No nos retractemos de los desafíos frente a nosotros

Ramón Arias | 12 de octubre de 2015

Los asuntos en Estados Unidos cada vez están escandalosamente peor en todos los aspectos y los mensajes de pesimismo nos están llegando desde todas las direcciones como si algo inusual estuviera ocurriendo en la nación y el mundo. ¿Ha sucedido esto anteriormente?

Una de las razones por las que soy un firme defensor de la historia no adulterada y precisa es por las lecciones incomparables que se aprenden del pasado. Es indiscutible que la historia revela las razones de la actual condición social y las cosas que yo, como individuo, debo basarme para un mejor resultado. Entiendo que mis acciones tienen consecuencias, para bien o para mal, y así es con todo ser humano. No dejes que nadie te distraiga del hecho de que lo que creemos y hacemos determina los resultados finales.

A lo largo de miles de años en cada generación, los humanos hacen sus mejores esfuerzos para desarrollar y establecer sus condiciones políticas, morales, sociales, económicas y religiosas. También es cierto que muchos de ellos ofrecen a los demás sus soluciones como una manera de salir de las situaciones complejas y perjudiciales. Las mentes perezosas no se molestan en verificar si lo que están escuchando es la verdad, medias verdades, mitos o mentiras; y como ovejas, son llevados al matadero. 

La buena noticia es que no todos son tan descuidados, hay algunos individuos, que son diligentes en llegar a la verdad, y una vez que la entienden; la viven, la proclaman y la defienden con lo mejor de su capacidad. Lo que la historia y la gente, que persiguen la verdad, tienen en común es que la verdad nunca caduca. La verdad demuestra que si era buena en el pasado, es buena para hoy y será buena para mañana; aquellos que actúan sobre ella pueden sin duda contar con esos principios para trabajar las cosas para bien, si no se dan por vencidos.

No te dejes intimidar por los que propagan la política correcta, ni debes disculparte por sacar a la luz la verdad que libera a la gente. Debemos examinarlo todo, absolutamente todo, desde los políticos y el gobierno en todos los niveles a la economía; esto incluye todos los programas sociales. Debemos examinar la educación, los medios de comunicación, el mundo del entretenimiento y cada palabra impresa y hablada; absolutamente nada se debe pasar por alto, ni siquiera la religión promovida por el catolicismo, el protestantismo, el islamismo, la Teología de la Liberación, el hinduismo, el budismo, el sintoísmo, el ateísmo y la evolución. Lo creas o no, los evolucionistas admiten que son una religión. Cualquier persona y todo lo que ofrece una solución a la desesperanza y a un mundo ensangrentado debe ser examinada, para que no se repitan los mismos errores que producen los mismos resultados no deseados.

Ni siquiera deberíamos hacer el esfuerzo de defender los errores horribles cometidos a través de dos mil años del cristianismo. Por otro lado, ¿debemos ser silenciados debido a esos errores? Por supuesto que no. Podemos, sin pedir disculpas, elevar a las vidas de las que se encuentran registradas en la Biblia que abrazaron la verdad y señalar todo lo bueno que hicieron por la humanidad y de las cosas que nos siguen beneficiando.

Dos mil años de historia cristiana bíblica también nos confirman la dependencia vital sobre la Biblia para buscar respuestas a fin de evitar los inconvenientes de las ideas humanistas seculares religiosas y su mantra racista. Como cristianos bíblicos, nunca debemos disculparnos o avergonzarnos de nuestra convicción de que la Biblia es la autoridad máxima en todas las áreas de la vida. Los individuos, así como las naciones, pueden confiar en la Palabra de Dios por encima de la palabra del hombre como la fuente más fiable y relevante para la dirección del mundo en que vivimos.

Como cristianos profesantes, no debemos descuidar el hacer un análisis serio del antiguo Israel y su comportamiento social desde que recibieron la ley moral de Dios 1,400 años antes de Cristo para su estándar de vida. Se encuentra un paralelismo con los albores del cristianismo hasta nuestro tiempo presente, porque el pueblo de Dios, en varias ocasiones, son indiferentes a su condición espiritual, intelectual, emocional y cultural.

