Un llamado a la oración

Ramón Arias | 2 de febrero de 2015

En un intento de resolver su crisis económica, los Estados Unidos de América incrementando su dependencia de países que lo desprecian y quieren destruirlo por un sin fin de razones. Como no han alcanzado aun la capacidad militar para destruirlo, están aprovechándose del la devaluación del dólar para comprarlo a precios reducidos. No debería sorprendernos si lo que sigue es un panorama que incluye una sacudida fuerte no solo para la sociedad norteamericana sino el resto del mundo también.

No creas que estoy revelando un secreto profundo. Nuestros políticos en Washington, D.C., lo conocen bastante bien sobre todo los que tienen más tiempo en el Congreso. Lo que es peor, no quieren cobrar valor para tomar las decisiones difíciles y corregir este desplome que se viene. El ex congresista de Texas y candidato a la presidencia Ron Paul lo dijo muy claro, "Nuestro país es insolvente y vendrá la bancarrota". En pocas palabras, no hay solvencia económica para cubrir las deudas. Ya sabemos lo que le sucede a una persona, o a una familia cuando no pueden pagar sus deudas. 

Los problemas severos que confronta la nación como el incremento de la depravación cultural, la agresión violenta hacia la Constitución y el manejo atroz de la economía jamás se han visto a esta magnitud en la historia de este país. A esto hay que agregarle los hogares destruidos y la pérdida de libertades, en especial para los cristianos.

Los posibles candidatos a la presidencia comenzarán a hacer sus rondas así que no debería ser sorprendente que la gente busque un candidato que les garantice el regreso al sueño americano en lugar de la pesadilla que ahora tenemos. Esta misma gente, no obstante, no está pensando en la esclavitud que acompaña estas promesas cuando se le da al gobierno una autoridad casi completa sobre sus vidas. 

Una economía saludable no solucionará la enorme cantidad de problemas que ahora agobian a la nación. Los políticos no pueden resolver nuestras dificultades recurriendo solamente a la sabiduría humana. De hecho, es precisamente esa dependencia la cual ha causado todos estos problemas. La deuda de los Estados Unidos ya rebasó los $18 mil millones de dólares y el Presidente Obama acaba de proponer un presupuesto de $4 mil millones el cual incluye incrementar los impuestos a las corporaciones y a los supuestos ricos para ayudar a pagar sus pólizas y promesas.

Los legisladores están proponiendo y pasando leyes como intentos desesperados para estimular la economía en todos los niveles sociales. Por supuesto, no importa que estas medidas no han dado resultados positivos en el pasado. Así que, ¿qué les hace pensar que tendrán éxito ahora? Con excepción de una minoría muy pequeña, la mayoría de los legisladores profesan fe una cristiana, bueno pues, señores y señoras del Congreso, es tiempo de que presten atención a lo que dice el apóstol Pablo:

“Porque está escrito: DESTRUIRÉ LA SABIDURÍA DE LOS SABIOS, Y EL ENTENDIMIENTO DE LOS INTELIGENTES DESECHARÉ. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el escriba? ¿Dónde el polemista de este siglo? ¿No ha hecho Dios que la sabiduría de este mundo sea necedad?" (1 Corintios 1:19-20).

¿Podrá sobrevivir esta nación simplemente con poner su fe en una economía estable, sin importar que en el proceso pierde su libertad?

Los congresistas harían bien en hacer un recorrido del Capitolio para que vean las pinturas y las estatuas e investiguen la contribución histórica que hicieron estos personajes. Claro, van a necesitar un guía que sea verdaderamente experto en la historia de cómo se fundó esta nación, si gustan les puedo recomendar uno.

Cuando lleguen a la pintura que conmemora la primera oración que se hizo en el Congreso Continental en el Carpenter’s Hall en Filadelfia el 7 de septiembre de 1774 observen cada detalle. Presten mucha atención a la explicación del por qué están de rodillas los miembros del Congreso durante la oración que hizo el Rev. Jacob Duché:

“O, Señor, nuestro Padre Divino, elevado y poderoso, Rey de reyes y Señor de señores, Quien desde el trono contempla a todos los habitantes sobre la Tierra y que reina con el poder supremo e incontrolado sobre todos los Reinos, Imperios y Gobiernos; mira abajo con piedad, te suplicamos, sobre estos nuestros Estados americanos que han escapado a Ti de la vara del opresor y que se han lanzado sobre Tu protección amable, deseando ser de allí en adelante dependientes sólo de Ti; a Ti han apelado la justicia de su causa; a Ti ellos ahora alzan la vista para aquel semblante y apoyo, que sólo Tú das; por lo tanto, tómalos, Padre Divino, bajo Tu cuidado; dales la sabiduría en el Consejo y el valor en el campo; derrota los diseños malévolos de nuestros crueles adversarios; convéncelos de lo injusto de su causa y, si ellos persisten en sus objetivos sanguinarios, ¡O, deja que la voz de Tu justicia infalible, resuene en sus corazones, los obligue a dejar caer las armas de guerra, de sus manos acobardadas en el día de batalla!

Está Tú presente, O, Dios de Sabiduría, y dirige el consejo de esta Asamblea Honorable; permíteles colocar todas las cosas sobre lo mejor de las fundaciones más seguras; que la escena de sangre rápidamente pueda cerrase; que el Orden, la Armonía y la Paz con eficacia puedan ser restauradas y que la Verdad y la Justicia, la Religión y la Piedad, prevalezcan y prosperen entre la gente. Conserva la salud de su cuerpo y el vigor de su mente, derrama sobre ellos, y sobre los millones que aquí representan, tales bendiciones temporales como Tú veas oportuno para ellos en este mundo y corónalos con la Gloria Eterna en el mundo por venir. Todo esto nosotros te lo pedimos en el nombre y por los méritos de Jesucristo, Tu Hijo y nuestro Salvador, Amén”.[1]

Una vez que los del Congreso entiendan cómo la nación nació como resultado de la oración entonces tal vez ellos harán lo mismo. Aunque tendrán que hacer una excepción con la minoría no cristiana para no ofenderlos y así mantener la ridícula postura de la “política correcta” (mejor dicho “incorrecta”). Después deberían pedirle al Presidente que junto con el Congreso de la Nación se le pida a la nación entera que delante de Dios reconozca y se arrepienta del libertinaje y la falta de control para que quizá Dios detenga Su juicio que está por venirse de manera inconcebible.

Legisladores, es tiempo de doblar las rodillas. Esta es la única manera de obtener la sabiduría que proviene de Dios para resolver con determinación todos los problemas que nos agobian y nos hunden. Si no los frenamos, destruirán a la nación.