La benevolencia equivocada desensibiliza a las personas

Ramon Arias | 24 de febrero de 2014

“Es lo que hay que hacer”, se oye bien decirlo, ¿no es así? La idea detrás de la afirmación aparentemente tiene sentido, sin embargo, es mucho más compleja de lo que parece. ¿Alguna vez has actuado sobre un principio sólo para descubrir por el resultado de tu decisión de que estabas equivocado(a) y tuviste que pagar las consecuencias, y luego volviste a repetirlo una y otra vez? No estás solo(a), miles de millones de personas repiten este mismo proceso día a día a pesar de que los resultados son más que evidentes.

Durante seis mil años, la humanidad ha concebido ideas que ofrecen tranquilidad para actuar sobre ellas porque “es lo que hay que hacer.” Ellos usan su recién descubierta lógica y el sentido común, olvidando que otros ya han viajado por ese camino y fracasaron miserablemente y eso trajo destrucción y sufrimiento, pero en sus mentes iluminadas piensan que a ellos no les va a pasar lo mismo. ¿Por qué no? Porque se consideran demasiado inteligente, y su fórmula para la remodelación de la sociedad tendrá éxito si no en su tiempo, entonces a través de sus discípulos. Una vez que esas ideas equivocadas florecen en una sociedad, esa generación se ve a sí misma como superior a otros, es decir, hasta que el tiempo les demuestra que están equivocados.

Cuando los individuos no utilizan hechos verdaderos, sólo la manipulación de los sentimientos de las personas, la opinión parece ser “si se siente bien hazlo”. Esto siempre va a adormecer las mentes hasta el punto de perder el valor del pensamiento crítico y en el proceso se aceptan las perspectivas del mundo que han sido comprobadas que son destructivas.

Durante varias décadas, he estudiado el patrón histórico de la ideología de “Es lo que hay que hacer” y sus consecuencias, cuando se hace bien y cuando se aplica equivocadamente. Sin retroceder muy lejos en la historia, basta con considerar el legado que algunos hombres de los siglos 19 y 20 dieron al mundo a través de su versión destructiva de “Es lo que hay que hacer”.  En 1990 Moody Press publicó un libro escrito por Dave Breese titulado, Seven Men Who Rule the World from the Grave (Siete hombres que gobiernan el mundo desde la tumba). Breese analiza la influencia que Darwin, Marx, Wellhausen, Freud, Dewey, Keynes y Kierkegaard han tenido en nuestra época, que es atroz. Estos hombres construyeron sobre las ideas de los pensadores del pasado y muchos han hecho lo mismo desde entonces. Mucho antes de que yo me enterara del libro de Breese, mi interés por la influencia de estos siete hombres, y otros hombres y mujeres de la historia con algún grado de impacto en la humanidad, fue la formación cristiana que todos tenían en común.

¿Cómo es que se infectaron sus mentes con ideas contrarias a la verdad revelada de Dios que libera a la gente de la esclavitud del pecado y de las ideas filosóficas del mal? No es nada diferente de lo que le ha ocurrido a la inmensa mayoría de nuestros jóvenes y adultos cuando se ven expuestos a las enseñanzas contradictorias en la iglesia y se sienten perplejos y vacíos. Esto los lleva a abrazar la religión vacía del hombre donde se convierten en dioses con el poder de determinar lo que es bueno y lo que es malo.

Fredrik Nietzsche (1844-1890), declaró “la muerte de Dios”, en especial previó el final del cristianismo. Estaba seguro de que sin Dios, la idea de los absolutos moriría y la gente tendría que aceptar su punto de vista del bien y del mal. Como se puede esperar, sus escritos cautivaron abrumadoramente a la cultura alemana “cristiana”. La Primera y la Segunda Guerras Mundiales fueron su legado a un pueblo alemán que se insensibilizó a las ideas equivocadas de lo que es bueno y malo.

