Irreverencia por la vida

Nena Arias | 20 enero de 2015

Si le creemos a Dios, Él nos dice que no hay nada más preciado que el hecho de que Él ha creado la vida humana. ¿Quién somos nosotros para decirle que la vida humana es desechable por cualquier razón o simplemente porque no queremos lidiar con ella? Toda vida empieza con Dios que nos la imparte de Su buena voluntad.  

Pausemos para reflejar un momento acerca de la vida desde que es concebida e inicia en el vientre de la madre. Dios nos dice que Él escogió diseñarnos a Su imagen y semejanza. O sea, que Dios mismo se invierte en cada vida humana que ha sido concebida y nos dice que somos preciosos ante Sus ojos. Somos llenos del deseo de vivir, de preservarnos y expresarnos. Él nos da de Su belleza, nos da la habilidad de ser creativos, nos dota de muchos talentos para poder desarrollar nuestro potencial, nos da ánimo y dinamismo, nos revela el asombro de Su creación y despierta el deseo de conocer y entender todas las cosas, somos capaces de mostrar amor y compasión por nuestro prójimo tal y como Él lo hace y de esa manera nos incluye en Su plan para comunicarles a otros de Su bondad y amor hacia ellos también. Cada uno es diferente, no hay uno idéntico a otro, aun nuestro tono de voz se distingue, podemos pensar de manera diferente y nos complementamos. 

Quien diga que la vida no es un milagro, con ello muestra su gran ignorancia o testarudez. El estudio de la anatomía humana es una verdadera maravilla que nos deja a la mayoría atónitos. Lo singular y exclusivo de cada vida se ha comprobado aun más con el gran descubrimiento del estudio del ADN, la “huella digital” otorgada a cada persona que nunca ha existido y nunca se repetirá no importa cuántos seres humanos han sido o serán concebidos a través de las edades. En el momento de la concepción se inicia todo el potencial para el desarrollo de un ser humano único en el universo. A los 22 días de la concepción ya se detecta el latido del corazón, eso es aun antes de que la madre se entere de que está embarazada. A las escasas tres semanas son visibles los ojos y los oídos. A las seis semanas se manifiestan los dedos de las manos y los pies—y de 6 a las 11 semanas el bebé crecerá hasta cinco veces más grande, podrá sonreír y fruncir el rostro, empieza a moverse hasta cincuenta veces en una hora. A las 13 semanas ya empieza a percibir vibraciones de sonido y siente seguridad con el latido del corazón de su madre. El milagro continúa y a los seis meses todo ya se ha formado y funciona cómo lo hará el resto de su vida.  

Cada segundo muchas vidas son concebidas en el mundo. Vidas que a Dios le interesan aun cuando la vida los ha maltratado como por ejemplo las viudas y los huérfanos, los que sufren de dolor y enfermedades, los perseguidos, los esclavizados y encarcelados, todos son preciosos a los ojos del Creador.

En el momento de escribir este artículo han sido masacrados por aborto 1,322 millones en el mundo desde el año 1980. Sólo en Estados Unidos se han abortado 57 millones 550 mil desde el 22 de enero de 1973. Puedes consultar el contador de abortos para corroborar. Es horrenda cosa ver ese contador que cambia sus dígitos como el segundero en un reloj que no para ni de día ni de noche y pensar que con cada cambio de número una vida cesa su existencia.

“—Te conocía aun antes de haberte formado en el vientre de tu madre; antes de que nacieras, te aparté”. Jeremías 1:5

“Me viste antes de que naciera. Cada día de mi vida estaba registrado en tu libro. Cada momento fue diseñado antes de que un solo día pasara”. Salmo 139:16 

Los hijos son un regalo del Señor; son una recompensa de su parte”. Salmo 127:3

Las consecuencias de asesinar vidas nos alcanzará, tarde o temprano. Hagamos todo lo que está de nuestra parte para salvar vidas y no para destruirlas. Escojamos reverenciar y respetar a la vida tal y como Dios la respeta. ¡DIGAMOS UN FUERTE Y RESONANTE NO AL ABORTO!