Hace 229 años

Ramón Arias | 12 de septiembre de 2016

El 17 de septiembre vamos a conmemorar el 229º aniversario de la firma de la Constitución de EE.UU. que dio origen a nuestra república constitucional. ¿Crees que los Padres Fundadores estarían orgullosos de lo que las generaciones han hecho desde entonces? ¿Crees que reconocería este país que ellos pretendieron establecer o dirían que este no es los Estados Unidos por el que lucharon e imaginaron que fuera?

Oigamos directamente de los mismos a través de sus escritos de las preocupaciones que expresaron. Al hacerlo, usemos nuestro pensamiento crítico y seamos sinceros con nosotros mismos mediante la aceptación de por qué las cosas continúan por mal camino y no dejar que el amor al país nos ciegue a la realidad, sino darnos la sabiduría y el valor para hacer nuestra parte en la transformación de la nación para regresarla a su fundamento.

John Adams escribió lo siguiente a la Mesa de la Primera Brigada de la Tercera División de la milicia de Massachusetts el 11 de octubre de 1798:

Mientras que nuestro país continua incontaminado con los principios y las costumbres que ahora están produciendo destrucción en tantas partes del mundo; mientras que sigue sincero, e incapaz de política insidiosa e irrespetuosa, tendremos la razón más fuerte para regocijarnos en el destino local asignado por la Providencia. Pero si el pueblo de Estados Unidos, una vez vuelto capaz de que en el fondo de simulación de uno hacia el otro, y otro hacia las naciones extranjeras asume el lenguaje de la justicia y la moderación mientras está practicando la maldad y la extravagancia, y muestra de la manera más cautivante las encantadoras imágenes de la honestidad, franqueza y sinceridad mientras que hay disturbios en la rapiña y manifiesta la insolencia, este país será la más miserable morada en el mundo, porque no tenemos gobierno armado con poder capaz de contender con las pasiones humanas no restringidas por la moralidad y la religión [el cristianismo bíblico]. La avaricia, la ambición, la venganza o la galantería, romperían las cuerdas más fuertes de nuestra Constitución como una ballena pasa a través de una red. Nuestra Constitución fue hecha sólo para una gente moral y religiosa [cristianos bíblicos]. Es totalmente inadecuada para el gobierno de cualquier otro pueblo.1

Un notable, y menos conocido fundador, fue James Otis. Fue el tutor de Samuel Adams y John Hancock, también fue un estrecho colaborador de John Adams, e hizo hincapié en que sólo hay un rey con derechos divinos, Dios mismo, y que Dios Todopoderoso había predestinado que el poder político descansaría con la gente, no la clase dominante ni en las élites sociales:

¿Tiene [el gobierno] alguna base sólida? ¿Tiene alguna piedra angular, que por accidente, o al azar, o confusión podrá en un momento afianzar y en el siguiente destruir? Creo que tiene, un fundamento sólido siempre en la voluntad inmutable de Dios, el autor de la naturaleza, cuyas leyes no varían. El mismo Creador omnisciente, omnipotente, infinitamente bueno y misericordioso del universo, que ha tenido a bien hacer necesario que lo que llamamos materia debe gravitar, que los cuerpos celestes rueden alrededor de su eje y dancen en sus órbitas, y llevar a cabo sus diversas revoluciones en ese hermoso orden y concierto, que todos admiramos, ha hecho que sea igualmente necesario que desde Adán y Eva hasta estos días degenerados, los diferentes sexos deben atraerse con dulzura entre sí, de las sociedades de familias individuales, de las cuales los organismos y las comunidades más grandes son tan naturalmente, mecánicamente, y necesariamente combinadas, como el rocío de los cielos que la lluvia suavemente por destilación es recogida por el calor de todos los rayos del sol. Por lo tanto, el gobierno está definitivamente basado en las necesidades de nuestra naturaleza. De ninguna manera es una cosa arbitraria, dependiendo únicamente de la voluntad humana o compacta para su existencia.

El poder de Dios Todopoderoso es el único poder que adecuada y estrictamente se puede llamar supremo y absoluto. En el orden de la naturaleza inmediatamente debajo de él viene el poder de una democracia sencilla, o el poder del todo sobre el todo.

. . . [Dios] es el único monarca en el universo, que tiene el derecho claro e indiscutible al poder absoluto; porque Él es el único que es omnisciente, así como omnipotente.

Evidentemente, es contrario a los primeros principios de la razón, de que el poder supremo ilimitado debería estar en manos de un solo hombre. Es la mayor idolatría, engendrada por la adulación, en el cuerpo del orgullo, que podría inducir a pensar que un solo mortal debe ser capaz de mantener poder tan grande, si alguna vez tiene inclinación…

El fin del gobierno es el bien de la humanidad, señalado por sus grandes deberes: es por sobre todas las cosas una entidad que provee la seguridad, el disfrute tranquilo, para felizmente disfrutar de la vida, la libertad y la propiedad…

El gobierno se funda inmediatamente en las necesidades de la naturaleza humana, y en el fondo sobre la voluntad de Dios, el autor de la naturaleza;…

… No puede haber prescripción lo suficientemente antigua para invalidar la ley de la naturaleza, y el regalo de Dios Todopoderoso; Quién ha dado a todos los hombres el derecho natural a ser libre, y que lo tienen ordinariamente en su poder para lograr la libertad, si así lo desean.

