La humanidad necesita desesperadamente una nueva visión

Ramon Arias | 12 de agosto de 2013

Conforme vemos la panorámica del mundo, difícilmente se podría decir que, como humanidad, avanzamos en la dirección correcta. Al contrario, es obvio que, día tras día, la humanidad incrementa su destrucción.

Esta destrucción es el resultado de las diversas perspectivas de las creencias que tienen las personas, por ejemplo: somos testigos de cómo una fuerte corriente del islamismo que, por sus propias declaraciones, está determinado a islamizar al mundo.

China comunista cada vez desempeña un papel más importante en el escenario del mundo. Somos testigos de cómo el gobierno chino hace alianzas con diversas naciones y con el capital y la tecnología que va adquiriendo está construyendo un ejército poderoso, ¿qué intenciones tienen?

Recordemos que el ateísmo es una religión que, aunque demostró ser inefectiva, hay quienes todavía se aferran a decir que es la solución para el mundo y quieren implementarla.

Por otro lado, tenemos el resurgimiento de la perspectiva del socialismo en Latinoamérica y en otros continentes, aunque el socialismo históricamente ha demostrado su fracaso, estamos presenciando su resurrección.

Luego tenemos la perspectiva actual del mundo occidental que ha inundado al mundo con toda clase de perversión moral y que está alcanzando un grado de asfixia social.

Al panorama actual del mundo tenemos que agregarle la influencia de todo tipo de religión y el enorme interés por el ocultismo que va aumentando en las personas.

No podemos pasar por alto la tremenda influencia del liberalismo dentro de la Iglesia y la inefectividad de la mayor parte del cristianismo por la enorme confusión doctrinal en la que vive, por ignorar, o resistir, la totalidad de las Escrituras, a pesar de que la advertencia que Jesús hizo en contra de aquellos que rechazan los absolutos de Dios como la autoridad final: “Ustedes han desechado los mandamientos divinos y se aferran a las tradiciones humanas. Y añadió: ¡Qué buena manera tienen ustedes de dejar a un lado los mandamientos de Dios para mantener sus propias tradiciones!” (Marcos 7:8-9).

La humanidad entera busca desesperadamente una visión, no del fin del mundo, sino de aquello que le dé un fundamento sólido sobre el cual edificar su vida.

De todas las principales perspectivas que dominan las ideas de la humanidad, como el humanismo secular, el marxismo-leninismo, el humanismo cósmico, o Nueva Era, la única que es la correcta es la perspectiva bíblica, es la única que le da garantía a las naciones de verdadera libertad y progreso. La ética bíblica es la única que define lo que verdaderamente es correcto e incorrecto. La única que nos puede decir cómo tomar decisiones en nuestra vida personal. Es la que define qué es y cómo desarrollar con efectividad las relaciones en la familia, en el trabajo y qué leyes son verdaderamente justas para toda la sociedad.

La ética bíblica también es la que le da normatividad a la justicia civil, aunque muchos cristianos no lo creen así, no por eso deja de ser una verdad absoluta. Muchos cristianos tienen terror de sólo pensar que la ética bíblica tiene que dominar a la política. Ese terror es resultado, tanto de la confusión y de la inconsistencia, como del desconocimiento y aceptación de que la política, sin el fundamento bíblico, no es una política que pueda producir resultados satisfactorios.

El cristianismo, así como el mundo, necesita una visión clara de la importancia de la Biblia para la implementación de la justicia civil. La situación por la que atraviesa la humanidad es una clara evidencia de que ya no podemos, ni debemos, seguir usando a la razón como la fuente principal para la interpretación de la vida, ¿por qué no? por la sencilla razón de que el pecado afecta mentalmente nuestra capacidad de discernimiento. Tampoco debemos considerar que la decisión de las mayorías sea la correcta y esté fundamentada en una sabiduría aceptable si no proviene de Dios. La ética de Dios es lo único que puede verificar que las decisiones no estén basadas en intereses personales producto del egoísmo.

Tampoco le podemos dejar las decisiones a los “expertos” en las diversas esferas del desarrollo humano, ya que está comprobado que los “expertos” son los que, en la mayoría de las situaciones, nos han metido en tantos problemas por la sencilla razón de que el pecado es parte de su vida y de su interpretación de todo asunto. Insisto en que la única manera en que podemos tener una política sana es obedeciendo la Palabra de Dios.

Qué dice Dios y qué decimos nosotros pueden ser dos cosas totalmente opuestas y por esta razón debemos verificar constantemente lo que dice la Biblia en cualquier asunto que requiera solución. Una vez que la Biblia nos revela la acción que debemos tomar para resolver la problemática que se confronta, tendremos que tomar una decisión de obedecer o de no obedecer lo que Dios dice y de esta decisión dependerán los resultados.

Toda la Biblia, lo que llamamos Antiguo Testamento y lo que llamamos Nuevo Testamento, nos da una amplia perspectiva del carácter de Dios y de Su voluntad para todas las áreas del desarrollo humano. El apóstol Pablo, al referirse a los escritos del Antiguo Testamento, dijo lo siguiente: “Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16-17).  La totalidad de la Biblia es lo único que revela cómo podemos desarrollar las buenas obras.

Una visión para el desarrollo social y político de la vida que no incluya o busque una neutralidad de la influencia de Dios tiene garantizado el fracaso. Todos los mandamientos de Dios son los que dirigen a la humanidad para que salga del pantano en el que se encuentra. En la totalidad de la Biblia, todo hombre y toda mujer, de cualquier edad, en cualquier profesión, encuentra la sabiduría para tomar decisiones correctas, aunque un mundo grite oponiéndose, diciendo que se está equivocado, finalmente el buen fruto hablará por sí mismo. “Dichosos los que van por caminos perfectos, los que andan conforme a la ley del Señor” (Salmos 119:1).  Todo conocimiento, de quien provenga, creyentes o no creyentes, la Biblia tiene que ser la máxima autoridad para verificar lo bueno y perfecto de lo malo e imperfecto del conocimiento que se nos imparte.

O aceptamos la visión que Dios nos da por medio de la Biblia, o tendremos que sufrir las consecuencias de una continúa destrucción en sus diferentes manifestaciones, y con consecuencias inimaginables, hasta que surja una generación que le preste mayor atención y ponga en acción lo que Dios dice en Su Palabra.