La Palabra de Dios siempre prevalecerá

Nena Arias | 26 noviembre de 2018

¿Qué dirías si supieras que se te ha confiado el mensaje más maravilloso y único que puede salvar al mundo? ¿Cómo responderías? Si eres un creyente comprometido con Cristo y la Palabra de Dios, esa es exactamente tu comisión en esta vida. Tienes toda la autoridad de Dios y el privilegio de hablar en su nombre. 

El contenido de este mensaje vital es que es por gracia y misericordia que las personas que una vez estaban muertas en el pecado, sin Dios y sin esperanza pueden alcanzar a Dios. Aquellos que alguna vez fueron enemigos de Dios, ahora pueden convertirse en amigos de Dios al creer en el Señor Jesucristo que nos ha rescatado y reconciliado con nuestro Padre Celestial como dice Efesios 2:8 “Porque por gracia son salvos por medio de la fe; y esto no de ustedes pues es don de Dios.” Pero el mensaje incluye mucho más.

Entre las muchas bendiciones espirituales increíbles, Dios les ha dado a sus hijos la autoridad para hablar su Palabra. Dios ha comisionado a los cristianos y les ha dado el mensaje de salvación a través de la muerte de su hijo en la cruz. Este mensaje que nunca puede ser suprimido ni silenciado; el cielo y la tierra pasarán, pero la palabra de Dios nunca pasará, pase lo que pase. A pesar de los que odian a Dios y los gobiernos del mundo que pueden tratar sin descanso de aplastar la verdad de Dios y violar constantemente los derechos de los cristianos, la Palabra de Dios prevalecerá al final. Jesús dijo, “Y este evangelio del reino será predicado en todo el mundo para testimonio a todas las naciones, y luego vendrá el fin… El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mateo 24:14, 35).

Este pasaje del apóstol Pablo reafirma la verdad inmutable acerca de la Palabra de Dios, “Porque para los que se pierden, el mensaje de la cruz es locura; pero para nosotros que somos salvos, es poder de Dios…Puesto que, en la sabiduría de Dios, el mundo no ha conocido a Dios mediante la sabiduría, a Dios le pareció bien salvar a los creyentes por la locura de la predicación” (1 Corintios 1:18, 21).

El sacrificio de la cruz fue necesario porque toda la humanidad ha pecado y no ha alcanzado la gloria de Dios. Dios requirió un sacrificio para pagar el precio por el pecado. Jesús dio su vida en la cruz, por lo que el precio ha sido pagado. Dios amó tanto que dio a su Hijo, y quienquiera que crea en el Señor Jesucristo y la resurrección de los muertos puede ser salvo. “…que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y si crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo”  (Romanos 10:9).

Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo y nos ha dado el ministerio de la reconciliación: que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándoles en cuenta sus transgresiones y encomendándonos a nosotros la palabra de la reconciliación” (2 Corintios 5:18-19). A los cristianos se les ha dado el ministerio y la palabra de reconciliación, para dar a las personas el mensaje de que Jesucristo ha pagado por sus pecados y enfermedades, para alumbrar a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; para encaminar nuestros pies por caminos de paz” (Lucas 1:79).

Como emisarios de Cristo, los creyentes deben dar a conocer el mensaje de la salvación a través de Jesús y hacer que las personas vuelvan a tener una relación con Dios. “¿Y cómo predicarán sin que sean enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio de las cosas buenas!” (Romanos 10:15). Los que evangelizan y ganan almas con el mensaje de salvación son personas muy especiales y sabias.

Los cristianos deben dar a conocer a Jesucristo, el Señor, no promover una denominación. Se trata de reconciliar a la gente con Dios, no con una institución. El mensaje del cristiano es un mensaje de paz y restauración, el mensaje de que Dios es amor, y envió a su hijo a pagar por todos los pecados de la humanidad. Es un mensaje que perdurará por siempre.

La Palabra de Dios nunca cae al suelo, pero a medida que se siembra la buena semilla, siempre producirá resultados y prosperará. Dios lo garantiza. Porque como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven allá sino después de haber saciado la tierra y de haberla hecho germinar, producir y dar semilla al que siembra y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca: No volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para lo cual la envié” (Isaías 55:10-11).