Hay que recordar las lecciones del 11 de septiembre de 2001

Ramon Arias | 11 de septiembre de 2012

Se avecina el aniversario de los acontecimientos de los ataques que conmovieron a la nación y al mundo. Las ceremonias conmemorativas tendrán asistencias significativas en los cientos de personas. En un evento que participamos el año pasado, el orador Fred Coyle, Comisionado del Condado Collier, del Cuarto Distrito del Estado de Florida, me sorprendió de manera muy agradable con el tema que tocó y el enfoque que le dio.

Poco después del ataque de los islámicos a las torres gemelas, el pentágono y la acción valerosa de los pasajeros del vuelo 93, quienes impidieron que los secuestradores del avión lograran su objetivo, di una serie de conferencias en México. En estas conferencias señalaba que estos actos que el mundo ha llamado de terrorismo no eran sino una declaración de guerra por parte del islam que desea dominar al mundo. El islam es una religión, así como una filosofía e ideología que tiene en mente establecer sus ideas en todas las naciones. Consideré importante compartir con ustedes en su texto completo lo que el Comisionado Fred Coyle nos compartió y, con su permiso, reimprimimos.

9/11…AÑOS DESPUÉS

Fred Coyle, Comisionado del Condado de Collier, Distrito 4 (Florida)

Han pasado años desde que se llevó a cabo el ataque más mortífero, en la Historia, contra Estados Unidos. La muerte de casi 3,000 personas nos despertó de un adormecimiento que nos hizo ignorar los ataques anteriores, durante 22 años.

Durante ese periodo, los musulmanes extremistas atacaron a ciudadanos y los intereses norteamericanos aproximadamente una vez cada 15 meses. Años de intimidación y ajustes por parte de nuestro gobierno llevaron a que se incrementarán de manera frecuente los violentos ataques en contra de los intereses norteamericanos. Después de la indignación de los ataques del 9/11 nuestra respuesta fue forzada y a tiempo. La organización y planificación de nuestros enemigos fueron severamente degradadas. A pesar de varios intentos, en años no ha habido un ataque con éxito en nuestro territorio.

¿Por qué? Tal vez podamos aprender algo del jefe del Hezbolá, Hassan Nasrallah, quien declaró que no habría ordenado el secuestro de dos soldados israelitas si hubiera sabido que Israel reaccionaría con tanta fuerza.

Por un tiempo hemos tenido seguridad, pero todos los que están familiarizados con la naturaleza de nuestros enemigos están de acuerdo en que otro ataque es inevitable.

Consideremos lo que está sucediendo en el resto del mundo. Los musulmanes extremistas son responsables de 5,700 ataques mortales, desde el 9/11, dejando miles de muertos y heridos. 

En el Medio Oriente, Irán está desarrollando un programa de armas atómicas mientras confiesan que su objetivo es eliminar a Israel.

En la India, los musulmanes están atacando a los hindúes. En Tailandia, los musulmanes están asesinando a los budistas. En Bali, una comunidad hindú en Indonesia, bombardeos de los musulmanes extremistas han matado a cientos de personas. En las Filipinas, los musulmanes están matando a católicos y bombardeando iglesias católicas. Recientemente en Indonesia, hombres musulmanes armados con machetes se escondieron en el camino y machetearon a muerte a tres jovencitas que caminaban de la escuela a sus hogares. ¿Por qué? Porque eran cristianas y algún día podrían dar a luz a niños cristianos.

¿De verdad estamos luchando en contra de los terroristas o este conflicto es mucho más complejo? Para encontrar las respuestas, debemos regresar el tiempo.

Hace más de 1,000 años, la influencia musulmana se extendía desde España, a través del norte de África y parte de Europa hasta el Medio Oriente y para 1400 d.C. se habían extendido a través del continente de Asia hasta Indonesia y las Filipinas. Mucha de esta área fue un imperio musulmán gobernado por un Califa que, en un desplante de ira, ordenó la destrucción de la iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén, uno de los sitios más importantes para el cristianismo. Esto y las siguientes persecuciones de cristianos hicieron que Francia, Italia y Gran Bretaña lanzaran una serie de campañas militares (las Cruzadas) que finalmente llevaron a la derrota del imperio musulmán. 