Ser llamado pueblo de Dios pierde sentido cuando se aceptan ideas extrañas que ciegan su conocimiento en contra de Aquel que es el dador de la vida y todo lo que es bueno y perfecto. A lo largo de la Biblia, Dios trata con severidad a aquellos que pervierten Su camino. Si creemos que Dios no ha cambiado y es el mismo en todo momento, que es una evaluación correcta, entonces prestemos mucha atención a lo que Él dijo acerca de la rebelión de Israel por ir en contra de Su verdad revelada y comparémosla con la nuestra:

“Escuchen, israelitas, la palabra del Señor, porque el Señor va a entrar en juicio contra los habitantes del país: Ya no hay entre mi pueblo fidelidad ni amor, ni conocimiento de Dios. Cunden, más bien, el perjurio y la mentira. Abundan el robo, el adulterio y el asesinato. ¡Un homicidio sigue a otro!

“Por tanto, se resecará la tierra, y desfallecerán todos sus habitantes. ¡Morirán las bestias del campo, las aves del cielo y los peces del mar!

“¡Que nadie acuse ni reprenda a nadie! ¡Tu pueblo parece acusar al sacerdote! Tropiezas de día y de noche, y los profetas tropiezan contigo; tu madre dejará de existir, pues por falta de conocimiento mi pueblo ha sido destruido. Puesto que rechazaste el conocimiento, yo también te rechazo como mi sacerdote. Ya que te olvidaste de la ley de tu Dios, yo también me olvidaré de tus hijos.

“Mientras más aumentaban los sacerdotes, más pecaban contra mí; cambiaron a quien es su gloria en algo deshonroso.

“El pecado de mi pueblo es su comida; se regodean en su perversidad. ¡De tal pueblo, tal sacerdote! ¡Por eso les pediré cuentas de su conducta y les daré la paga de sus acciones! Comerán, pero no quedarán satisfechos; se prostituirán, pero no se saciarán; porque han abandonado al Señor para entregarse a la prostitución y al vino, ¡al mosto que hace perder la razón!

“Mi pueblo consulta a su ídolo de madera, y ese pedazo de palo le responde; su tendencia a prostituirse los descarría; se prostituyen en abierto desafío a su Dios” (Oseas 4:1-12).

La gente ignorante, apática o rebelde hacia la ética de Dios nunca será capaz de discernir si algo es la perspectiva correcta o no cuando escuchan las palabras “Es lo que hay que hacer”. Proclamadores de la buena voluntad equivocada han insensibilizado a la sociedad por todos los ángulos. Lejos de contribuir al bien de todos hacen lo contrario. Esta es la razón por la que George Washington en su discurso de despedida de 1796 dijo: 

“Pero que no haya ningún cambio por usurpación, porque aunque en este caso puede ser el instrumento del bien, es el arma habitual por el cual los gobiernos libres son destruidos. El precedente siempre debe sobrepasar el equilibrio en gran medida del mal permanente que cualquier beneficio parcial o transitorio que el uso puede rendir en cualquier momento”.

¿Cómo podemos discernir correctamente y evitar cometer errores históricos costosos? Pablo, escribiéndoles a los cristianos en Roma, que no estaban dispuestos a aceptar el engaño y estaban decididos a pagar cualquier precio requerido para conservar la libertad que encontraron en Cristo, dijo:

“Por tanto, hermanos míos, les ruego por la misericordia de Dios que se presenten ustedes mismos como ofrenda viva, santa y agradable a Dios. Éste es el verdadero culto que deben ofrecer. No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto” (Romanos 12:1-2).

Un compromiso inquebrantable de estar en pacto con Dios es la única acción aceptada por nuestro Padre celestial amoroso. Una persona de pacto recibirá las instrucciones del Espíritu Santo en todos los ámbitos de la vida para probar la fuente de todas las ideas. La palabra revelada de Dios se convierte en el pan de cada día para alimentar  nuestro entendimiento, dándonos nutrición para renovar nuestras mentes y ser capaces de diferenciar lo bueno, agradable y la perfecta voluntad conforme a la definición de Dios. Vivir esta realidad hará que sea más difícil caer como presa de los depredadores culturales donde quiera que estos se encuentren.

No nos cansemos de orar diariamente por la Reforma Bíblica. Los Estados Unidos y el mundo necesitan desesperadamente y esperan el liderazgo de los justos de Dios en todas las áreas de la vida.