. . . La suma de mi argumento es que el gobierno civil viene de Dios, y que los administradores originalmente fueron todo el pueblo…2

Un firmante de la Constitución, John Dickinson afirmó:

Los reyes o parlamentos no pueden dar los derechos esenciales para la felicidad. . . . Nosotros los requerimos de una fuente superior – del Rey de reyes y Señor de toda la tierra. No nos lo otorgan los pergaminos y sellos. Se crean en nosotros por los decretos de la Providencia, que establecen las leyes de nuestra naturaleza. Ellos nacen con nosotros; existen en nosotros; y no pueden ser tomados de nosotros por ningún poder humano, sin tener que quitarnos la vida. En resumen, se fundan en la máxima inmutabilidad de la razón y la justicia. Sería un insulto a la Majestad divina decir que él ha dado o permitido que cualquier hombre o grupo de hombres tengan el derecho a hacerme miserable…

Así demuestran, señores, que el acto fatal al cual ustedes aluden en estas expresiones, es destructivo de nuestra propiedad, nuestra libertad y nuestra felicidad: que es incompatible con la razón y la justicia; y subversivo de esos derechos sagrados que Dios mismo de la infinidad de su benevolencia ha concedido a la humanidad.3

Los fundadores tenían una visión similar a la de los antepasados. John Adams le declaró a Benjamín Rush el 2 de febrero de 1807:

Supongamos que una nación en alguna región lejana tomaría la Biblia para su único libro de ley y cada miembro debería regular su conducta por los preceptos allí expuestos. Cada miembro estaría obligado, en conciencia, a la templanza y la frugalidad y la industria; a la justicia y la bondad y la caridad hacia sus semejantes; y para la piedad, el amor y la reverencia, hacia Dios Todopoderoso. En esta comunidad, ningún hombre podría poner en peligro su salud por la gula, la embriaguez, o la lujuria; ningún hombre sacrificaría  su tiempo más preciado para juegos de cartas o cualquier otro insignificante  medio de atracciones; ningún hombre podría robar o mentir, o de cualquier manera defraudar a su vecino, sino que sería vivir en paz y buena voluntad con todos los hombres; ningún hombre blasfemaría a su Hacedor o profanaría su adoración; pero una piedad racional y varonil, una sincera e inafectada devoción reinarían en todos los corazones. ¡Qué gran utopía – que paraíso sería esta región!4

Los fundadores se dieron cuenta de que la Constitución no era un documento perfecto y el Artículo V lo demuestra. El debate continúa hasta hoy y ha desconcertado a muchos con la ausencia de cualquier mención en la Constitución sobre las leyes morales de Dios como el fundamento del gobierno civil, ya que entendían que esto es cierto.

James Madison y otros se dieron cuenta de que la Constitución tenía problemas al abrir la puerta para que el gobierno federal tomara el control total de la nación por aquellos que desprecian la soberanía de Dios y Su pueblo. Ratificada en 1791, se promulgaron las primeras diez enmiendas conocidas como la Carta de los Derechos para supuestamente restringir al gobierno de infringir en la libertad del pueblo estadounidense.

Conforme más individuos que no viven los principios bíblicos se han infiltrado en el gobierno; más leyes se han aplicado para desmantelar a los Estados Unidos de ser una nación cristiana bíblica. La agenda socialista liberal progresista está a punto de ser completada si la mayoría de los cristianos siguen haciéndose de la vista gorda o siguen solo viendo hacia el cielo esperando una retirada escapista.

¿Cuántos actos inconstitucionales puedes nombrar que el gobierno federal ha legislado para transformar a la nación? ¿Cuántos funcionarios elegidos profesan la fe cristiana sin embargo, toman decisiones que no son bíblicas? ¿Cuánto sabes acerca de tus funcionarios elegidos? ¿Estás consciente de cuánto tiempo han invertido las personas y trabajado para hacer irrelevante el documento más potente jamás conocido y dado a la humanidad con el mayor conocimiento y sabiduría para consolidar a la sociedad con la paz y el progreso? ¿Sabes que ese documento es la Biblia?

Las generaciones cristianas estadounidenses de los últimos 229 años han perdido su gran oportunidad para consolidar la voluntad de Dios para la nación. ¿Qué de esta generación, vamos a rescatarla o dejarla que se vaya al precipicio?

Cada elección determina el futuro de la nación; si la próxima elección no es diferente, tendremos más de lo mismo. Los humanistas ya están salivando, y sus corazones laten con euforia, en la creencia de que una vez más sus décadas de éxito logrado por las mentiras les dará el control de la próxima administración para completar su utopía utilizando la ingeniería social.

Tenemos muy poco tiempo para convencer a Dios que nos dé la oportunidad de convertir a esta nación de nuevo a Su ética y a Su moral. A tal efecto, debemos orar con convicciones profundas y trabajar muy duro en hacer nuestra parte para ya no elegir a los enemigos de Dios a los puestos públicos. Debemos estar dispuestos a sacrificar tiempo,  energía y finanzas para tal fin y ponernos del lado con Job de la Biblia, y el pagano rey Nabucodonosor, el cual reconoció la importancia de ponerse del lado de Dios Todopoderoso:

“Yo sé que Tú puedes hacer todas las cosas, y que ninguno de Tus propósitos puede ser frustrado” Job 42:2 (NBLH)

“Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada. Él hace según su voluntad con el ejército del cielo y con los habitantes de la tierra. No hay quien detenga su mano ni quien le diga: ‘¿Qué haces?’”. Daniel 4:35 (RVA-2015)