¡Anímate a derribar sistemas anti-bíblicos!

Ramon Arias | 7 de abril de 2014 

La evidencia demuestra la tremenda persecución que los de la fe cristiana están sufriendo en países donde son minoría ante la religión dominante de una nación o de sistemas en los que el humanismo secular es supremo. También es comprensible y evidente la marginalización y el gran deseo de eliminarlos puesto que amenaza esos sistemas de vida. Históricamente, los cristianos que son perseguidos, encarcelados, torturados y marginados han sabido triunfar a la larga hasta lograr el derrumbe de sistemas anti-bíblicos.

Lo que es incongruente y totalmente inaceptable es lo que estamos presenciando en las naciones occidentales que nacieron con una perspectiva bíblica y que ahora le han dado la espalda a esos cimientos. En Europa es aceptable que una persona se llame “cristiana” siempre y cuando no manifieste su fe en el sistema humanista secular que la Unión Europea ha determinado implementar. En otras palabras, un cristiano de puro nombre es aceptable porque se somete a la ley de los hombres. Sin embargo, todo cristiano que profesa un cristianismo bíblico encuentra oposición y marginaciones sociales.

¿Qué le sucedió al cristianismo bíblico en Europa? ¿Dónde quedó el fundamento de la Reforma del siglo XVI que trajo tan impresionante revolución cultural y científica? La contestación a esas preguntas se puede resumir en la advertencia que Pablo les hizo a los creyentes de Éfeso, “Sé que después de mi partida entrarán en medio de ustedes lobos feroces que procurarán acabar con el rebaño. Aun de entre ustedes mismos se levantarán algunos que enseñarán falsedades para arrastrar a los discípulos que los sigan. Así que estén alerta…” (Hechos 20:29-31). 

El cristianismo de la poderosa Reforma en Europa del siglo XVI ha desparecido. Su deterioro y casi exterminio no fue un ataque externo, sino dentro de la misma iglesia. Debemos prestar mucha atención a lo que está sucediendo hoy dentro de la iglesia y combatir todas las ideas opositoras a la perspectiva bíblica que provienen del humanismo secular, marxismo-leninismo y la Nueva Era o humanismo cósmico. Igualmente, debemos combatir incansablemente a los lobos vestidos de ovejas con sus falsas enseñanzas que han dejado incompetente a la iglesia. La mayor responsabilidad de este alejamiento de Dios cae directamente sobre los hombros de los mismos creyentes.

Cada vez que la iglesia diluye el mensaje de la Verdad Revelada por parte de Dios, se les deja el camino libre a otras ideas que dominarán la vida del ser humano pero finalmente traerán miseria. La neutralidad y el silencio son algo que no debemos siquiera contemplar. Lo que Pablo le dijo a los de Éfeso es válido para nosotros: “No tengan nada que ver con las obras infructuosas de la oscuridad, sino más bien denúncienlas” (Efesios 5.11).

Cada uno de nosotros debe decidir qué aceptación es más importante, si la de la familia, la de los compañeros de trabajo, la de los compañeros de escuela, la de los miembros de la iglesia, la de la denominación, la de la sociedad o la de Dios. Para escoger sabiamente sólo necesitamos contestar con quién y dónde queremos pasar la eternidad.

Son pocas las personas que tienen que confrontar a un lobo para defender su vida o rescatar a un animal de su rebaño. Pablo no estaba refiriéndose a un animal cuadrúpedo, sino a las características voraces de quienes aprovechan la debilidad, la ignorancia, la apatía o la rebelión de los hijos de Dios. También hace referencia a aquellos que enseñan falsedades como si fueran verdades de Dios. Habla de lobos y falsos maestros que en nuestros tiempos pueden llevar el título de “Reverendo”, o “Reverendísimo”, “pastor”, “sacerdote”, “cardenal” o “Papa”. Así tenga doctorados o maestrías en teología y en sus diversas ramas o cualquier otro título que indique superioridad sobre los cristianos; ningún humano o ser angelical está sobre la Palabra de Dios, nadie, ni el que escribe aquí.

Jesús advirtió que nos cuidáramos de quienes se visten con piel de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. También nos ordenó que juzgáramos al árbol por su fruto. No te dejes impresionar por aquellos que a su conveniencia hacen mal uso de la afirmación que Jesús dijo: “no juzguen por las apariencias; juzguen con justicia” (Juan 7:24).

Dios espera que nosotros juzguemos con justicia, nos toca desarrollar la habilidad de identificar desde la perspectiva bíblica el contenido de lo que escuchamos, estudiamos o de lo que leemos de la Palabra de Dios sin dejarnos impresionar por quienes se llaman expertos en la Biblia. “Queridos hermanos, no crean a cualquiera que pretenda estar inspirado por el Espíritu, sino sométanlo a prueba para ver si es de Dios, porque han salido por el mundo muchos falsos profetas” (1 Juan 4:1).

Es imperativo ser estudiantes disciplinados de toda la Palabra de Dios para defendernos y defender a otros de ser devorados por los lobos vestidos de ovejas y por las falsas enseñanzas que predominan en la iglesia. Este tipo de acción es requerido si queremos escuchar esas palabras deseadas cuando estemos ante la presencia del Señor: “buen siervo y fiel entra en el gozo de tu Señor” (Mateo 25:21).