Los fanáticos musulmanes, en su mente, como cápsulas de tiempo, perseveraron en el dogma medieval musulmán y quieren restablecer su imperio. Osama Bin Laden dijo: “el califato iniciará desde Afganistán”, de ahí la creación de Al-Qaeda que significa “la base”. El esfuerzo tenía que ser apoyado por el Talibán (estudiantes del islam). Pero éstos no sólo eran estudiantes del islam, eran estudiantes de una forma rígida de islam llamado Wahabismo, que se enseña en las escuelas a través de Medio Oriente, Europa y aun en los Estados Unidos. Estas escuelas se enfocan más en el odio y en el asesinato de infieles que en estudios de seminario. Son las bases de entrenamiento para los fanáticos musulmanes y para los clérigos radicales con los que nos confrontamos en la actualidad.

El 23 de febrero de 1998, el Frente Mundial Islámico emitió un Fatwa ordenándole a los musulmanes que “mataran a los americanos y sus --aliados civiles y militares—en cualquier país que sea posible” y “saquearlos (de su dinero) donde y cuando lo encontraran”.

No estamos involucrados en una “guerra contra el terrorismo”. Estamos involucrados en una guerra santa a nivel mundial en contra de los fanáticos musulmanes, cuyo objetivo es erradicar la civilización occidental y crear un nuevo imperio musulmán.

Por un corto tiempo después del terrible ataque del 9/11, como estadounidenses estuvimos unidos, seguros de lo que debíamos hacer, firmes en nuestro compromiso de derrotar a aquellos que amenazan a nuestra patria. Ahora nuestra determinación se está derrumbando. Una vez más estamos fragmentados, discutiendo entre nosotros, inquietados acerca de lo que pudimos haber hecho mal.

Les estamos haciendo un daño a quienes recordamos. Los pasajeros del vuelo 93 no demoraron. Al costo de su propia vida, actuaron para salvar la vida de otros que pudieron haber sido el objetivo de ese avión secuestrado. Los oficiales de policía, bomberos y personal del EMS no titubearon en marchar hacia los edificios incendiados del World Trade Center para ayudar a salvar vidas y, después del colapso de las torres, los rescatistas se reunieron para buscar sobrevivientes en medio de la destrucción. Éste es el espíritu de generosidad y de cooperación que le dio la grandeza a nuestra nación. No había republicanos, demócratas, liberales o conservadores posicionándose por alguna ganancia política. Sólo había estadounidenses. Sería mucho más fácil pelear la guerra si tuviéramos la misma unidad en el Congreso.

Hay algunas verdades sobre la guerra que debemos aceptar. De lo contrario, nuestra nación jamás logrará la victoria.

1. Las guerras no pueden hacerse con gentileza.
2. No existe una estrategia perfecta.
3. El conocimiento acerca de las intenciones de nuestro enemigo rara vez es completamente acertado.
4. Las decisiones en el campo de batalla no pueden ajustarse a las normas de un procedimiento legal.

Han pasado años y nuestros líderes políticos se siguen peleando por estos temas. ¿Cuántos norteamericanos más deben morir para que reconozcamos la verdadera naturaleza de este conflicto?

¿Cuántos ataques más en contra de nuestro país deben ocurrir mientras las agencias de gobierno fallan cuando no comparten ni analizan evidencia importante?

¿Cuántos musulmanes extremistas más deben entrar a nuestro país para que tomemos en serio la necesidad de proteger nuestras fronteras?

¿Cuántas veces los Estados Unidos “huirán” antes de que comprendamos que la victoria es nuestra única opción? Nuestro historial de dejar de hacer algo cuando la situación se pone difícil le ha hecho creer a otros que no tenemos la voluntad para ganar. Esta mala interpretación nos ha hecho la burla de nuestros enemigos y elimina el apoyo de nuestros aliados tradicionales. Todos respetan a los ganadores, pero nadie se quiere asociar con un perdedor.

Es tiempo de que la gente norteamericana exija acción de nuestro gobierno:

1. Protejan nuestras fronteras – ¡¡¡AHORA!!!
2. Arreglen nuestro sistema de inmigración.
3. Requieran que las agencias de inteligencia y seguridad pública compartan la información.
4. Prohíban las escuelas y mezquitas radicales musulmanas.
5. Reconozcan la seriedad de la naturaleza de esta Guerra Santa y actúen de todas las maneras posibles, incluyendo ataques repentinos, para lograr la victoria. No debe haber santuarios para nuestros enemigos.

Los horrores que hemos visto nos deberían llenar con la resolución de exigir victoria sobre la maldad que amenazan nuestra libertad. Muchos han caído en esta guerra. No debemos permitir que su sacrificio sea en vano. La valentía de ellos debería servirnos como una inspiración para todos nosotros. Debemos atesorar su memoria y ser agradecidos por estos estadounidenses valientes que defendieron nuestra gran nación. 

¡Debemos recordar… siempre… porque ellos no morirán mientras no sean olvidados!