Debe ser de gran interés conocer las razones por las que Israel pasó de ser un reino unido a uno dividido; diez tribus se convirtieron en el reino de Israel y dos tribus se convirtieron en el reino de Judá. Los reinos de Israel y Judá constantemente recibieron advertencias de los profetas de Dios llamándoles a abandonar y arrepentirse de sus malos caminos y volver a los absolutos morales de Dios. Todos los reyes de Israel eran malos y llevaron a la gente a su destrucción final cuando Asiria acabó con ellos. Por otro lado, los reyes de Judá tenían algunos buenos; esto les ayudó a conservarse como nación, a pesar de su esclavitud en Babilonia durante un tiempo determinado.

Desde el principio, cuando Israel fue liberado de la esclavitud en Egipto, Dios le advirtió a la gente de no acoger las ideas y culturas de las naciones paganas, y si lo hacían, habría consecuencias. El razonamiento es muy sencillo, las ideas de Dios y sus caminos no se pueden comparar con los que van en contra de Él; históricamente producen dos resultados opuestos. 

Por 3,400 años los judíos esperaban al Mesías prometido. Los profetas les revelaron acerca de un futuro reino unido y un Rey que sería indestructible y que Él gobernaría a las naciones con justicia. Esta esperanza para el futuro llegó en la persona de Jesucristo y Su gobierno. Después de Su resurrección, se les apareció a los discípulos y reiteró este mensaje: 

“Después Jesús les dijo: ‘Esto es lo que Yo les decía cuando todavía estaba con ustedes: que era necesario que se cumpliera todo lo que sobre Mí está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos’. Entonces les abrió la mente para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: ‘Así está escrito, que el Cristo (el Mesías) padecerá y resucitará de entre los muertos al tercer día’”, Lucas 24:44-46 (NBLH)

Pedro, hablando a los judíos, dijo: 

Pero Dios ha cumplido así lo que anunció de antemano por boca de todos los profetas: que Su Cristo (el Mesías, el Ungido) debía padecer. ‘Por tanto, arrepiéntanse y conviértanse, para que sus pecados sean borrados, a fin de que tiempos de alivio vengan de la presencia del Señor, y El envíe a Jesús, el Cristo designado de antemano para ustedes. A Él el cielo debe recibir hasta el día de la restauración de todas las cosas, acerca de lo cual Dios habló por boca de Sus santos profetas desde tiempos antiguos. Moisés dijo: ‘El Señor Dios les levantara a ustedes un profeta como yo de entre sus hermanos; a El prestaran atención en todo cuanto les diga. Y sucederá que todo el que no preste atención a aquel profeta, será totalmente destruido de entre el pueblo.’ Asimismo todos los profetas que han hablado desde Samuel y sus sucesores en adelante, también anunciaron estos días”. Hechos 3:18-24 (NBLH)

En su primera carta, Pedro escribió:

“Acerca de esta salvación, los profetas que profetizaron de la gracia que vendría a ustedes, diligentemente inquirieron y averiguaron, procurando saber qué persona o tiempo indicaba el Espíritu de Cristo dentro de ellos, al predecir los sufrimientos de Cristo y las glorias que seguirían. A ellos les fue revelado que no se servían a sí mismos, sino a ustedes, en estas cosas que ahora les han sido anunciadas mediante los que les predicaron el evangelio (les anunciaron las buenas nuevas) por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas a las cuales los ángeles anhelan mirar”. 1 Pedro 1:10-12 (NBLH)

Cuando entendemos y aceptamos el hecho de que Dios controla la historia, y que en cada generación se está llevando a cabo Su plan; esto cambia totalmente nuestra perspectiva sobre la forma de interpretar el pasado, el presente y el futuro. En las Sagradas Escrituras tenemos el documento más importante que puede ser verificado. La Escritura se interpreta a si misma y la historia lo confirma.

Como verdaderos seguidores de Cristo, no seguimos una ilusión sino una realidad. No tenemos ninguna razón para sentirnos intimidados cuando nos enfrentamos a tiempos difíciles, cualesquiera que sean; nosotros los confrontamos con el conocimiento y la sabiduría de Dios. A medida que continuamos para afrontar el futuro con todos sus enormes desafíos tenemos que recordar que para esta razón nacimos. Fuimos reclutamos para Su servicio y nuestra fe es audazmente bíblica y fuerte para la defensa de nuestra libertad dada por Dios. Este es nuestro deber hacia esta generación actual y a las venideras. No nos retractamos de los retos que tenemos ante nosotros.