla y las ciudades como lugares en los que un día cercano «el dulce aire olerá a disparos, los elegantes edificios se desplomarán y las calles estarán salpicadas de sangre». 

Malan añade: «Estas apasionadas citas no fueron incluidas en el bestseller». ¡Por supuesto que no!

«Isandlwana», por cierto, se refiere a una batalla histórica del siglo XIX en la que las fuerzas zulúes abrumaron a los imperialistas británicos con una derrota sangrienta para estos últimos. En su momento esta batalla fue vista como la erradicación de los blancos de las tierras zulúes (aunque su efecto fue temporal).

Mandela, por consiguiente, también abogaba por el uso de la fuerza contra los oponentes mucho antes de lo que se dijo y sin la acostumbrada historia de primera provocación:   

En abril de 1958, el CNA convocó a una huelga nacional de tres días que atrajo poco o ningún apoyo y tuvo que ser cancelada en circunstancias humillantes. En Long Walk, Mandela señala que la huelga fue totalmente eficaz en los pueblos donde se impuso por la violencia o manifestaciones. «Siempre me he opuesto a tales métodos» -dijo-, pero continua con el razonamiento de que la coerción es aceptable en casos donde una minoría disidente está obstruyendo a una mayoría. «Una minoría no debería ser capaz de frustrar la voluntad de la mayoría» - concluye. 

El manuscrito de la prisión revela lo contrario: Mandela en realidad deseó el uso de la fuerza y de manera indiscriminada:

«Esto no es una cuestión de principios ni ilusiones» -dice. «Si la fuerza hace progresar [la lucha], entonces se debe utilizar, esté la mayoría de acuerdo con nosotros o no». 

Los comentarios de Malan son vitales para comprender (énfasis míos): 

Es importante entender lo que usted tiene delante: el texto reescrito hace que Mandela suene razonable. El original, es estalinismo. ¿Quién determina el curso de la lucha? Es la vanguardia comunista, imbuida de una sabiduría superior derivada del evangelio del materialismo dialéctico. Y en caso que la mayoría replique, deberá ser aplastada. Como si estuvieran en la sangrienta fase final de la lucha aquí y en todos los demás lugares del Planeta Soviético.

Este revisionismo propagandístico en favor de la causa comunista, coincide con el tercer aspecto que Malan señala: Mandela originalmente registró que el CNA había prevalecido en realidad con muchas huelgas y protestas pacíficas, y que a pesar de los avances realizados de esa manera, las autoridades en el poder nunca reaccionaron con violencia ni tácticas represivas:

El costo en vidas al CNA: cero. «Hasta donde sé»  -escribe Mandela-, «ningún individuo [entiéndase prisionero político] fue aislado, forzado a dar información, golpeado, torturado, mutilado ni asesinado» antes de diciembre de 1961… 

Sin embargo, Malan señaló, diciembre de 1961 fue «cuando los comunistas comenzaron su campaña de bombardeos». En resumen, Mandela y los comunistas se volvieron hacia el terrorismo en primer lugar. Las autoridades reaccionaron con estas tácticas represivas sólo después de que el terrorismo comenzara. Comenta Malan: 

Está claro que esta [historia] no se podía permitir. ¡Echa a perder la trama por completo!... [Por lo tanto, en su lugar, la versión revisionista y de Hollywood continúa de la siguiente manera:] Provocado por la opresión más allá de toda resistencia, Mandela convence a la tímida vieja guardia del CNA que es tiempo de responder. Con su aprobación, crea el MK (ala militar del CNA), el cual pone en marcha una campaña de bombardeos contra objetivos no humanos. 

Esto no es cierto, dicen los eruditos modernos e investigadores señalados por Malan. La verdad es que «La decisión de ir a la guerra fue en realidad tomada por el Partido Comunista....» El grupo terrorista de Mandela no creció orgánicamente de la CNA, ni tenía la bendición del presidente del partido (el cual se oponía a la violencia), sino que «era exclusiva creación del Partido Comunista, y todos los involucrados en su alto mando eran abierta o secretamente comunistas».

Y una vez más, Malan anota, no encontramos nada de esto en la autobiografía oficial de Mandela, ni en la versión fílmica de la historia hecha por Hollywood. De hecho, Malan apunta que incluso él se conmovió al ver la película, pero se echó a reír completamente cuando más tarde tuvo la oportunidad de hacer un análisis más racional del guión de la película:

Entonces tomo prestada una copia electrónica del guión y ejecuto una búsqueda de la palabra «comunista». Dos escenas salen a relucir. En una, un policía blanco empuja a Mandela mientras dice: «¡Ah, todo el mundo sabe que eres un comunista!». En la otra, aparece un general blanco de la policía en la escena de un bombardeo y dice: «Esta es la obra de terroristas comunistas...».  Ambos policías tienen la clara intención de ser vistos como bufones racistas. Esta es una destilación perfecta de la tradicional posición liberal de la izquierda sobre Mandela. Durante décadas fue un evangelio. Ahora, resulta inadvertidamente gracioso.

Mejor aún es una comedia involuntaria causada por la propia mano cándida de Mandela.